Attaque 77 confiesa que "la música te salva de todo"
El cantante Mariano Martínez habló de los 25 años de “El cielo puede esperar”, el disco más emblemático de la banda. hoy tocan en vorterix

Sábado 21 de Noviembre de 2015

Hay discos que marcan a una banda para siempre. Y hay discos que marcan a una generación. “El cielo puede esperar”, el segundo álbum de Attaque 77, tiene el privilegio de pertenecer a estas dos categorías. En 1990, con el hit “Hacelo por mí” como insignia, “El cielo puede esperar” se transformó en un éxito inesperado y vendió más 400 mil copias. Y cuando el hit pasó a ser el tema y el nombre de un programa conducido por Mario Pergolini, el fenómeno explotó: Attaque estaba en boca y oídos de todos y una legión de adolescentes que recién asomaba al rock descubrió el punk y su historia a través de ellos. El álbum —que hoy supera las 650.000 copias vendidas— regaló clásicos como “Donde las águilas se atreven”, “Espadas y serpientes”, “Más de un millón” y “Vuelve a casa”, y sentó las bases de un grupo que, con cambios de formación y todo, construyó una sólida discografía y siguió siendo protagonista.

   En agosto pasado, la banda formada por Mariano Martínez (guitarra y voz), Luciano Scaglione (bajo y coros) y Leonardo De Cecco (batería y percusión) festejó los 25 años de “El cielo puede esperar” con un gran show en el estadio Malvinas Argentinas de Buenos Aires, en el cual convocaron a 8.000 personas y tuvieron invitados de lujo (ver aparte). Esa misma fiesta se vivirá esta noche, a las 20, en el teatro Vorterix (Salta 3519), donde habrá invitados locales y en la apertura tocará Infierno 18.

   Antes de llegar a Rosario, Mariano Martínez habló con Escenario sobre las claves de un disco inolvidable, los efectos colaterales de la sobreexposición a principios de los 90 (“fue traumático”, aseguró) y la rebeldía después de los 40 años.

   —¿Cómo se armó el show aniversario de “El cielo puede esperar”?

   —Nosotros fuimos a bucear a esa época, no sólo lo que pasaba en el disco sino lo que tocábamos en la sala de ensayo. En el show tocamos algunas canciones de esa época que nunca se grabaron. Se trata de recrear lo que pasaba en ese momento con el grupo, además del disco. Otra cosa importante es la siguiente: el disco tiene una producción que está buenísima, por el laburo que hizo Juanchi Baleirón. Nosotros éramos muy chicos, y él hizo que sonáramos como una banda madura. Hoy podemos tocarlo y que suene más parecido al disco. En aquel momento no lo podíamos lograr en vivo: todo sonaba más desprolijo, más acelerado. Eso es interesante, porque hay un montón de chicos que no vivieron esa época, y recrear el disco de la forma más fiel posible ahora tiene sentido. El recital no es sólo un evento para evocar otras épocas. La mitad de las canciones de ese disco no las volvimos a tocar y quedaron ahí. Muchos chicos jóvenes agradecen que toquemos el disco completo.

   —“El cielo puede esperar” fue un disco emblemático para una generación, que descubrió el punk —a los Ramones, a los Clash— a través de ustedes. ¿Qué ingredientes tiene el álbum para haberseconvertido en un clásico?

   —El disco tiene un sonido al que no estábamos acostumbrados en la Argentina. Fue toda una novedad. Incluso en esa época los Ramones empezaron a ser un boom acá en el país. Nosotros combinábamos melodías pop con un sonido un poco más fuerte y pesado. Y eso fue una puerta que se abrió para descubrir todo un estilo y una parte de la historia del rock. Que lo haya producido Juanchi Baleirón fue muy importante también, porque le dio una sutileza que lo hizo exitoso a nivel comercial. Con Juanchi tenemos gustos musicales parecidos. El es muy beatlero. Nuestro anhelo de alguna forma era funcionar como una banda de los 60, donde todos cantan y hay armonías vocales. El interpretó eso y logró un gran resultado. El disco suena atemporal. No suena a los 80 o los 90. Jamás sonó desactualizado.

   —El disco salió en una época difícil, con el país golpeado por la hiperinflación del 89. ¿Creés que en ese contexto de crisis la música de Attaque pudo haber funcionado como una válvula de escape?

   —Sí. La música en general funciona de esa manera, te acompaña. Cada uno tiene la banda de sonido de su vida más o menos identificada. En todos nuestros discos se expresan frustraciones y desamores, y también hay canciones que son más optimistas. Nuestro discos son un paseo por todos los estados de ánimo. A nivel de energía y de sonido me parece que el disco fue un sacudón, una inyección de energía y una respuesta a la situación social que vivíamos en aquel momento.

   —¿Cómo llegó el tema “Hacelo por mí” al programa de Pergolini?

   —Los productores del programa nos comentaron que estaban armando un programa que iba a competir con “Ritmo de la noche” (que conducía Marcelo Tinelli). Y tenían dos nombres en mente: “Sobredosis de TV” y “Hacelo por mí”. Yo estaba seguro que el nombre iba a ser “Sobredosis de TV”, porque cerraba perfecto y era una canción de Soda, un grupo muy popular. Pero “Hacelo por mí” era el hit en ese preciso momento, y se decidieron por nuestro tema. En esa época nosotros no medimos lo que estaba pasando, simplemente nos pareció un buen modo de mostrarnos. Pero después la canción pasó a un plano de sobreexposición que tuvo sus efectos colaterales. A veces yo tenía ganas de decir: “Por favor, paren de pasar esto!” (risas). Encima nosotros teníamos un contrato de exclusividad con el canal, entonces íbamos una vez al mes a tocar al programa y siempre teníamos que hacer “Hacelo por mí” sí o sí. Podíamos tocar otros temas, pero el hit no podía faltar. Nosotros éramos muy chicos e ingenuos... Igual a la distancia creo que estuvo buenísimo, porque la televisión tiene ese efecto: te conocen desde Ushuaia a la Quiaca. Y así empezamos a estar de gira sin parar.

   —Ustedes siempre dijeron que ese éxito tan grande y repentino los afectó mucho. ¿Cómo recordás ahora esa época?

   —Yo era un pibe que andaba tranquilo por la calle, que iba a ensayar. Y de repente todo el mundo empezó a reconocerme, porque la tele te pone en ese lugar. Yo tenía solamente 19 años, y eso fue muy traumático. Recuerdo que andaba por la calle con mis auriculares escuchando música y todo el tiempo bajaba el volumen porque pensaba que me estaban hablando (risas). No entendía nada, fue realmente traumático. Los shows se volvían multitudinarios, y eso era una satisfacción a nivel profesional, pero por otro lado el precio era alto. Tardamos años en superar esa especie de trauma. El Chino Vera, que era nuestro bajista en ese momento, se terminó yendo, porque no soportó ese nivel de presión y exposición. Se generó una crisis en el interior del grupo.

   —¿Qué los ayudó a conservar el equilibrio?

   —La música, sin dudas. La música te salva de todo. Muchos querían que hiciéramos un “Hacelo por mí 2”, y a nosotros eso nos provocó un poco de rebeldía. En el disco siguiente, “Angeles caídos”, no se manifestó mucho, pero después vinieron un par de discos más oscuros. Por oposición a eso que se nos quería imponer —a esa fórmula de canción de amor más digerible— nosotros endurecimos nuestra música, tal vez inconscientemente. No queríamos que nadie nos viniera a decir la dirección que el grupo tenía que tomar. Después de algunos años volvimos a encauzarnos sin complejos en una búsqueda artística más genuina.

   —¿Cómo ves al público de Attaque hoy? ¿Se renovó?

   —El público siempre se renueva. Pero también están los viejos fans que vuelven. Ahora estoy viendo que vienen muchas familias: padres con sus hijos que comparten el gusto por la música, algo que para mi generación no era muy común. A mí también me pasa con mis hijos, nos gusta la misma música. Cuando hicimos los recitales acústicos en teatros (en 2012) vimos que vinieron muchas familias, porque era un ámbito ideal, muy tranquilo. El grupo tiene 28 años de carrera, ocupa un lugar de clásico, entonces la gente ya no lo cuestiona tanto. Somos una banda clásica, que ha quedado, cuando muchas otras se separaron. Y hay un público al que le gusta ver bandas clásicas. De todas maneras yo no me quiero quedar en ese lugar. También estoy pensando en el disco nuevo, ahora mismo lo estamos preparando.

   —El último disco de estudio de la banda es de 2009...

   —Sí, hay un montón de material compuesto que se fue acumulando. Ahora estamos haciendo demos y después vamos a hacer una selección. La idea es entrar a grabar en el verano. Yo siempre estoy pensando en lo que va a venir. No me quiero quedar en lo de “banda clásica” porque suena a cómodo.

   —¿Cómo se vive ese espíritu rebelde del punk y el rock después de los 40 años? ¿Creés que se manifiesta de una forma diferente?

   —Nosotros veíamos el punk más como una cuestión de pose o estética. Nunca creímos que el punk en sí mismo fuera a cambiar nada. A lo largo de los años hemos conservado cierta rebeldía, y eso es sano. Esa necesidad de cambiar las cosas que no nos gustan no tiene que ver con ser adolescente o ser adulto, eso está bueno que nos acompañe durante toda la vida. Por supuesto que las actitudes rebeldes van cambiando el sentido. Hoy ser rebelde para mí es ser solidario. La rebeldía siempre está, siempre tenemos la necesidad de cambiar y de mejorar.

   —Ustedes se han comprometido con la causa de Madres de Plaza de Mayo, de H.I.J.O.S y con los trabajadores de fábricas recuperadas. ¿Cómo viven este año electoral, donde los ánimos están tan crispados?

   —Yo creo que hay que involucrarse desde ser solidarios. A mí me gusta mucho la militancia, sin importar la bandera política. Me gusta el militante porque es el que está codo a codo con el que necesita, laburando con la gente en la calle. Los políticos son otra cosa, el poder es otra cosa. Yo no creo en eso. Creo en la gente que participa. Como músicos pienso que tenemos que tomar esa actitud, y por eso colaboramos con esas causas. Además cuando vos colaborás hacés las causas visibles: nos pasó con el Bauen y con Zanón en su momento. Ese es nuestro modo de aportar algo, y eso va a seguir estando más allá del gobierno que nos toque.