Lunes 30 de Noviembre de 2009
El ex juez penal de Rufino ahora absuelto, Carlos Fraticelli, sostuvo que la alcaidía de la
Unidad Regional VIII con cabecera en Melincué, donde estuvo detenido casi cinco años, fue durante
su período de confinamiento un muestrario de irregularidades alentadas por las autoridades
policiales y judiciales, que se producían en la mayor impunidad, a la vista de los detenidos.
Fraticelli dijo que cualquier preso que hubiera compartido su período de
detención en Melincué sabe que en mayo de 2002, en la Jefatura, su condena se festejó con una cena.
“El cocinero y mozo de esa cena fue Mario Rodríguez. Era un preso de Firmat condenado con
sentencia firme y definitiva desde 1997 por asesinar a su esposa de un tiro en la espalda para
quedarse con los bienes de ella. Era el confidente de los jefes policiales y pagaba para estar en
Melincué. Actuaba de secretario privado de los jefes y contestaba los radiogramas de noche. Tiene
un negocio de repuestos en Firmat que manejaba sin obstáculos desde Jefatura. ¿Cómo se prueba esto?
Interviniendo el teléfono de Jefatura y el propio teléfono celular de Rodríguez y cruzando
llamados”, sostuvo.
Fraticelli aseguró que el fiscal de Cámaras que ahora recurrirá su
absolución, Fernando Palmolelli, “se hacía lavar la ropa por las presas en la Jefatura. No
gastaba combustible porque la policía le daba vales de nafta que debían ser para las
patrullas”.
“Connivencia”. El ex magistrado penal rufinense subrayó que existía
una “relación oscura” entre personal judicial que actuó en su contra durante el trámite
condenatorio y la cúpula policíal del departamento General López. Mencionó en especial a Fernando
Vidal, el juez de Sentencia que le impuso prisión perpetua, y Gustavo García Méndez, uno de los
camaristas que avaló aquella pena. “¿Cómo viene la connivencia de Palmolelli, García Méndez y
Vidal? Porque todas las semanas se hacían cocinar opíparas cenas en la Jefatura. Vidal y Palmolelli
le pedían a Mario Rodríguez la comida del mediodía y le que comprara vino bueno. ¡Delante de todos
los presos!”, destacó Fraticelli.
“De mi paso por la cárcel en Melincué sólo me queda el
agradecimiento a los detenidos por el respeto que me dispensaron. Me tuvieron en una morgue sobre
un pozo ciego con un olor espantoso. A los guardias en un momento les prohibieron dirigirme la
palabra, lo viví con mucha angustia”, destacó.