Lunes 24 de Octubre de 2011
Con el transcurso de los años, los helicópteros se han convertido en vehículos seguros y potencialmente creativos en razón del espectro ilimitado de operaciones que pueden realizar, destacándose sus prestaciones sanitarias. Actúan en tiempos y espacios reducidos, bajo condiciones climáticas adversas, asistiendo, entre otros, a víctimas de accidentes de tránsito ocurridos en ciudades densamente pobladas, autopistas o puentes alejados, trasladándolas al lugar más adecuado al caso. En nuestro país, varias provincias cuentan con unidades medicalizadas propias. Buenos Aires, recientemente sumó a su flota un modelo EC-145 de varios millones de euros. Santa Fe, si bien se destaca por destinar gran parte de su presupuesto al área salud, cuenta con un sólo helicóptero (monoturbina) propio, operativo y multipropósito, que indudablemente no alcanza para dar cobertura a las cinco regiones en caso de emergencias simultáneas, y mucho menos en los períodos en que se encuentre en mantenimiento. Seguramente existen gestiones y otras prioridades, pero quizás sea el momento oportuno para profundizar un plan estratégico de altura.
Gustavo Seisas