George Harrison brilla diez años después de su muerte
Diez años después de la muerte de George Harrison, que se cumplen hoy, la reedición de su música y la mirada de uno de sus fans más ilustres, el cineasta Martin Scorsese, han liberado al Beatle más enigmático de la alargada...

Martes 29 de Noviembre de 2011

Diez años después de la muerte de George Harrison, que se cumplen hoy, la reedición de su música y la mirada de uno de sus fans más ilustres, el cineasta Martin Scorsese, han liberado al Beatle más enigmático de la alargada sombra de Lennon y McCartney.

Harrison falleció de cáncer a los 58 años el 29 de noviembre de 2001 en un hospital de Los Angeles. Su larga enfermedad le permitió cumplir su objetivo de preparar a conciencia "el momento en el que debía abandonar su cuerpo", dijo su viuda, la mexicana Olivia Trinidad Arias, en el documental recientemente estrenado por Scorsese, "Living in the Material World".

En 1965, mientras los Beatles rodaban con Richard Lester su segundo largometraje, "Help¡", Harrison conoció el sonido del sitar, el laúd indio de 18 cuerdas.

Tuvo ocasión de utilizarlo al poco tiempo en las sesiones del álbum "Rubber Soul", cuando buscaban un arreglo para "Norwegian Wood", una canción de John Lennon que no terminaba de despegar. Fue todo un hallazgo: con esos sonidos orientales, la música pop daba un salto hacia horizontes insospechados.

Harrison encontró en la música india un camino de afirmación artística, para hacerse un hueco entre los colosos Lennon y McCartney, y de búsqueda espiritual, en un momento en el que empezaba a sufrir los efectos de la asfixiante fama del grupo.

Fue guiado por Ravi Shankar, el gran maestro de la música india, quien le introdujo en las técnicas del sitar y en la meditación trascendental.

Scorsese lo muestra en su película como un catalizador artístico capaz de reunir a su alrededor en los años ochenta a Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne, en un quinteto de ensueño llamado Traveling Wilburys.

También ha emergido en estos últimos años su faceta de productor cinematográfico que financió los arriesgados proyectos de los Monty Phyton.

Nunca abandonó su pasión por la música, pero jamás se sintió tan a gusto en un escenario como el hiperactivo Paul McCartney. Sufrió el lado más oscuro de la fama cuando fue atacado con un cuchillo por un perturbado en su propia casa en 1999, casi veinte años después del asesinato de John Lennon. Sobrevivió, pero las heridas complicaron el cáncer de pulmón que padecía, y falleció dos años después, convencido, como decía en su canción, de que "todas las cosas deben pasar".