Celebración patria: locro y chacarera con chicos de una escuela rural y otra de Rosario
Fue en la Primaria Juan Bautista Azopardo, de Monte Flores, hasta donde se llegaron alumnos de la Francisco de Gurruchaga por el festejo de la Independencia.

Jueves 09 de Julio de 2015

Con una verdadera fiesta criolla, los chicos de las escuelas primaria Nº 245 Juan Bautista Azopardo de Monte Flores y Nº 71 Francisco de Gurruchaga de Rosario festejaron el Día de la Independencia. Hubo zapateo, chacarera, locro y empanadas, pero sobre todo mucha alegría. La cita fue ayer en la escuelita rural ubicada en el camino a Villa Amelia.

Primero se conocieron por cartas, de esas manuscritas en papel, que intercambiaron entre los alumnos de los 6º y 7º grados de la Gurruchaga con los 24 chicos que asisten a la escuela de Monte Flores. Luego vino la invitación para conocerse personalmente, una oportunidad que encontraron ayer en el acto que conmemora al 9 de Julio de 1816. Llegaron a primera hora de la mañana, compartieron el desayuno y luego el patio de juegos. "Mirá tienen de todo: pelota, perro, juegos, hamacas", no paraban de enumerar los chicos rosarinos recorriendo con la mirada el gran de patio y con un interminable horizonte.

Cuando llegó el momento del acto formal, saludaron a los abanderados de las dos escuelas, cantaron el himno y disfrutaron de una bella poesía de bienvenida y alusiva a la fiesta patria, que les recitó Candela Sabat, una alumna de 5º grado. El director de la escuela rural, Rogelio Retamozo, rescató el compromiso colectivo que representa festejar esta fecha, en especial cuando se habla de "patria e independencia", y su par de la Gurruchaga, María Cecilia Lenci, agradeció el recibimiento y valoró "las distintas formas de hacer escuela" en la provincia. Al acto escolar asistieron autoridades de la comuna de Villa Amelia y del Ministerio de Educación. Hubo un especial reconocimiento para los cooperadores escolares. "Es bueno saber decir gracias", expresó el director Retamozo al entregarles unas placas recordatorias a las familias Allegri y Virgilli, de cooperadores que ya no están.

"Lo mejor fue el zapateo", coincidieron Lara, Candela y Pedro de 7º grado de la Gurruchaga mientras probaban las empanadas y el locro, que preparó la portera Laura. Igual mirada tuvieron Marisol, Luciana, Martín, Joel y Elías de la Azopardo que rescataron "los bailes de la fiesta". Y no se equivocaron, los mayores aplausos se dieron en las distintas danzas folclóricas que interpretaron los chicos del ballet "Tallarte en movimiento", junto a sus profesores Carlos Flores y Marcia Martinucci; además de las chacareras que bailaron los alumnos de la escuela rural, guiados por "la Judith", como la llaman a Judith Sabat, una mamá de la comunidad que además es profesora de danzas. Los pequeños de jardín Thiago, Ismael y Samira se destacaron con su baile, a tal punto que la nena lloró al final porque quería seguir en escena.

En medio del acto hubo intercambio de regalos, de palabras y hasta alguna lágrima docente por el significa del encuentro. Los chicos se despidieron como mejor lo saben hacer: ganándole al campo y a la mañana soleada con más juegos.

La casa para la familia que oficiaba de casera

Al fin, construyen la casa. En los últimos cuatro años, la Escuela Nº 245 Azopardo camino a Monte Flores fue noticia por la familia numerosa que habita en la sala del jardín de infantes. Es la familia Orellano que en 2008 fue invitada por la Regional VI de Educación a habitar la casa de la escuela y oficiar de caseros.

Más tarde, y ante unas reformas que debían hacerles a la vivienda donde vivían, se les ofreció permanecer temporariamente en la sala de jardín a estrenar. Sin embargo, concluidas las refacciones, el Ministerio los dejó sin trabajo y les solicitó que dejaran ese sector del edificio escolar destinado a los más pequeños.

La familia de Hugo Orellano y Marisa Ibáñez, sin tener a dónde ir con sus cinco hijos, hicieron conocer esta historia de desidia y burocracia.

Al final, y luego de interminables reclamos, la provincia resolvió construirles una vivienda en el terreno lindero a la institución escolar. Construcción que está en plena marcha y augura un final de justicia para esta familia.