Martes 02 de Diciembre de 2008
"El camión siempre venía de noche. Descargaban bultos y a la mañana se iba", contó un hombre que desde la esquina de Santiago y Benito Juárez no perdió detalle del allanamiento a la casa del cabo Hernán Segovia. Un policía al parecer estimado por sus vecinos, que no dejaban de asombrarse por el movimiento de autos lujosos frente a la casa del barrio Las Delicias.
Hasta los chicos del barrio recuerdan el paso de las camionetas Hummer o el Rolls Royce secuestrados hace una semana en la casa de Fisherton de Mario Segovia, el hermano mayor del suboficial. Los vecinos cuentan que el efectivo policial se movía en un Mini Cooper, una Trafic negra o un Peugeot 206. "Pero desde que pasó lo del hermano al Mini Cooper no lo vimos más", dijo un adolescente. "También pasaba en móviles del Comando. Un excelente pibe", apuntó a su lado un señor.
Los vecinos evocan con menos entusiasmo al mayor de los Segovia. Un comerciante recordó que ocho años atrás, cuando la situación económica le era menos próspera al detenido, debió prohibirle el ingreso a su videoclub porque nunca le abonaba el alquiler de películas que tardaba días en devolver. "Yo lo tenía registrado como empleado del Concejo Municipal. Andaba siempre de traje, pero le quedó debiendo hasta al almacén de la esquina", apuntó. Y detalló que frente a la casa allanada suelen estacionar camiones de los que bajan mercadería. "Siempre venían de noche. Una vez hasta soldaron un camión en la vereda", recordó, mientras señalaba el acoplado rojo estacionado frente a la casa y que, según la policía, pertenecía a la madre de los hermanos detenidos.
"A Segovia lo recuerdo de cuando traficaba armas —recordó otro hombre—. Un día me vino a ofrecer silenciadores. Me dijo que los traía de Israel".