"Es un acto de fe de dos tipos que no saben muy bien para dónde disparar"
El actor Luis Luque aseguró que, con humor e ironía, el filme "Pájaros volando" es una metáfora de los argentinos.

Sábado 31 de Julio de 2010

Luis Luque y Diego Capusotto volvieron a reunirse con el director Néstor Montalbano para rodar "Pájaros volando", que se estrenará el jueves en Rosario. El filme relata los planes de dos músicos porteños que se retiran a San Marcos Sierras, en Córdoba, donde pretenden hacer un "intercambio interestelar", según adelantó Luque a Escenario.

—¿Cómo surge esta segunda colaboración con el equipo de "Soy tu aventura" y el director Néstor Montalbano?

—Diego y yo somo amigos, nos encanta laburar juntos y era una propuesta bastante cercana a lo ideal. Era una decisión muy clara que iba a dejar lo que estuviera haciendo, sea éxito o no, para hacer esta peli. Y estoy muy contento. Es limpia y tiene todo el disparate, el absurdo y el humor corrosivo que tiene Montalbano.

—¿Cómo es tu personaje?

—Lo que le pasa a mi personaje, Miguel, es que era un músico que en Buenos Aires no le iba bien, era un reventado, que un día decide cambiar y se va a vivir ahí. Se enamora, fue abducido por los ovnis y cambia su nombre porque encarna en otro ser. Quiere hacer un intercambio interestelar y lo llama a su primo con el que antes tenían la banda Diente de Limón y un hit que se llamaba "Pájaros volando". Es un acto de fe de tipos que no saben muy bien para dónde disparar.

—¿Cuánto hay tuyo en el personaje de Miguel?

—Yo tuve una búsqueda espiritual muy grande. Esa cosa de fe sí la tengo con el personaje. Hay una cosa de niño pícaro y medio malcriado que tiene mucho que ver. Y después, la verdad que no tiene nada que ver. Todo lo demás es un border graciosamente peligroso, bipolar tremendo, muy divertido, pero muy riesgoso. Vive en un filo con el que no tengo nada que ver.

—¿Se puede interpretar lo que les pasa como una metáfora de los argentinos?

—Me parece que absolutamente. Nosotros seguimos creyendo que, por desgracia, necesitamos un papá y una mamá que nos salven y seguimos creyendo cualquiera. Nos dicen cualquiera. Creemos que nos van a salvar mágicamente. Somos así de absurdos, de ingenuos y también así de tiernos.

—¿Cómo se sale de eso?

—Hay un punto en el que vamos a tener que crecer porque si no vamos a estar detenidos en esta cosa adolescente esperando que nos salve alguien y la única manera de salvarse es uno. Y estudiar, trabajar, que haya una cultura del laburo, que haya educación, que no nos mate la soledad y la ignorancia.

—Pero la película lo cuenta desde el humor...

—Es una reflexión cagándote de risa. Eso me parece uno de los mejores lenguajes porque si además de reírte reflexionás y trabajás en modificar, es fantástico, en vez de quedarte encerrado, deprimido y diciendo que esto es inamovible. Yo no creo que nada sea inamovible. Creo que el humor es dinámico y me parece que Néstor en un tipo que plantea su cine desde ese lugar.

—Decías que sos amigo de Capusotto y compartís su estilo de humor. ¿Cómo lo definís?

—Me parece que es un bufón irónico, hablo en el mejor de los sentidos. Es un bufón, es un tipo que tiene un humor agrio, hasta sangriento. Y por el otro lado es un educador. Yo admiro mucho a Diego. Hace poco un taxista me dijo que algún día lo van a tener que reconocer como uno de los educadores de esta época.

—¿En qué sentido?

—Porque lo que está sucediendo en los medios es siniestro. Está todo basado en el juego de un culo y una teta de goma, y que aparezca un humor reflexivo, inteligente y que no te perdona, los pibes lo aman. Lo que hace es una manera de educar porque es todo el tiempo reflexivo. No es ningún boludo, no hace chistes pelotudos. Todo tiene una sustancia y un peso.

—¿Ese tipo de televisión desplazó a la ficción?

—Hay una televisión que a mi me da como asquito. El lugar donde está puesta la mujer. A mi no me gusta ese país ni esa gente, no creo que seamos así y no me vengan con que tiene 60 puntos de rating porque metés una buena ficción y le hacés un combate. Están todo el tiempo, en todos lados, y la verdad que a mi me da vergüenza ajena.

—¿Por eso te alejaste?

—En realidad estoy dedicándome más al cine y al teatro, por suerte. Este año hay varias propuestas para hacer tele. Además ahora arranco a filmar con Sorín “¿Dónde está el gato?” y voy a hacer la última obra de Carlos Gorostiza en el San Martín. A mi la tele me encanta. Yo defiendo la tele y creo que se puede crecer, el tema es la intención ideológica que tengas.

—¿Cómo vivís los saltos de registro de dramas como “Paco” a “Pájaros volando?

—Eso es parte de lo que me copa. Parece que gustaran los actores que hacen siempre lo mismo. Y a mi me aburre. Vas a ver lo que es el tipo... Engordé como un hijo de puta, estoy pelado. Y es divino, lo amás, pero era peligroso porque tiene que tener un verosímil para que este cuento aparentemente absurdo sea creíble. Y además cuando vi la película me gustó, cosa que en general no me pasa.

—Además en la película tienen un seleccionado de referentes del rock...

 —El tema final lo tocamos con Rodolfo García (ex Almendra) en batería; Ciro Fogliatta (ex Los Gatos) en teclados; Willy Quiroga (ex Vox Dei) en bajos; Héctor Starc (ex Aquelarre) en viola. Los temas son de David Lebón. Fue una cosa impresionante. Estábamos con Diego tocando y nos decíamos “loco, estamos tocando la gloria”.