Cuba celebró Viernes Santo y en Filipinas hubo más crucificados
La isla sostuvo su primer feriado pascual en 50 años, pedido por Benedicto al presidente Castro. La conmemoración de la pasión de Cristo en distintos lugares del mundo.

Sábado 07 de Abril de 2012

Más de medio siglo tras el triunfo de la Revolución, Cuba volvió a celebrar ayer por primera vez un Viernes Santo. En un país declarado ateo durante décadas, la apatía religiosa se mezcla con el incipiente renacer católico de los últimos años.

"Es una bendición del Papa", resumió la religiosa Teresa Vaz su alegría por el festivo decretado por el gobierno de Raúl Castro. El presidente cubano anunció hace unos días la celebración con "carácter excepcional" del Viernes Santo en respuesta a un pedido hecho por el papa Benedicto XVI en su reciente visita a la isla.

"Nosotros hacemos lo que hicimos siempre", agregó sin embargo Vaz, una misionera portuguesa que llegó al país antillano por primera vez en los años 80. Lo que ha cambiado es la aceptación de los ritos católicos por parte del gobierno, especificó. "No es lo mismo la Cuba de hoy que la de entonces", consideró la religiosa de 78 años.

La Iglesia católica ha ganado espacios en la isla tras la llegada de Raúl Castro al poder en 2006. Si la histórica visita de Juan Pablo II en 1998 devolvió la fe católica a la isla tras décadas de hostilidades con el castrismo, en la Iglesia cubana se espera que el reciente viaje de Benedicto sirva para afianzar su nuevo papel como actor central en la sociedad cubana.

"Muchas personas se están acercando por curiosidad, como que la Iglesia católica se está poniendo de moda", comentó Karina de Torner, secretaria parroquial en una iglesia del barrio habanero del Vedado.

La feligresa de 38 años constata también un lento resurgimiento del catolicismo, aún cuando el fervor religioso está lejos de ser comparable al de otros países de la región. "Todo el mundo vive la Semana Santa a plenitud", comentó De Torner.

En tanto, en otro lugar del mundo los festejos fueron diferentes: miles de personas se congregaron en pueblos de las Filipinas para ver cómo los devotos eran clavados a cruces en el Viernes Santo a fin de recrear el sufrimiento de Jesucristo, en un rito anual que prosigue pese a que los dignatarios de la Iglesia tratan de desalentarlo.

Nueve hombres con coronas de espinas en la cabeza fueron crucificados durante algunos minutos por aldeanos ataviados como centuriones romanos en la provincia norteña de Pampanga en el pueblo de San Pedro Cutud. Por lo menos otros ocho fueron clavados a cruces en pueblos vecinos.

El espectáculo refleja una variante singular del catolicismo que mezcla tradiciones eclesiásticas con supersticiones folclóricas filipinas.

Muchos de los penitentes empobrecidos se someten al ritual para pedir perdón por sus pecados, orar por los enfermos o por una vida mejor, o agradecer lo que consideran milagros.

La crucifixión del viernes fue la vigésimo sexta para Rubén Enaje, un pintor de carteles de 51 años, que comenzó su rito anual después de sobrevivir una caída de un edificio.

Horas después que lo clavaron a una cruz por las palmas de las manos y los pies, Enaje, que tiene cuatro nietos, dijo que se sentía bien y fue caminando a la casa del capitán del pueblo. "Me siento bien porque mi sufrimiento ha terminado", afirmó.

Antes de la crucifixión, docenas de penitentes caminaron varios kilómetros por calles de los pueblos golpeándose las espaldas descubiertas y sangrantes con varas de bambú afiladas y trozos de madera.

"No juzgamos ni condenamos, pero lo desalentamos", dijo el arzobispo José Palma, presidente de la Conferencia de Obispos de las Filipinas, acerca de las crucifixiones. Otro miembro de la conferencia, Melvin Castro, dijo que "para la Iglesia no hay necesidad de someterse a este dolor porque Cristo ya lo hizo por nosotros".