Sábado 21 de Marzo de 2015
La voz de Silvio Rodríguez brota de un viejo grabador a cinta. Es un TDK común el que gira dentro del aparato. La voz del cubano suena casi adolescente: “Hoy de mí hacia ti. Hoy de ti hacia mí./ Quiero hacerte un regalo, viejo./ Desempolvemos algo las pasiones lejanas/ algo de aquellos sueños sin ventanas./ Vivamos de corrido, sin hacer poesía,/ aprendamos palabras de la vida”. Más allá, en el patio de barrio donde ya empieza a anochecer, una mujer ceba mate. Un muchacho enciende un cigarrillo negro. Después, se discutirá de política.
Las épocas cambian y las canciones también. En los colectivos rosarinos son muchos quienes viajan con auriculares puestos. Curioso, siempre estiro el cuello a ver si puedo captar algo de lo que escuchan los jóvenes. A veces me llega un ritmo obsesivo, un estribillo repetitivo. A veces no llega nada.
“Desnudémonos pues como viejos amantes/ que lo mismo de siempre nos queda delante./ Desnudémonos pues como viejos amantes,/ que se apague la luz y que el sol se levante”.
Ya no existen los grabadores y los discos son apenas para una pequeña minoría ilustrada. En la parte de atrás del 143 dos pibes ponen a todo volumen algo que parece cumbia. Llego a Mitre y Córdoba, toco el timbre, bajo. Y apenas levanto la vista, aliviado, me topo con la rubia.
“Te quiero salvar de tu desnudez/ en pleno centro de la soledad/. Me quiero salvar haciendo revolución/ desde tu cuerpo de cristal”.
Lleva unas sandalias con plataforma que la convierten en inalcanzable. Tiene un cuerpo soñado y los lentes oscuros esconden el color de sus ojos clavados en la pantalla del celular. Todos la miran, pero ella no mira a nadie.
“Algo nos está pasando,/ ayer te leí una mano/ y cada dibujo al verme me interrogó./ Algo nos está pasando,/ ayer apreté el interruptor/ de encender la luz y encendí el sol”.
Con el paso de los años, muchas canciones se olvidan para siempre. Algunas, en cambio, quedan registradas a fuego en el disco rígido personal y las silbamos por la calle o tarareamos bajo la ducha hasta que partimos hacia otra galaxia. Pero hay otras, traviesas, que están bien guardadas en el baúl de la memoria y regresan cuando menos se las espera.
“Hoy de ti hacia mí. Hoy de mí hacia ti./ Vamos a hablar en voz muy baja./ Dime lo que te pasa, déjame levantarte,/ déjame darte un beso y curarte./ Vivamos de corrido, sin hacer poesía,/ aunque no esté de
moda en estos días”.
Poco tiempo atrás, una amiga me contaba de sus dificultades para encontrar a un hombre que quisiera mantener una relación, y no sólo pasar un momento agradable para emprender de inmediato la huida. Mi amiga es hermosa como un amanecer: conversar con ella es un pasaporte a la sensibilidad y la alegría. Después de contarme un par de historias dignas de la pluma de Carver, terminó con una triste, inevitable conclusión: está sola. Fue entonces que me acordé de la canción de Silvio.
“Aunque no esté de moda te pìdo una mano,/ mis entrañas no entienden de estética y cambios./ Aunque no esté de moda repite conmigo:/ quiero amor, quiero amor, quiero amor compartido”.
Se llama Aunque no esté de moda. Es de 1969.