Viernes 18 de Septiembre de 2015
Rouillón y la vía, Ludueña Sur. Un lugar donde un crimen puede ser parte de un descarnado relato, quizás demasiado normalizado. Nicolás Ardiles, de 21 años, recibió la noche del miércoles una veintena de puñaladas que doce horas después lo condujeron a la tumba. Su matador es empleado de la Universidad Nacional de Rosario y vecino del barrio.
El hecho fue presentado oficialmente como una tentativa de robo, aunque en el barrio ayer a la mañana circulaba otra versión.
Nervios. “Corrí a avisarle a la madre. Le dije «venite que en la esquina de mi casa te mataron a tu hijo». No sé si me entendió porque yo de los nervios no dejaba de llorar”. Así, a través de una vecina, la madre de Nicolás se enteró de la suerte de uno de sus tres hijos.
“Cayó en la esquina y golpeó la cabeza contra la puerta, bañado en sangre. Los canas lo miraban, se reían y le decían «¿a vos quién te hizo eso?». Los tuvimos que pelear para que lo llevaran en la chata al hospital”, recordó una mujer.
Ardiles estaba con uno de sus hermanos, de 18 años, y Jonathan Z., de 16. “A mi hermano casi le amputó un dedo. Queríamos que lo soltara (a Nicolás) y el tipo lo sostenía de la remera y lo seguía apuñalando”, contó Rosa. Nicolás fue llevado al hospital Alberdi y de ahí derivado al Heca donde murió al mediodía.
“No te puedo decir nada porque estaba durmiendo. La que sabe bien es la madre, pero ahora está trabajando”, explicó el papá de Nicolás al cronista sin saber que en ese momento su hijo moría en el Heca.
Según los familiares de Jonathan Z., los pibes frecuentaban el centro de día “La Posta” de Avellaneda al 300 bis, una institución de puertas abiertas del Ministerio de Desarrollo Social santafesino que trabaja con jóvenes de 14 a 18 años en situación de vulnerabilidad social. El hermano de Nicolás y Jonathan terminaron detenidos acusados de intento de robo al empleado de la UNR, cuyos datos fueron preservados por la fiscalía regional. El hombre se presentó en la comisaría del barrio a dar cuenta de lo sucedido y quedó en libertad a disposición del fiscal de Homicidios Rafael Coria, que en los próximos días lo citará. El arma no fue hallada.
Gavillas. Rouillón al 200, a dos cuadras y media de la comisaría 12ª. Allí conviven vecinos de la parte más pobre de Ludueña, los que residen sobre la vía y viven del cirujeo, y los del Fonavi de Solís y Navarro. Un lugar regido por la dicotomía de “ellos y nosotros”.
“Preguntale a esos negros de mierda si saben algo, yo no sé nada”, respondió un vecino ante la consulta sobre si conocía el lugar de lo sucedido. Un territorio donde la gavilla “Los Stuart” pelean por la calle con “Los Tikis”. Los vecinos dicen que el barrio está más tranquilo porque “hubo muchos muertos y presos de los dos lados. Ahora quedaron los mini Stuart y los mini Tikis”.
Dos relatos. Nicolás vivía sobre el lado sur de la vía, entre Rouillón y Solís. Su padre vive del cirujeo y su madre limpia casas. El miércoles al filo de la medianoche Nicolás caminaba por Rouillón hacia el norte con su hermano y Jonatan. Al llegar a Navarro, última pavimentada antes de la vía, se toparon con el empleado de la UNR que volvía a su casa de Pedro Lino Funes al 200. Desde ese punto el relato tiene dos versiones.
El empleado de la UNR relató a los pesquisas que lo sorprendieron tres asaltantes, que él se resistió y uno de ellos extrajo un cuchillo e intentó apuñalarlo en el cuello. Qué el logró sacarle el arma y se resistió asestándole varios puntazos a uno mientras otro le aplicó un botellazo en la cabeza.
Los allegados a Ardiles dieron otra versión. “Pasa que a los pibes los tienen marcados porque se juntan en Rouillón y la vía y les achacan todo lo que pasa. Este hombre se persiguió, los vio encapuchados y se pensó que lo iban a robar. Escuchamos el grito de auxilio de Jonathan y corrimos a la esquina. El tipo tenía agarrado de la remera a Nicolás y lo apuñalaba. Le gritaba «te dije que conmigo no ibas a joder». Cuando se pudo soltar Nicolás corrió hacia la vía (unos 100 metros). Pero antes de llegar se desvaneció. Cayó de cabeza contra la puerta de mi casa. Estaba todo ensangrentado”, relató Rosa.
El cuchillo. “No sabemos de dónde salió el cuchillo. Ahora los canas de la 12ª dicen que no aparece. Yo lo vi, era una cuchilla de carnicero. Mis hermanos estuvieron presos, pero nunca por robar sino por problemas de familia”, dijo la hermana de Jonathan. Por su parte, desde fiscalía se indicó que Nicolás tenía antecedentes por robo calificado, tentativa de robo y hurto por al menos tres hechos ocurridos desde 2013.
Ardiles recibió heridas en axila, costillas, cadera y espalda, todos del lado derecho. A 70 metros de su casa, las manchas de su sangre fueron tapadas con tierra. Mientras agonizaba efectivos de la 12ª se llevaron detenido a Jonathan, a un de hermano de éste y al hermano de Nicolás. “El tipo (por el homicida) llamó a una vigilanta que vive en la cuadra y ella marcó a los pibes para que se los llevaran presos. Después la policía dijo que no encontraban la cuchilla. Acá hubo algo raro”, dijo una doña discrepando con la versión oficial.