¡Pobre pueblo de Dios!
Quizá no exista otro concepto religioso en nuestra tradición cristiana que se haya prestado al desconcierto, al abuso y a la manipulación como el de la justicia de Dios, magníficamente manifestado en Mateo 6, 33.

Domingo 23 de Octubre de 2011

Quizá no exista otro concepto religioso en nuestra tradición cristiana que se haya prestado al desconcierto, al abuso y a la manipulación como el de la justicia de Dios, magníficamente manifestado en Mateo 6, 33. Esta justicia nos obliga a la colaboración y al empeño personal y colectivo de sus seguidores con su plan salvador. No parece que de esto estén enterados en una institución educativa católica que despidió, a través de su representante legal, a su director, un profesional del derecho muy comprometido con el Evangelio de la Vida, con mucho consenso y con algo que hoy por hoy no es poco, sentido común. No quiero pensar que las causas del despido hayan sido estas últimas. La justicia se opone a dos actitudes bastantes difundidas en nuestra sociedad. En primer lugar, la indiferencia entendida como insensibilidad, rigidez de mente y falta de corazón. En segundo lugar, el egocentrismo y desinterés por los demás.