El mundo se pregunta qué tipo de cáncer tiene el presidente Chávez

Domingo 03 de Julio de 2011

La enfermedad no acata órdenes del poder. Su naturaleza es ajena a los privilegios, algo que por estas horas está entendiendo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien admitió que tuvo “un error fundamental” al no cuidar su salud. El jueves, en un discurso pausado y completamente leído, el mandatario mencionó que tuvieron que extirparle un tumor maligno. “Cáncer”, se escuchó de la boca del hombre enemigo de las debilidades. Quizá por eso, para no mostrar del todo lo que puede ser leído como un golpe a su fortaleza, la información que brindó durante la aparición televisiva fue escasa, prudente, y hasta misteriosa.

  Los baches que dejó llevaron a expertos de todo el mundo a adivinar el diagnóstico completo, y a la gente, a jugar el juego de Dr. House, el médico que con pocos elementos suele descubrir las verdades más crudas. ¿Qué tiene Chávez, verdaderamente? ¿Es grave? La Capital consultó al cirujano coloproctólogo Enrique Spirandelli, una elección que no fue casual ya que todo parece indicar que el presidente tiene cáncer colorrectal, o un tumor maligno en la vejiga, otra de las posibilidades que suenan fuerte.

  Los datos expuestos por Chávez no son muchos: dos cirugías recientes, un tumor abscedado en la pelvis (no absesado como pareció pronunciar el político), células cancerígenas y la aceptación de que deberá “atender la salud” por un tiempo. “Un tumor es aquello que está aumentado en el organismo, benigno o maligno. En este caso ya se dijo que es cáncer”, comentó Spirandelli, quien agregó: “Cuando existe un tumor abscedado, en general, estamos frente a un cáncer muy avanzado”.

  Respecto de la ubicación del tumor, Spirandelli explicó que en la pelvis “se encuentran la vejiga, el recto y el colon sigmoide, por lo que sin dudas se encuentra en algunos de estos órganos; por las características de lo que el propio Chávez explicó, es muy posible que se trate de un cáncer colorrectal”.

  La ostensible baja en el peso, un tono de piel amarillento, y un cansancio evidente “hacen suponer que ese es el diagnóstico”, enfatizó el médico.

  ¿Por qué es relevante saber de qué se trata? “Más allá de la importancia que tiene la salud de un jefe de Estado en cuanto al impacto político y social, cuando alguien muy conocido sufre un problema serio de salud, todos los pacientes con síntomas similares posan su mirada en él, por eso saber qué le sucede y cómo puede evolucionar causa tanto interés. La información tranquiliza”, remarcó.

Posibles consecuencias. El tratamiento de este tipo de tumor es 100% quirúrgico, dijo Spirandelli. Esta etapa, en el caso de Chávez, ya se cumplió. “Ahora tendrá que hacer quimioterapia, algo ineludible en un cáncer avanzado de recto sigma y dependiendo de la altura en la que está ubicado, se le puede hacer radioterapia”.

  Sin hacer futurología, el médico mencionó las estadísticas mundiales sobre el cáncer colorrectal, el segundo que más muertes provoca. “En los casos más graves el promedio de sobrevida es de dos a tres años”, dijo, aunque enfatizó que “no hay dos pacientes iguales y la evolución es variable, dependiendo del grado en el que se encuentra el cáncer y el momento en el que se detectó”. Datos que no fueron precisados por el líder venezolano.

Fortaleza y debilidad en la enfermedad

“En el proceso de la enfermedad, personas consideradas débiles encuentran fortalezas inesperadas y otras consideradas fuertes descubren debilidades insospechadas”, dijo ayer la médica psiquiatra Christian Lupo, una especialista rosarina con amplia experiencia en el abordaje de enfermedades crónicas o severas.
  Para Lupo, más allá de los avances que existen en el tratamiento del cáncer, recibir este diagnóstico “sigue siendo algo más que padecer una enfermedad; es una palabra demasiado cercana a la muerte que conlleva una importante carga emocional negativa”.
  Aún en personalidades fuertes, el miedo aparece. “Se trata de una de las emociones más necesarias para el ser humano como mecanismo de supervivencia, pero también puede convertirse en una trampa o amenaza cuando es desproporcionado respecto a la situación real”.
  En los días y semanas posteriores al diagnóstico suelen aparecer: aturdimiento, negación, angustia, ansiedad, hostilidad, irritabilidad. La mayoría de las personas necesitará semanas para adaptarse a la noticia.
  “El cáncer cuestiona el futuro (aunque antes del diagnóstico era igual de incierto) porque quiebra nuestra percepción de poder realizar proyectos a largo plazo. El cáncer cuestiona el pasado, ayudándonos a preguntarnos qué hemos hecho o que dejamos de hacer para vernos en esta situación. Por último el cáncer también cuestiona el presente rompiendo en mil pedazos nuestra vida cotidiana, llena de pequeñas garantías y seguridades. Nadie es culpable de padecer un cáncer, y nadie debe sentirse culpable por lo que hizo o dejó de hacer”, remarcó.