Miércoles 19 de Octubre de 2011
La semana pasada La Capital publicó mi opinión sobre la jubilación que exigen los docentes. Unos días después el diario publicó dos notas que me hacen pensar que nuestro país va mal y empeora. El gobernador Binner dice que no les da lo que piden los docentes "porque eso desfinanciaría la caja de jubilaciones". Quiere esto decir que si tuviera plata en la caja, se los daría. Atrás viene con el facón desenvainado Maguid, amenazando con que lo que le den a los maestros se lo van a tener que dar al resto de los estatales. Esto me hace pensar que los dineros públicos se han transformado en un botín a conseguir por los empleados, sin que nadie les pueda poner un límite a las irracionalidades que se pidan. ¿No es suficiente con trabajar 20 horas semanales con 3 meses de vacaciones, más todas las licencias que tienen más las condiciones especiales que se les dieron a los maestros, y 30 horas semanales con similares beneficios el resto de los estatales, como para que todos quieran jubilarse a partir de los 43 años? Es humano que si no se ponen límites siempre se quiera más, pero alguien le tiene que poner racionalidad a las cosas y decir no. No, porque un empleado privado en cualquier rama trabaja 44 horas semanales y se jubila entre los 60 y los 65 años. No, porque los estatales trabajan la mitad que un privado. No, porque el mundo va hoy para otro lado. Y si no hay quien ponga límites, llega un punto en que por vergüenza ya deberían parar de extorsionar los sindicalistas a gobiernos débiles política e ideológicamente. Esto porque los que siempre fueron oposición, cuando llegan a gobernar no tienen argumentos para oponerse a lo que siempre pregonaron que harían en la utopía de llegar a ser gobierno ellos. Dan vergüenza los políticos al prometer cosas que saben que no van a poder cumplir sin comprometer seriamente las cuentas que deben administrar. Todos, políticos y sindicalistas, se preocuparon siempre por vivir sin trabajar. Nunca tuvieron que pagar un sueldo de su bolsillo. Siempre dispusieron del dinero de los demás. Se olvidan que antes o después, ellos mismos tendrán que pagar también el resultado nefasto de su accionar en sus puestos, pagando los impuestos que todos tendremos que pagar para seguir manteniendo esta loca carrera por saquear las arcas públicas. Ahora resulta que el gobierno nacional decide que sean 190 días de clases el año próximo y la careta se cae definitivamente. Trabajar más jamás, los privilegios conseguidos son innegociables. No se entregará nada ni por los chicos, ni por la educación que dicen defender. La prueba de que no están mal como pregonan está en que cada año hay más maestros dispuestos a inmolarse en haras de la educación pública, con sueldos ¿miserables?, trabajando interminables 4 horas diarias, durante esclavizantes 9 meses. Parece que hay una generación de masoquistas dispuestas a hacerlo.
Ricardo Castellani