Martes 11 de Octubre de 2011
El Código Alimentario Argentino impone a los procesadores declarar en sus rótulos los derivados de alergénicos que puedan provocar reacciones adversas en el organismo humano. Es impresionante la cantidad de agregados químicos utilizados en la industria para respetar fórmulas o mantener estable la naturaleza de un producto. Se utilizan conservantes, blanqueadores, aromatizantes, colorantes, gelificantes y antigelificantes, ligantes y ablandadores, acidificantes y antiacidificantes. Para crear estos aditivos se usan almidones, féculas, gomas vegetales, bicarbonatos, citratos, ácidos. Se necesita una verdadera farmacopea para que los alimentos envasados sean digeribles sin riesgo. El consumidor puede comprobarlo leyendo etiquetas de cualquier producto, desde aguas saborizadas hasta la de un sándwich envasado en polietileno. No soy quién para determinar la real necesidad, proporción o naturaleza de estos complementos sintetizados. Recuerdo cuando en cada hogar la comida era casera: la carne vacuna era alimentada a pasto y no en un feed-lot, tomábamos leche pura embotellada sin agua ni aditivos, los quesos y embutidos eran artesanales, preparábamos ensaladas con verduras y hortalizas naturales que no habían sido rociadas con agroquímicos, degustábamos frutas y postres sin colorantes ni tratamiento alguno. Se comía digna, natural y apropiadamente. Actualmente, habría que adjuntar a cada envase la leyenda "Comer puede incrementar su hipertensión, colesterol, sobrepasar el máximo permitido en calorías, alimento "no apto para celíacos", entre otras advertencias. La obesidad se expande a nivel mundial y las alergias alimentarias ya constituyen el 8 por ciento de las alergias totales. El cuerpo rechaza alimentos que contengan soja, huevos, leche, trigo, cebada, centeno, avena. Se ingiere comida chatarra mal elaborada e ingerida de apuro sin facilitar la ingesta. El daño lo provoca el que prepara choripanes en un recital o el gigante Mc Donald's. Los nutricionistas hacen hincapié en dietas sostenedoras de la salud. Las empresas alimenticias compiten acelerando procesos y sustituyen componentes naturales por ingredientes de inferior calidad. Mejorar los productos alimenticios les será muy costoso pero siempre serán más importantes los intereses generales de la población, especialmente si se trata de la salud.
Rubén Mario Baremberg