Viernes 22 de Enero de 2010
El domingo 10 de enero pasado, Elizabeth Verónica Torrano, de 34 años, se convirtió en una de las protagonistas de una historia de amores cruzados que tuvo como trágico final el asesinato con un balazo en la cabeza de su esposo, Basilio Vargas, de 65 años. A raíz de ese crimen dos hombres fueron detenidos. Uno, apuntado como el amante de Elizabeth, cayó en la localidad bonaerense de San Pedro. El otro, sobrino de la mujer, se entregó en Tribunales. Un par de días después, Torrano intentó suicidarse en su casa de Temperley. Fue internada en grave estado y sobrevivió. Para que dé cuenta de lo sucedido, y ya recuperada, el juez de Instrucción Javier Beltramone ordenó que la trasladen a Rosario.
Aferrada a la foto de sus cinco hijos y sollozando, Torrano llegó a la Jefatura de la Unidad Regional II y quedó alojada en la sección Homicidios. Tanto ella como Fernando Lacetera, su amante de 35 años, y Gabriel Van Tuyne, su sobrino de 20, quedaron acusados de homicidio triplemente calificado: por el vínculo, por el concurso premeditado de tres o más personas y por el uso de arma de fuego. De ser hallados culpables, pueden ser condenados a reclusión perpetua.
Torrano fue conducida ayer a los Tribunales para ser indagada. Pero esa primera declaración de la mujer ante la Justicia debió ser suspendida ya que sufrió una descompensación. Marcos Cella, uno de los abogados de la acusada junto a Froilán Ravena y Germán Mahieu, adelantó ayer a la LaCapital que hoy solicitarán el beneficio de la prisión domiciliaria para la mujer ya que uno de sus hijos tiene menos de 4 años.
Pasiones cruzadas. El asesinato a sangre fría de Basilio Vargas, empleado de una firma de reparación de barcos con asiento en Dock Sud, expuso en los primeros días de este año, y en forma descarnada, una historia de pasiones irresueltas que terminó de la peor manera.
Poco después de la 1 del domingo 10 de enero, Vargas llegó en su camioneta Chevrolet S-10 hasta una humilde casa de pasillo ubicada en Acevedo entre Guaycurú y Schweitzer, en la zona más pobre de Fisherton. Allí vive Claudia, la hermana de Elizabeth, quien llegó acompañando a su esposo, con el que convivía desde hace 15 años en Temperley. Allí, la mujer trabajaba como podóloga. Esa noche iban a buscar a tres de sus cinco hijos, quienes habían quedado al cuidado de la tía mientras Basilio realizaba un trabajo en Arroyo Seco.
Según fuentes allegadas a la causa, la vida de la pareja se venía deteriorando con el paso de los años por la violencia física doméstica y la perversidad que habría ejercido Basilio sobre su joven mujer.
Aquella noche, cuando Elizabeth se bajó de la camioneta para buscar a sus hijos, Basilio se quedó en el vehículo. Entonces, detrás de la chata se detuvo una moto Gilera de color azul. Para los investigadores esa moto era conducida por Fernando Lacetera, un ex remisero de Lanús, de 35 años, recientemente afincado en Rosario en una casa que Torrano había alquilado para él en Empalme Graneros.
De la moto se bajó raudamente y empuñando un arma de fuego un muchacho que para los pesquisas no es otro que Gabriel Van Tuyne, el sobrino de Torrano. El joven caminó hasta la camioneta, y cuando Vargas hizo un movimiento para abrir la puerta, le disparó desde menos de 10 centímetros en la frente. La víctima quedó fulminada en el asiento, con la cabeza recostada hacia atrás. La escena fue visualizada por algunos testigos que inmediatamente reconocieron a los agresores como “el sobrino de la Eli y el amante”.
Atrapados. Con el correr de las horas la suerte de los agresores fue mermando. Al remisero Lacetera lo atrapó la policía bonaerense en una estación de servicios ubicada en la autopista a Buenos Aires, a la altura de Río Tala, tras recibir un pedido de asistencia de sus pares rosarinos que sospecharon inmediatamente después del crimen que el hombre volvería hacia el Gran Buenos Aires. Un día más tarde, Van Tuyne se presentó espontáneamente en los tribunales de Balcarce y Pellegrini.
Ese mismo 11 de enero, Elizabeth Torrano ya estaba en su casa de Temperlet, donde intentó quitarse la vida aspirando emanaciones tóxicas de cianuro. La mujer dejó una serie de cartas explicando los por qué de su frustrada decisión.
La confirmación de que Torrano había sobrevivido motivó que el juez de Instrucción en feria en Rosario, Javier Beltramone, comunicara a un juez de Garantías de Lomas de Zamora un pedido de detención para el caso de que la mujer se reestablezca. La razón es que en el curso de la investigación se reunieron elementos que la ubican como partícipe del complot que terminó con la ejecución de su marido.