Miércoles 08 de Mayo de 2013
No es la primera vez que las crónicas policiales dan cuenta de un homicidio seguido del descuartizamiento del cadáver. Los casos más resonantes de los últimos años fueron:
- El 12 de marzo de 2002 el quintero Hildo Riberi encontró el cráneo y dos brazos de una mujer en una bolsa oculta en unos matorrales, cerca del cruce de Uriburu y Circunvalación. El mismo día la policía halló cerca de allí más huesos y ropas gracias a un llamado anónimo. Las pericias indicaron que el cuerpo había sido trozado con un serrucho pero nada pudieron decir sobre la identidad de la víctima, al menos no se registró en los archivos periodísticos.
- Adolfo Osvaldo Godoy tenía 42 años cuando el 3 de agosto de 2003 fue asesinado de tres disparos por su concubina, María del Carmen Rombola, de 44, con quien vivía en una casa de Lavalle al 1700 de Funes. Tras ello la mujer buscó la complicidad del albañil Andrés Daniel Picotto, con quien seccionó el cuerpo en 19 pedazos y lo enterró bajo una carpeta de cemento en una huerta comunitaria de Monteflores al 7200, en la zona oeste de Rosario, donde la policía lo halló cuatro días después. Tiempo después Rombola fue condenada a 12 años de cárcel y su cómplice penado a tres años de prisión en suspenso.
- El 8 de mayo de 2005, en un basural del barrio Puente Gallegos, apareció el cuerpo descuartizado de José Luis González, un indigente de 60 años que residía en una precaria casilla de esa zona. Según la investigación, la muerte del hombre fue el resultado de una pelea entre varios hombres después de compartir varias horas de cartas y vino que desembocaron en la fatal discusión. Una semana después del hallazgo del cuerpo la policía apresó a ocho acusados, de los cuales uno confesó haber sido el autor del trágico suceso y la segmentación del cadáver: se trata de Roberto Pereyra, quien tenía entonces 42 años.