Jueves 16 de Diciembre de 2021
Hace 50 años Luis Laurino vio un bosque donde sólo existía “un matorral”. Hoy, en ese espacio de 25 hectáreas ubicado en el corazón de Argentina, conviven más 10 mil árboles de 400 especies de árboles de diferentes partes del mundo. Ejemplares de China, España, Japón, Canadá, Brasil o Estamos Unidos se confunden con la flora y la fauna autóctona de las sierras cordobesas. Esa experiencia quedó registrada en “El señor de los árboles”, el documental que Agustina Toia y Severo Callaci estrenan este viernes, a las 20.30, en el cine El Cairo (Santa Fe 1120), con entrada libre y gratuita.
Toia y Callaci, dos reconocidos artistas de Rosario responsables de las obras “El ángel de la valija” y “Las Juanas, una herejía cósmica”, se internaron en ese arca verde para dejar registro del gesto a largo plazo de Laurino: traer semillas de sus viajes, hacerlas germinar, cuidar la vida incipiente de los pequeños brotes y poblar de vida su proyecto de museo vegetal al que llamó “La Tormentosa”. “El documental nos habla de las mutaciones de la tierra, de las edades de los árboles, de los órganos genitales, la polinización y las estrategias de algunas plantas para lograrla, la farmacopea y el origen vegetal de la mayoría de los medicamentos que se consumen en la actualidad, entre otras cosas, y nos recuerda cuánto tenemos que aprender de ellos, nuestros ancestros, uno de los seres más antiguos de la tierra”, afirmó Toia.
¿Cómo surge la idea de este primer proyecto a audiovisual?
Con Severo venimos trabajando juntos en la creación de teatro y cine desde el 2017. Durante el 2020 como compañía tuvimos una primera experiencia audiovisual juntos al llevar al cine la versión íntima de cine-teatro de “El ángel de la valija”. Desde que nos conocimos, Severo siempre me contaba de Luis Laurino, un tío que vivía inmerso en un bosque. En una colección de árboles de todo el mundo, un museo a cielo abierto en el corazón de nuestro país. Me contaba cuando de adolescente lo iba a visitar y pasaban largas charlas a la luz de una lámpara de kerosén. Sin electricidad, mientras se escuchaban los lamentos del urutaú. En esas charlas empezamos a madurar juntos la idea de poder retratar su historia, esa experiencia de vida tan particular, tan profunda en relación a la naturaleza.
¿Cómo fueron los primeros encuentros con Laurino y su experiencia?
Era fascinante. Nos hablaba de las mutaciones de la tierra, de las edades de los árboles, de los órganos genitales, la polinización, y las estrategias de algunas plantas para lograrla, la farmacopea y el origen vegetal de la mayoría de los medicamentos que se consumen en la actualidad, las plantas alucinógenas, el origen del veneno y las espinas como instrumentos de defensa, las leyendas e historias que hay detrás de algunos de ellos, la utilización como alimento o como instrumento sagrado, las leyendas de los pueblos originarios, el comportamiento de los árboles y la relación con sus depredadores, la comunicación entre ellos, la forma de reproducción y de viajar, desde la semilla hasta la resurrección porque cuando un árbol cae, vuelve a brotar de alguna parte. Nos hablaba de sus características como seres modulares, de los árboles autóctonos y extranjeros, del origen del color y sus fisonomías, de las diferentes formas de defensa y sobre vivencia. Por momentos Luis es un botánico, por momentos un poeta o un comediante. Un hombre de 83 años que nos encantaba con la frescura de un niño y la lucidez de un hombre que había vivido mucho y que ha vivido bien, intentándolo a diario. Con conciencia, perseverancia y libertad. Nos compartía su experiencia, recordándonos a cada paso, de cuánto tenemos nosotros los humanos para aprender de ellos, nuestros ancestros, uno de los seres más antiguos de la tierra.
¿Qué les llamó la atención de su proyecto?
En los tiempos que vivimos un proyecto de estas características tiene mucho valor. El documental nos habla y nos invita a reflexionar sobre lo profundo de la naturaleza y nuestra condición de seres humanos frente a ella, nos invita a sentirnos parte del ecosistema, a respetarlo y a cuidarlo. A convivir, como lo hacen los ellos, en paz y armonía. A cuidar esta casa común en la que estamos todos. Lo interesante del documental es que todo lo que él nos enseña y nos revela de los árboles bien podría traducirse para cualquier otra especie, incluso para la humana. Con una mirada universal y abierta, sin fronteras. La metáfora de la vida, de la muerte a través del vivir de ellos. Las migraciones de los árboles también, a nosotros que somos tan viajeros eso también nos enamoraba de sus relatos.
¿Cómo y por qué Laurino comenzó con esta especie de museo de árboles?
Era un sueño que él tenía desde siempre pero no encontraba el lugar ni el tiempo para poder hacerlo. Durante muchos años fue profesor de educación física para chicos ciegos, en ese trabajo inventó un entrenamiento especial para que ellos puedan orientarse mejor en el espacio. Esa experiencia lo llevó a recorrer muchas partes del mundo, y de esas partes del mundo no solo se traía nuevas ideas y hermosas aventuras, sino también semillas que fue germinando a lo largo del tiempo en “La Tormentosa”.
¿“La Tormentosa” funciona además como un espacio de educación, con visitas guiadas para estudiantes, curiosos o interesados en la naturaleza y la preservación?
El proyecto tiene más de 40 años durante los cuales Luis estuvo recibiendo mucha gente que llegaba de diferentes partes de Argentina y del mundo a conocer su arboreto, como él lo llama. Grupos de universitarios que iban a hacer sus tesis en biología, ciencias naturales, grupos de botánicos y antropólogos, colegios secundarios, con visitas guiadas por los diferentes parques y actividades recreativas también para los mas niños también.
Cuando los países desarrollados no se ponen de acuerdo en el control de las emisiones de gases contaminantes, el planeta ya está dando señales de agotamiento con el aumento de la temperatura y naciones insulares que se preparan para su desaparición bajo el mar, ¿qué incidencia real y simbólica tienen proyectos como el de Laurino?
La emoción de darnos cuenta. Con mucho amor y también con mucho humor el mensaje nos llega, por todos lados. La experiencia de esta película se suma profundamente a nuestra búsqueda como creadores, ya sea en el teatro, en el cine o en la escritura. Vivimos cada obra como una oportunidad para tirarle una onda concreta al mundo. La ecología es nuestra filosofía de vida, pero no solo en lo cotidiano, en el consumo, en lo botánico, sino que intentamos aplicarlo a nuestra vida y a nuestro oficio. Aprender a equilibrar nuestros recursos, nuestros pensamientos, nuestros movimientos como especie, buscando una ecología en el consumo y de la mente, buscando permanentemente un equilibrio que nos permita seguir teniendo lucidez y conciencia. Hoy estamos bajo la problemática de los humedales, el Amazonas cada vez es más pequeño. Luis dice “... si esto fuera como ciencia ficción, si ellos decidieran no mandar más oxígeno a la atmósfera, nos moriríamos todos; por más bomba atómica que tengamos, tienen que ser buenos para soportarnos como especie”.
¿Qué reflexión les transmitió Laurino sobre su proyecto?
Voy a citar sus palabras: “El problema va a ser el agua y la comida en los próximos tiempos que son dos cosas fundamentales que nos pueden dar ellos, y bueno, lo tenemos que decidir nosotros que nos creemos que somos los dueños del mundo y somos lo último que llegó, y lo peor para los otros que ya estaban viviendo”. En un momento hacia el final Luis reflexiona “Menos mal que a los dólares le dicen los verdes porque si no...”, dice entre risas Laurino. Y así pareciera que es lo único que interesa hoy en día. Por eso nos parece tan importante rescatar estas historias, porque son mágicas en el medio de tanto lío, son esperanzadoras en medio de esta locura digital y capitalista. Una experiencia de vida auténtica y pura. El habla mucho de la actualidad, pero vive proyectando, con 83 años y un parque repleto de seres vivos que pueden llegar a vivir hasta 3 mil.