Jueves 18 de Febrero de 2010
Lucas Priotti, el abogado del taxista Juan Carlos Navarro, debió recorrer un largo periplo para lograr la liberación de su cliente. A las 21 del martes llegó a la seccional 2ª para conocer la situación legal del chofer. A duras penas había entendido que su cliente había sido conducido a la comisaría por un accidente de tránsito menor. La respuesta del sumariante al letrado cuando le preguntó los motivos de la detención del taxista, según el chofer, no fue precisamente cordial. "Los abogados me tienen las pelotas llenas. Está incomunicado y tengo que averiguar si tiene antecedentes", le habrían escuchado decir al agente, a lo que Navarro agregó: "Mi defensor le respondió que no podía estar incomunicado por esa cuestión y tampoco por amenazas como habían caratulado el caso".
Ante esta situación anómala, Priotti acudió a los Tribunales. Cuando ya eran las diez de la noche, desde la Oficina de Orientacion de Tramites Judiciales, una guardia que funciona durante la noche, se comunicaron con la seccional para conocer cuál era la situación legal de Navarro.
Entonces, Priotti regresó nuevamente a la dependencia de Paraguay al 1100 para insistir en su reclamo. Recién después de dos horas pudo hablar con el chofer. Y en ese momento, el trabajador le relató los tormentos que había padecido. Tras escuchar esa versión, el letrado acudió nuevamente a los Tribunales para denunciar los apremios ilegales que había sufrido su cliente. Ya eran cerca de la 1.30 cuando la jueza de Instrucción Nº5 María Luisa Pérez Vara fue informada del suceso. Media hora después, la magistrada acompañada por el secretario del tribunal, Oscar Trueno, y agentes de la Dirección de Asuntos Internos arribaron a la comisaría 2ª.
Apenas llegó, la jueza dispuso que Navarro fuera examinado por un médico forense. El profesional constató lesiones en los brazos, un hematoma en la pierna izquierda y marcas en el pie izquierdo. "A raíz de los golpes perdió la corona de un diente", explicó Priotti. La denuncia por amenazas quedó desestimada, según resumió el letrado.