El padre de Di María y la familia Garay contaron cómo fue la partida desde Brasil
Son como cualquier hijo de vecino que vuelve de un viaje. Las caras de cansados los delata, dicen que no daban más de las ganas de llegar "a casa", que cargaron con bolsos y valijas llenos de ropa sucia...

Miércoles 16 de Julio de 2014

Son como cualquier hijo de vecino que vuelve de un viaje. Las caras de cansados los delata, dicen que no daban más de las ganas de llegar "a casa", que cargaron con bolsos y valijas llenos de ropa sucia y pensaron que no tendrían nada en la heladera al llegar. Así, como familias comunes que son, volvieron los Di María y los Garay a estos pagos. Anclaron en La Florida los padres y hermanas de Angel (a quien en familia llaman Angelito o Cascote), y en Baigorria los padres y hermanitos de Ezequiel (el Negro, puertas adentro). Se trata del 7 y del 2 del seleccionado argentino, dos de los subcampeones de la Copa del Mundo 2014. El orgullo de la casa .

Ovación dialogó ayer con los familiares. Habían visto a sus hijos por última vez en la cancha durante la final que perdieron contra Alemania, en Brasil. Angel está recluido en la ciudad con su hijita Mía y su esposa Jorgelina Cardoso, pero ya le pidió a su papá un asado. "Y le voy a cumplir: yo anoche (por antenoche) ya me hice el primero, extrañaba la carne argentina", dijo Miguel Di María desde el umbral de su casa, de pulcro jardín custodiado por un negrito de yeso, malvones y flores plásticas que giran con el viento. Un escenario casi bucólico si no fuera por el ladrido incesante de Charly, el pichicho más pequeño de la casa .

Ezequiel, en cambio, ya partió a Madrid, y Gregorio, su papá, remarcó: "Sólo quiere estar con su mujer y tomar algo de sol, porque en pocos días comienza los entrenamientos. Se lo merece ".

Tanto una como otra familia habían llegado el lunes por la tarde. "Salimos directo del partido y llegamos destruidos. Desde Brasil partimos juntos varios familiares. Con nosotros iba la mujer de Romero. Pero nos tuvieron como bola sin manija de una puerta a otra: cuatro horas después partimos. Y en Aeroparque padecimos otro tanto. Estuvimos ahí todos juntos, con los hijos desparramados y cansados. De ahí nos tomamos un vuelo que nos puso el pibe mío y llegamos finalmente a Rosario. Pero lo peor de todo no es el cansancio, es volver tras haber perdido así, porque a la Copa la tuvimos ahí nomás", dice Di María mientras marca una corta distancia con el índice y el pulgar.

Al hombre se lo ve cansado pero a pesar de eso contesta con amabilidad.

"Nos agarraron justo, íbamos a ir con mi mujer al súper porque no tenemos nada en la heladera. Lo tuvimos que llamar al verdulero y pedirle que nos traiga algo", confesó. Y lamentó que ayer no lo dejaran dormir. "A las 7 empezaron a llamar por teléfono. “«Por favor déjenos llegar»”, dice que imploró.

Los vecinos del coqueto y nuevo barrio donde viven los Di María no materializaron expresiones de afecto. Ni pintadas ni banderas ni pasacalles. Tampoco se vio nada de eso, al menos por ahora, en Perdriel al 1900, la casa del barrio de la zona norte donde nació Angelito que la familia aún conserva. “Los chicos del barrio, sus amigos, prometieron juntarse con él en estos días”, dijo Fernando, un quiosquero que se enorgullece en decir que su hija fue a la escuela con Angelito.

Tampoco en Granadero Baigorria había ayer rastros festivos. Y eso que allí vive el abuelo materno de Ezequiel Garay, Juan González, de 86 años. Y que su casa, cercana al Hogar Escuela, es prácticamente un museo de fotos, dibujos y trofeos del nieto más popular y es el lugar donde se hospeda toda la familia cuando viene de vacaciones.

El papá Gregorio, catamarqueño de 50 años; la mamá Miriam, rosarina de 48, y los hermanos de Ezequiel, Benjamín, de 14 años (un calco de su hermano mayor), y Jazmín, de 10, viven en un pueblito cercano a Madrid. Todo el traslado de la familia desde el rosarino barrio de Casiano Casas a España se dio cuando Ezequiel dejó Newell´s y se fue a jugar a Europa, donde se casó con una española: Tamara Gorro.

“No vendrá a ver a su abuelo esta vez porque en pocos días tiene que entrenar en Zenit de San Petesburgo”, dijo su mamá.

Los Garay, durante el Mundial, viajaron varias veces a ver a su hijo. “Fuimos con unos parientes en auto: 7 mil kilómetros”, dijo el papá. “Y no siempre pudimos estar cerca de él. La final la vimos arriba de todo del Maracaná, con otras familias de jugadores: nosotros, la mujer de Messi. Somos todos muy sencillos”, aclaró la madre, como si hiciera falta.

El papá le vendía queso al suegro de Messi

El padre de Ezequiel trabajaba para la empresa Canut. “Repartía quesos y curiosamente se los llevaba al suegro de Messi (el papá de Antonella Roccuzzo) que es empresario. Las vueltas de la vida”, dice Gregorio. Hoy el hombre sigue trabajando como repartidor, en la tienda de ropa de su nuera Tamara en España. Su mujer, Miriam, era cocinera en una escuela de Baigorria. Hoy se ocupa de sus hijos que van a la escuela pública. El nene juega en el Madrid. ¿Se viene otro Garay de selección?

Papá Di María, ex carbonero

Miguel estuvo a punto de ser jugador profesional de fútbol en River Plate. Trabajó en una carbonería por 16 años. Angel de chiquito le ayudaba a armar las bolsas de carbón y repartirlas.