Domingo 06 de Diciembre de 2015
Cuando Mario habló con el grupo de contención de Abuelas, les comunicó que quería contar la noticia a sus amigos invitándolos a comer un asado en su casa.
“Fui criado como hijo único, entonces considero a mis amigos como hermanos. Organicé todo y los invité avisándoles que tenía algo muy importante que comunicarles”, recuerda hoy.
Los amigos hicieron mil conjeturas. pero el miércoles se sentaron a la mesa y escucharon el relato de Mario. Sabían de su condición de hijo adoptivo, pero nunca se imaginaron una historia así.
“Todos quedaron en silencio y lloraron como chicos. Después se fueron recuperando y planteando interrogantes que despejamos uno a uno. Se fueron de casa a las 2 de la mañana, pero a las 5 todavía seguían llegando mensajes porque seguían asimilando la historia y no podían dormir”, cuenta Mario. Todos los que pudieron viajar lo acompañaron el martes en caravana hacia Buenos Aires, donde Mario se reencontraría con su madre y le darían la noticia al mundo.