Lunes 18 de Junio de 2012
“El hecho de poder contar con este tipo de jugadores dentro del plantel, que saben manejar las ansiedades y el nerviosismo propio de un final de campeonato, es algo que evaluamos desde el principio y que estamos seguros de que nos dará buenos resultados”. Las palabras de Juan Antonio Pizzi durante la semana obraron de reflejo sobre lo que remarcó cada vez que pudo. Pero a la vista de los resultados, y siempre atendiendo que mientras hay vida hay esperanza, el tiro hoy sale por la culata. ¿Cómo explicarlo? Sencillo. En el momento de mayor tensión, ante un equipo que llegó último y con sólo cuatro victorias en el torneo, la presión hizo de las suyas. Que en el fútbol no haya verdades absolutas no invalida la idea de que muchos de los errores cometidos fueron producto del peso de las responsabilidades.
Mientras el equipo debió remarla desde atrás, los triunfos llegaron en cadena. Desde el momento en que tuvo el rol protagónico, sucedió todo lo contrario. Alcanza con repasar que de los últimos nueve puntos en disputa el equipo rescató uno solo (ver página 5).
Esa presión, por todo lo que hay en juego, se potencia con lo que sucede en las tribunas, aunque, según el DT, para eso también están preparados sus futbolistas. Lo cierto es que algunos casos desconciertan. Y corre para todos. Para los que fallan en un cierre y le facilitan las cosas al rival; los que no logran imponer su ritmo y su juego en lo que a la generación se refiere; los que en el arco de enfrente hacen difícil lo que parece más sencillo.
Impericias que siempre existieron, pero que antes pasaban sin demasiada notoriedad. Claro, hoy lo que se juega es prácticamente a cara o cruz y la exigencia (muchas veces contraproducente) no da tregua. En la cinchada experiencia-presión, hoy la segunda demostró tener un poquito más de fuerza.