Jueves 29 de Septiembre de 2011
Ochenta y ocho sobre cien personas votaron por la afirmativa cuando se les inquirió si la corrupción era uno de los problemas más graves de la policía de Santa Fe. Mucho me extrañó que tal encuesta no tuviese receptividad. Por consiguiente hago míos estos comentarios: la corrupción no aqueja tanto a la institución policíaca sino a toda la ciudadanía santafesina, que sufre sus innegables consecuencias. Si pregunto quiénes están encargados de cuidarnos y protegernos, la indudable respuesta será que tienen que cuidarnos y protegernos los mismos que están prácticamente acusados de corrupción en su totalidad. Vamos a dejar de dar vueltas buscándonos la cola y empecemos a actuar. Me da escalofríos pensar que para radicar libremente una denuncia deberé seguirla por mis propios medios; me deja perplejo desconfiar de la información policial ofrecida a los medios, me desvela el hecho de ignorar si en tal o cual procedimiento se llegará al fondo por razones de conveniencia. Me duele mucho no poder mirar más a los ojos de los policías motociclistas que recorren el centro o a los patrulleros estacionados estratégicamente para responder al primer llamado. Señor gobernador saliente, señor gobernador sucesor, políticos de la oposición, señores jefes de policía de unidades regionales, señores jefes de asuntos internos, les insto a acelerar la restitución del buen nombre que siempre rodeó a la entidad policial, que sigue siendo nuestra última defensa frente a los avances de todo tipo de desenfreno, violencia e inseguridad. Por nuestro bien, comiencen ya.
Rubén Mario Baremberg