Domingo 21 de Noviembre de 2010
Nadie se entrena para un caos como éste. Afuera de la ventana izquierda de los pilotos, lejos sobre el océano, un motor tan grande como un autobús se había desintegrado, causando perforaciones como de metralla de granada en el ala del superjumbo; y ahora una avalancha abrumadora de 54 alarmas de computadora advertía a los pilotos que varios sistemas cruciales podrían fallar.
Dos semanas después de que los pilotos de alguna manera lograron aterrizar su jet de la aerolínea Qantas y sus 450 pasajeros, su drama de dos horas en la cabina fue descrito ayer en una entrevista con The Associated Press del vicepresidente de la Asociación Australiana e Internacional de Pilotos.
“La cantidad de fallas no tiene precedente”, dijo Richard Woodward, un piloto de avión Qantas A380 que habló con los cinco pilotos del aparato en contingencia. “Existe probablemente una probabilidad en 100 millones de que ocurra tanto desperfecto”, comentó.
Sin embargo, ocurrió.
Partes del motor cortaron cables eléctricos y líneas hidráulicas en el ala. ¿Podrían los pilotos aún ser capaces de volar el avión de siete pisos de altura?
El mástil delantero del ala (una de las barras que lo fija al avión) también resultó dañado y los dos tanques de combustible del ala resultaron perforados. Mientras se escapaba el combustible, se creó un creciente desequilibrio entre las partes derecha e izquierda del aparato, dijo Woodward.
Los problemas de suministro eléctrico del avión impidieron que los pilotos pudieran bombear combustible desde los tanques en la cola y el jet se volvió más pesado en la parte posterior.
Ese quizá representó el mayor riesgo, dijeron expertos en seguridad. Si el avión pierde demasiado equilibrio, el jet en ruta de Singapur a Sydney habría perdido empuje de ascenso, perdiendo el control y cayendo al mar. Por suerte, hubo a bordo cinco pilotos experimentados, incluidos tres capitanes. El capitán del vuelo, Richard de Crespigny, estaba recibiendo su viaje anual de evaluación por parte de otro capitán, el cual a su vez estaba siendo evaluado por un tercer capitán.
También había un primer y un segundo oficial. En total, la tripulación de cabina tenía más de 100 años de experiencia de vuelo, lo que ayudó a conjurar la emergencia.
Peligroso
Durante el aterrizaje del Airbus accidentado la temperatura de los frenos alcanzó más de 900 grados durante el aterrizaje, ocasionando que estallaran varios neumáticos. Si el combustible que se estaba fugando del ala dañada llegaba a los frenos se hubiese ocasionado un incendio.