Cayó una banda de prófugos tras el frustrado golpe a un taller metalúrgico
Cuatro delincuentes fuertemente armados intentaron ayer dar un osado golpe contra un taller de reparación y colocación de elásticos para vehículos, en Ovidio Lagos al 4400. Los maleantes, dos ellos con libertad condicional y un tercero con salidas transitorias de prisión, llegaron al taller cuando estaban levantando la persiana y redujeron al dueño del lugar, a su hijo y a un empleado de vigilancia.

Sábado 28 de Noviembre de 2009

Cuatro delincuentes fuertemente armados intentaron ayer dar un osado golpe contra un taller de reparación y colocación de elásticos para vehículos, en Ovidio Lagos al 4400. Los maleantes, dos ellos con libertad condicional y un tercero con salidas transitorias de prisión, llegaron al taller cuando estaban levantando la persiana y redujeron al dueño del lugar, a su hijo y a un empleado de vigilancia. Pero los maleantes no buscaron dinero en el taller, sino que le advirtieron al hijo del dueño que lo iban a llevar hasta su casa y a la de su padre para que les entregara la plata que presuntamente guardaban allí.
  La idea de los maleantes era dividirse en dos grupos. Mientras uno se iba del taller con el hijo del propietario hasta las dos viviendas, el otro se quedaba con dos de las víctimas maniatadas en el taller. Pero algo falló. Un vecino vio el movimiento y llamó al 911. A los pocos minutos un móvil del Comando Radioeléctrico llegó al lugar y controló la situación. Los cuatro ladrones fueron detenidos y se les incautaron dos poderosas armas de fuego.
  Todo ocurrió a partir de las 7 de ayer cuando los cuatro delincuentes con su pasado templado a rejas carcelarias y varios antecedentes penales llegaron hasta el taller que a esa hora levantaba sus persianas. Los cuatro hombres, empuñando dos armas, ingresaron y redujeron a Juan Antonio Saita, de 72 años; a su hijo Juan Carlos, de 42; y al empleado de seguridad Alberto A., de 34 años. En el galpón había en reparación cuatro vehículos. Y en la caja de la oficina poco más de cien pesos.

Sin titubeos. “Llegamos a las 7 de la mañana y mientras el muchacho de seguridad estaba afuera, mi papá prendió las luces y yo empecé a levantar la persiana. Mi auto quedó estacionado afuera, de cara al portón. Cuando la persiana se había levantado un poco, por debajo se metieron los cuatro tipos”, recordó Juan Carlos, con un ojo morado de un golpe.
  El taller, ubicado sobre la vereda impar de Ovidio Lagos entre Juan Canals y Mister Ross, es de los más viejos del barrio Alvear y está montado bajo un enorme tinglado de unos 20 metros por 30, con un gran portón como único acceso. En su interior tiene dos terrazas repletas de elásticos para vehículos pesados, un pequeño galponcito y una pequeña oficina en un extremo alejado del ingreso.
  Nadie pudo ver en qué vehículo llegaron los ladrones pero, según se pudo reconstruir, el empleado de vigilancia que estaba en la vereda fue reducido por uno de los maleantes que fingió ser un peatón que circulaba por el lugar. Una vez que lo tuvo al alcance, le apoyó una pistola en las costillas y lo hizo ingresar al taller sin titubear. Después, los maleantes se repartieron las labores. Uno subió la persiana, otro se quedó de campana y otros dos tomaron al dueño del lugar y al empleado de seguridad y los llevaron a la oficina, donde los ataron con sus propios cordones y los dejaron tirados en el piso. Para que comprendieran la gravedad del cuadro, los golpearon con un par de patadas. A Juan Carlos, en tanto, le sacaron los cordones de las zapatillas y le advirtieron: “Con vos vamos a ir a buscar la plata a tu casa y a la de tu viejo”.
  El hampón que había levantado la persiana se subió luego al Chevrolet Corsa de Juan Carlos, lo ingresó en el depósito y lo estacionó al lado de la oficina con el capó de cara al portón.

Inteligencia previa. “Me hicieron saber que conocían los movimientos de nuestras casas. Todo el tiempo me pedían el control remoto del portón del garaje de mi casa y me decían que íbamos a ir a buscar plata”, recordó Juan Carlos, quien tenía un ojo en compota por una trompada que le aplicaron. “Estuvieron unos 15 minutos hasta que uno de los que estaba en la oficina gritó: «Ahí entró un Comando» y nos corrió mucho miedo porque pensamos que nos iban a usar de escudos humanos”, contó Juan Carlos.
  Pera nada de eso pasó. Los uniformados que llegaron tras un llamado al 911 se movieron rápidamente y controlaron la situación. Detuvieron a los hampones y secuestraron las armas. “La policía laburó mil puntos. Eso hay que dejarlo claro porque se les vive pegando”, recalcó Juan Carlos. Los detenidos fueron identificados como Enrique Alejandro A., de 26 años, quien el 21 de septiembre salió transitoriamente de prisión y no regresó; Miguel Angel R., con libertad condicional desde el 14 de septiembre; Héctor Alejandro A., de 41 años y en libertad condicional desde julio de 2007; y Gerardo Ezequiel A., quien ya estuvo en la cárcel de Rosario.
  A los ladrones se les secuestró una pistola calibre 9 milímetros, con su numeración limada y cargador de 14 proyectiles, y una Bersa calibre 40 con tres cargadores, cada uno con 13 proyectiles recubiertos con teflón. Todos quedaron a disposición del juez de Instrucción Javier Beltramone, quien investiga junto a la comisaría 15ª.