Jueves 29 de Agosto de 2013
"Creo que fui la única persona que estuvo reunida en un pabellón con todos los genocidas a la vez: Astiz, Etchecolatz, Von Wernich y Patti, entre otros que no son conocidos, en el penal de Marcos Paz en abril de 2008. Yo solita, se fueron todos los penitenciarios. Eran 50 del Ejército y 30 de la Marina. Lo primero que les molestó es que fuera una mina. "Si usted es fiscal lo primero que tiene que saber es que están violando nuestros derechos", me dijo uno y citó la Constitución. Era surrealista: tipos que se habían sentado en la Constitución y que te vengan a plantear esto. Todo el tiempo estuve hecha una lady. Les dije que iba a ver si estaban en iguales, peores o mejores condiciones que los presos comunes. Lo primero que marcaron es que los otros eran delincuentes y ellos eran perseguidos políticos. Había una gran diferencia, era incomparable y a sus mujeres no tenían por qué revisarlas", recuerda Cristina Caamaño.
Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando el ex capellán Cristian Von Wernich le reclamó estudiar: "Les dije que podían hacer un petitorio y estudiar como había hecho Schoklender, que era lo mismo que decirles Hebe de Bonafini, pero sin darme cuenta en ese momento. Entonces salta Van Wernich, que estaba sentado más atrás, se golpea el pecho, me encara como un loco y me dice: «¡Por favor, no me va a hablar de derechos humanos!». Y le contesté que el tampoco me iba a hablar de derechos humanos". Y la situación más intimidante la sufrió en el pabellón de los marinos: "Cuando les pregunté cómo estaban, se paró Astiz, se tiró sobre la mesa y me puso la cara a cinco centímetros y me dijo: «¿Sabe cómo estamos? Perseguidos»".