Martes 11 de Octubre de 2011
El domingo pasado visité la sepultura de mis padres en el cementerio La Piedad, el que está enfrente al cementerio Israelita, y me encontré con lo que a tantas personas les ha sucedido, ante la vista ciega de las autoridades del cementerio y de la Municipalidad: la sepultura fue desvalijada de todos sus ornamentos metálicos, Cristo, manijones, y jardineras. Pero no era la única, al menos 50 sepulturas estaban en las mismas condiciones. En la oficina administrativa del mismo cementerio, donde me atendieron correctamente al querer hacer la denuncia, lo único que pudieron ofrecerme fue el libro de quejas, en cuya página número 151, quedó asentada la misma dirigida al director del cementerio. No solamente es con respecto a los robos, sino a la situación inmunda de los sanitarios, a la nada de vigilancia policial, ya que los dos cementerios cuentan con un solo efectivo policial. Según el informe de la Municipalidad en su página web, el cementerio cubre una superficie de 24 hectáreas, con 40.000 sepulturas. ¿Nadie recorre estos terrenos donde descansa parte de la historia de Rosario y de la Argentina, donde huesos humanos y restos de ataúdes están tirados por doquier? ¿Nadie que cobre salarios otorgados por el gobierno nacional sin hacer nada, puede ser obligado a desmalezar y retirar escombros de estos camposantos? El abandono es absoluto. Según me informaron en el mismo cementerio, la semana pasada fue desvalijado el sector 3 del mismo, y esta semana se dedicaron al sector 4. Incluso, personal del mismo ha encontrado bolsas dentro del cementerio, conteniendo cantidades de manijones de las sepulturas. Según dicen, los ladrones entran de noche por la parte trasera del mismo. Pregunto: ¿no se pueden colocar reflectores por estas 24 hectáreas? ¿No se pueden colocar alambres de púas sobre los muros? Incluso, yo diría electrificarlos. ¿No pueden dejarse perros amaestrados sueltos por la noche? Lo único que falta a todo esto dentro del cementerio es un inspector de Tránsito, porque a pesar de los carteles, siguen circulando bicicletas, motos y automóviles de uso particular por las calles internas. Cuando fui había una familia con tres chicos con sus bicicletas como si fueran de picnic. Señor director, señor intendente, señora próxima intendenta, es su obligación, es su deber hacer algo por quienes en algún momento pueden o no haberlos votado, pero son ciudadanos que merecen un descanso digno y tranquilo, y no que sus tumbas sean saqueadas como si fueran las de los faraones. Es una vergüenza absoluta. Parecería que el único cementerio válido en Rosario fuera El Salvador. Todos tenemos el mismo fin, ustedes y nosotros, la muerte. Entonces por favor, hagamos algo por quienes fueron nuestros mayores y por respeto a nosotros mismos.
Ricardo Magaró / DNI. 12.804.051