Diez años por abusar de tres hermanas
Las protagonistas de esta desventura son tres hermanas de 9, 11 y 12 años que padecieron un doble infortunio. Quedaron huérfanas de padre y madre tempranamente. Y en ese prematuro desamparo pasaron a depender del cuidado de un vecino, amigo de la madre, que las sometió a reiterados abusos sexuales. El caso quedó al descubierto en el año 2007 con la captura del responsable. Finalmente ahora, por aquella pesadilla, lo condenaron a diez años de prisión.

Miércoles 01 de Julio de 2009

Las protagonistas de esta desventura son tres hermanas de 9, 11 y 12 años que padecieron un doble infortunio. Quedaron huérfanas de padre y madre tempranamente. Y en ese prematuro desamparo pasaron a depender del cuidado de un vecino, amigo de la madre, que las sometió a reiterados abusos sexuales. El caso quedó al descubierto en el año 2007 con la captura del responsable. Finalmente ahora, por aquella pesadilla, lo condenaron a diez años de prisión.

En esta historia compleja se notan las marcas de una gran ambigüedad. Tiene que ver con que alguna de las nenas, que reconocían en este hombre una figura paterna, expresó sentimientos encontrados hacia él durante el trámite del juicio, llegando a defenderlo con sus testimonios. No obstante el juez de Sentencia Nº 4, Julio Kesuani, terminó por constatar las relaciones que las nenas, por sus edades, no pudieron consentir en situación de igualdad.

Las pruebas. Kesuani valoró los exámenes médicos que corroboraron en las tres pequeñas lesiones orgánicas por las agresiones sexuales. También tuvo en cuenta que el discurso de las pequeñas fue coherente y verosímil. Terminó imponiendo diez años de prisión a Domingo Lucio Silvero, empleado de una carnicería de 48 años, por el delito de abuso sexual gravamente ultrajante con acceso carnal.

La desgracia de Je., J. y M. salieron a la luz el 26 de febrero de 2007, cuando falleció la madre de las pequeñas, Roxana, de 36 años, por la rotura de un aneurisma. Quien pudo detectar lo ocurrido fue una hermana de las tres nenas —mayor de edad y madre de un hijo— en el propio velatorio de Roxana.

Lo que vio esta mujer es una situación de manoseo a la que el condenado sometía a M. Hacía tres meses que la pequeña vivía con él. Desde bastante antes ella y sus dos hermanitas estaban en una sostenida situación de desamparo. Precisamente a partir de la muerte del padre, en 1999, lo que las llevó forzosamente a vivir en el Hogar de Huérfanos entre 2000 y 2005. Circunstancia obligada que las pequeñas toleraban mal.

La pequeña M. se instaló en la casa de Silvero cuando su madre aún vivía, después de que este le ofreciera ayudarlo allí con las tareas de la casa. Sus dos hermanas, los fines de semana, también comenzaron a frecuentar la casa del agresor. El vínculo inicial de Silvero era con la madre de las tres pequeñas: por ella conoció a la familia.

La defensa del verdugo. La pequeña M. fue a vivir con Silvero en 2006 y allí se desencadenó la secuencia de abusos. Esta nena defendió a su agresor: dijo que empezó a dormir con él porque se sentía contenida y que soportó sus avances sexuales porque "quería a Lucio".

Sus hermanas brindaron relatos similares de los abusos.

Silvero negó los hechos con énfasis desde la instrucción del juicio. Atribuyó la acusación en su contra a una confabulación de la hermana mayor de las nenas con quien, dijo, estaban enemistados. A su vez rechazó haber tenido ningún contacto sexual con las niñas. Sus dichos no encontraron valoración positiva en el fiscal, que pidió 14 años de prisión. El juez le terminó imponiendo diez años.