Martes 24 de Septiembre de 2013
"De pronto me encontré ante un tipo que podía decidir sobre mi vida, una locura. Finalmente tuve que agradecer que no haya llegado hasta el final ni le haya pegado a mi hijo. Y me quedé pensando en qué fallamos como sociedad para que un tipo salga con un fierro un sábado al mediodía para juntar unos mangos". Muy conmocionado, el periodista Alejandro Grandinetti narró cómo fue asaltado en su casa de la zona oeste por un hombre que ingresó armado a su casa y, luego de ponerle una pistola en la cabeza y amenazarlo con disparar, huyó con dinero en efectivo y una notebook.
El propio periodista narró ayer a la mañana, al comienzo de su programa radial "Todos en La Ocho", lo sucedido el sábado alrededor de las 13.30 en su casa de Fisherton. En la vivienda se encontraban Grandinetti, un hijo y un gasista que había terminado su trabajo y se estaba por retirar. Al parecer, fue en ese momento que un ladrón a cara descubierta aprovechó que abrieron la puerta de calle y se metió en la casa a punta de pistola.
El delincuente, de unos 25 años, controló en el quincho a las tres personas que había en la casa. Hizo arrojar a Grandinetti al suelo y a punta de pistola le exigió que le entregara el dinero y las joyas que tuviera en la vivienda. Incluso llegó a accionar la corredera de su pistola un par de veces.
"Quería plata en efectivo. Me sacó del quincho y me llevó al comedor. En un momento sonó el teléfono, yo le di el dinero que tenía a mano y se fue. También se llevó una notebook", recordó Grandinetti, y calculó que el maleante se alzó con unos dos mil pesos.
Tiempo detenido. Si bien el atraco no se prolongó por más de cuatro o cinco minutos, para el periodista fue una eternidad. "Es increíble como el tiempo deja de transcurrir. Cuando me apuntó por primera vez al pecho sentí que todo se terminaba ahí. En ese momento no sos nada", señaló.
"A esta altura —añadió— el hecho policial no me interesa. Pero no puedo dejar de pensar en la cara de un tipo jugado que puede decidir sobre tu vida. Pero no quedé aterrorizado; me quedé pensando en que nada tiene sentido, que no hay igualdad de oportunidades y cuánto fallamos como sociedad para que un tipo salga con un fierro a hacer lo que hizo este por unos pesos. Hace falta contención y educación a estos pibes para que no crean que tienen que salir a jugarse así".