Jueves 18 de Abril de 2013
La noche del sábado enciende motores por toda la ciudad, pero esa cuadra parece que se acuesta temprano. Son casi las diez y un aire templadito de abril acaricia el vacío de la Plaza Sarmiento, que se calma frente a una vereda llena de carteles en penumbra y persianas estiradas. Lo que se amontona en el día en una frenética romería, descansa por la noche entre el silencio de los restos de plástico, cartón y nylon sobre las baldosas de San Luis y Corrientes.
A plena luz del día puede verse la joya perdida. A contramano de ese paisaje multicolor de mercado persa, se levanta la Casa Fracassi, un palacio neocolonial que pasa desapercibido entre las ofertas estridentes, los apuros cotidianos y las casi 20 líneas de colectivos que circulan a su alrededor.
Fue construida por el ingeniero Angel Guido en la década de 1920 para Teodoro Fracassi, un prestigioso neurólogo que era el decano de la Facultad de Medicina en aquel tiempo. En uno de los salones, Alfredo Guido, hermano de Angel, pintó un enorme mural que hoy se revisa como eslabón perdido del fenómeno muralista de los años 20, y que la escritora Beatriz Vignoli definió como "psicodélico".
En plena noche de sábado, nos invitan a recorrer la mansión de una forma muy particular. Desde el oscuro ascensor empiezan a despuntar los primeros aires de misterio. Laberintos, mosaicos como tablero de ajedrez y un caserón que empieza a mostrar todos sus rincones como piezas de museo, como una verdadera reliquia del arte neocolonial. Si conocer ese palacio majestuoso a través de los detalles de los objetos, de la magia de los muebles, haciendo de la antigua elegancia de su arquitectura un festival para la vista, la intervención de los cuerpos en ese espacio aporta un extrañamiento encantador.
"La oruga y las afecciones de la memoria" es una performance de ocho bailarines que se activa cada sábado a las 22. Esa invasión espectral que va tomando la casa propone una cartografía viva del espacio, creando una atmósfera en cada habitación. Sería en vano cualquier intento por decodificar algún sentido unívoco en esos cuerpos que flotan, que rozan, giran, se esconden y aparecen para espiarnos detrás de las rejas.
La oruga es un animal que en determinado momento de su vida debe pasar por un proceso de metamorfosis para convertirse en mariposa. Lo que nos preguntamos es si la mariposa recuerda su vida como oruga. Para el ser humano el olvido es una condición para poder seguir adelante, no recordamos todo durante todo el tiempo. Las artes escénicas responden así de la misma manera, más llena de olvidos que de recuerdos.
Lo que importa son las imágenes y el trance sensorial que proponen sin detenerse por una hora en un espacio que se convierte en cápsula del tiempo. La experiencia es una buena sacudida como paseo en la previa del sábado. Las bailarinas son Luciana De Pauli, Albertina Andrés, Laura Klatt, Marianela García de la Vega, Cecilia Colombero, Yanina Silva, Julia Carey y el bailarín es Maximiliano Orieta.
La música de Iván Brito condimenta el clima con algo de misterio y la dirección es de Virginia Tuttolomondo y Diego Stocco. Los que quieran recorrer la mansión con esta particular compañía deben reservar por correo a laorugaylasafecciones@gmail.com