Domingo 29 de Enero de 2012
El gobierno español ha iniciado ayer medidas legales contra la difunta aerolínea Spanair por presunta violación de las normas al cesar operaciones repentinamente, dijo un ministro.
Unos 22.770 pasajeros que habían reservado asientos en más de 220 vuelos quedaron varados y en busca de alternativas de viaje e instrucciones sobre la solicitud de reembolsos. Spanair, propiedad de un consorcio con sede en Cataluña, canceló todas sus operaciones el viernes por la noche debido a la falta de fondos.
La demanda podría culminar en multas por valor de 9 millones de euros (11,8 millones de dólares) por dos “violaciones graves” de las leyes de seguridad aérea, dijo la ministra de Desarrollo Ana Pastor. Las presuntas infracciones estarían relacionadas con obligaciones de continuidad del servicio y protección de los pasajeros.
El presidente Ferrán Soriano, dijo que la empresa no supo atraer inversiones internas y por ello el gobierno regional catalán tomó la decisión de suspender la entrega de fondos. Spanair empleaba unas 2.000 personas con 1.200 de personal de tierra.
Los problemas financieros se multiplicaron a partir de un accidente en 2008 que causó 154 muertos.
Spanair, que operaba también un “puente aéreo” entre Madrid y Barcelona, tenía ya problemas financieros antes de que el vuelo JK5022, un avión MD-82, se estrellara durante el despegue, el 20 de agosto del 2008. La aeronave se dirigiría de Madrid a las islas Canarias.
En 2010 Spanair, la cuarta aerolínea del país, reportó pérdidas operativas por 115 millones de euros (151,2 millones de dólares), pero sobrevivió gracias a los fondos provistos por el gobierno catalán e inversores privados.
En el aeropuerto de Barcelona-El Prat, Spanair ya no tienen activos los mostradores de facturación y puertas de embarque. La que fuera hasta ayer la segunda compañía con más actividad en esta instalación (4,3 millones de pasajeros transportados desde Barcelona en 2011), se está disolviendo. En los paneles de llegadas o salidas sigue existiendo su rastro: aparecen rutas, aunque ya no las operan. No se ven trabajadores de Spanair y solo queda abierta la oficina de venta de billetes, donde un reducido equipo de empleados, que prefieren no hacer declaraciones, se limita a atender amablemente las dudas de los usuarios afectados por la quiebra de esta compañía aérea en los mostradores de Newco. El personal de esta empresa son encargados de realizar los servicios de asistencia en tierra de Spanair (handling, en el argot del sector).
Cada 20 minutos aproximadamente, un mensaje por megafonía rompe el silencio: una voz metálica recuerda a los pasajeros que iban a volar con Spanair de que deben dirigirse a los mostradores del intermodal 1. Los pasajeros acuden al piso de abajo y allí, a partir del mostrador 801, hacen cola. Un empleado de Newco le recoge el billete solo si es para el día, estudia la situación, le reembolsa el precio que pagó a Spanair y lo envía hacia el mostrador de otra compañía, para que traten de recolocarlo en otro vuelo. Ante el mostrador de Vueling, Air Europa o Iberia, los afectados cruzan los dedos.
Cada 20 minutos aproximadamente, un mensaje por megafonía rompe el silencio y recuerda a los pasajeros que iban a volar con Spanair de que deben dirigirse a los mostradores de Newco. Spanair no logró convencer a Qatar Airways y a las diez de la noche de anteayer operó su último vuelo. Un nuevo socio era su último cartucho para tratar de salir adelante pese a sus problemas financieros. La compañía catarí no vio claro el negocio y, según la Generalitat de Cataluña, propietaria junto con el Ayuntamiento de Barcelona de la mayoría de las acciones, temía que la Unión Europea exigiera en un futuro la devolución de todas las inyecciones públicas. Tras el fracaso en la búsqueda de inversores, se precipitó el desenlace más temido. l