Lunes 11 de Enero de 2010
Un inusual despliegue policial en plena mañana de domingo llamó la atención
ayer de los vecinos de Laprida al 1000, que se convocaron alrededor del departamento del empleado
de Aduana asesinado y se enteraron entonces de la triste noticia.
Hombres y mujeres de la cuadra recordaron a José Luis Conde como
“un tipo que salía a menudo vestido de traje” y todos coincidieron en definirlo como
“una buena persona”. En el hotel situado al lado de su casa señalaron a este diario que
ninguno de los huéspedes escuchó gritos o ruidos extraños en el momento en que el empleado era
sometido a un brutal castigo.
Un vecino mencionó que el sábado, alrededor de las 17.30, vio entrar a
Conde a su casa “con un muchacho” de quien brindó una descripción física, aunque el
aporte es relativo porque se desconocen los últimos movimientos de la víctima.
En medio del operativo policial y la inquietud del vecindario allí
reunido, una mujer recordó una ocasión en que el empleado, con amabilidad, le había ofrecido ayuda
ante cualquier problema que se le presentara en un geriátrico que ella administra.
Pero, salvo una vecina que oyó “quejidos” alrededor de las
7, nadie advirtió señales del tremendo ataque.