Viernes 04 de Septiembre de 2015
Dos años y seis meses atrás una áspera discusión entre dos parientes por la propiedad de una moto derivó en el crimen de uno de ellos. Ocurrió en un asentamiento precario contiguo al barrio Santa Lucía, en el extremo oeste de la ciudad, cuando Fernando Gastón Silva, de 32 años, fue atacado a balazos por su concuñado, Oscar Salvador Escalada, de 29, y murió en su humilde vivienda. Ahora, el juez de Sentencia Ismael Manfrin condenó al agresor a 11 años de prisión por homicidio agravado por empleo de arma de fuego.
Silva vivía con su pareja y sus hijos en Estudiante Aguilar al 7500, entre las vías y la colectora de Circunvalación. La noche del 1º de marzo de 2013 hasta allí llegó Escalada en una moto. Golpeó las manos frente al pasillo donde vivía Silva y lo hizo llamar. El dueño de casa salió a la vereda y sin que haya diálogo le disparó con un revólver calibre 32. Silva intentó escapar pero su agresor lo persiguió unos metros sin dejar de pulsar el gatillo y finalmente lo mató dentro de la vivienda.
Para condenar a Escalada, el juez Manfrin ponderó los dichos de tres testigos. Uno de ellos fue la concubina de la víctima.
Con detalles. “Yo estaba en la cocina de mi casa. En ese momento una vecina le djo a Gastón que lo buscaba El enano. Mi marido salió y me puse intranquila porque las relaciones entre ellos estaban un poco tensas por una moto Yamaha Crypton que mi papá le había regalado a mi hermana y yo le dije a Gastón que se la pidiera. Además, un rato antes habían discutido. Cuando mi marido llegó a la puerta mi cuñado sacó un arma. Gastón empezó a meterse adentro y le disparó varios tiros. Mi marido cayó al suelo y quedó desvanecido. En ese momento entró el padre de Escalada y empezó a decir que nosotros teníamos la culpa de lo que había pasado. Le dijo a mi marido «dale Gastón, levantate que no pasó nada». Pero en ese momento vino mi cuñado (Escalada) corriendo por la cocina y disparando”, explicó la mujer.
Al ser indagado, Escalada declaró que “había discutido muchas veces” con su pariente. “Mucho tiempo atrás él me había dado un pedacito de terreno para que me haga un ranchito. Después me echó a mí y a mi mujer. Muchas veces me amenazó de muerte. Un día discutimos. El tenía un arma y nos peleamos. Forcejeamos, se disparó el arma y salí corriendo”, recordó.
Para el magistrado, los relatos de los testigos se ajustan a lo que presenciaron sin que “el error en la apreciación de los sucesos pueda haber operado como una causa desencadenante”. Y sostuvo que “la ausencia de enemistades previas con el acusado neutraliza la idea de un obrar fraudulento dirigido a perjudicarlo. Y que el conflicto estaba circunscripto a la víctima y el condenado. Además, la principal testigo es hermana de la pareja de Escalada por lo que no se advierte que haya mentido para perjudicar a su familiar”.