Lunes 26 de Diciembre de 2011
Estuve loco, dijo el Colo, vendiendo arbolitos. ¿De Navidad?, preguntó Roberto No, arbolitos. Dije arbolitos. Es que en esta fecha lo que se venden son arbolitos de Navidad. El pino. Yo no, fijate, dijo el colo, recibí una partida de ficus, todos parejitos, negocié con un vivero y los vendí todos. ¿Es temporada para esos árboles? ¿Y es temporada para plantar arbolitos de Navidad? Bueno, colo, estas caliente, los arbolitos de Navidad no se plantan. Y yo no planto los ficus, me encontré con un japonés, pariente de uno que tenía un vivero en Entre Ríos y le llevé 12.000 ficus. Que él haga lo que quiera.
¿De dónde sacaste los ficus? preguntó Lalo. Los ficus los conseguí vendiéndo 500 patas de ternera enfriadas, no congeladas. Debían ser de salida rápida. ¿Porque? No será porque salgan corriendo, es porque la carne enfriada está así, casi a punto para cocinarla y comerla. ¿Y quien se puede llevar 300 patas de ternera? Eran 500. Los que venden patas de ternera para los que no quieren cocinar. Muchachos, dijo el colo ¿alguien se olvidó la dosis de Avivol compuesto? No me pregunten esas cosas, soy un comerciante honrado que sabe aprovechar las oportunidades, es todo.
Io te vuá decir, dijo el cordobés, colorau yo te vuaáa decir que es cierto, que sos comerciante, taría bueno que me colocases una plantaaaación de peperina que tengo lista, eh, colorau. Tengo sembrau el Unitorco y Pampa de Achala. El colo no lo miró. El tucu, el mozo de turno ése sábado previo a la Navidad le dijo: señor colo, mi máma lleva hecha como 5 docenas de frasssscos de dulce de algarroba, ah. El colo tampoco lo miró. En realidad estaba mirando su billetera, revisando su billetera. Muchachos, me falta plata. Vos que decís, dijo Lalo, que acá te tocamos la billetera. No, lalín, dijo el colo. Estoy mirando y me falta plata. Cuánta plata de falta, dijo Roberto. Tonny fumaba afuera, se pusieron estrictos con el tabaco en el bar después que pasaran tres inspectores que, evidentemente, no fumaban, porque del bar los de la ronda del mediodía siempre se llevan un paquete de cigarros y listo. Con los militantes del aire puro no hay negocio casi nunca. Denunciaron al bar como antro pro nicotina. Están estrictos.
El colo seguía sacando cuentas. Buscaba el dinero perdido. Yo con las pelotitas de golf compré. Pará, le dijo el Lalo, qué hiciste con las pelotitas. ¿Con las de golf o con las de tenis? Con las de golf. Bueno, con las pelotitas de golf compré 5.000 gorritas de Papa Noel, con el merry crismas bordado en blanco. Nombraste pelotas de tenis. Si, sueltas, de las de promoción, tenía un estoc de 3.000 que decían bienvenido a Córdoba, eran del fallido torneo final de la copa Davis, que no se jugó en Córdoba. Cuando Nalbandian perdió la pulseada con Del Potro. Si, se jugó en Mar del Plata, nos ganaron sin Nadal. Son viejas. Estaban infladas y me las dieron a buen precio. Que, ¿las compraste? Si, las compré. Por mil banderines y una carpa inflable de segunda me dieron las pelotitas, son para el club de campo que está armando un amigo en Palos Rojos. No, palos verdes. Ese no es el que digo. Se llama palos verdes ¿Qué dije yo? Dijiste palos rojos, pero a lo mejor te equivocabas. No me equivoqué, es de la cofradía de los Pig Red? Que. Qué. Qué. Fue casi un coro, hasta el mozo dejó la bandeja. Pigmento rojo. Decidimos los colorados, ya que nos discriminan, hacer un club de campo. Nos venden a buen precio un terreno grande en la zona de Melincué, por el yodo. Hace rato que hay poco yodo. Pero el color, el color. Es rojo.
El colorado y sus trueques estaban enloqueciendo el sábado. El centro era una oleada de gente para allá y otra para acá. En el bar se sentía que la ciudad estaba siendo pisada por todos. El tony, que dejó su tercer cigarrillo en el alfeizar, humeando, carraspeó, tosió de pulmón y le dijo: con las pelotitas ¿Qué? Al colo le gusta y no le gusta ser el centro de atención. Le gusta porque es medio así, extrovertido, pero si se trata de descubrir sus negocios no le gusta tanto. El que habla descubre sus recovecos, eso lo sabemos todos. De eso viven los que te escuchan hablar. Te lo pregunto porque mi hija recibió, por hacer de azafata para las ventas en Navidad, en un puesto de suvenirs, más de 250 pelotitas como parte de pago. Se las recompro dijo el colo, que no quiere líos. Eso si: tampoco dijo el precio.
Yo lo que no entiendo, dijo Roberto, como es que el colo, cuando todos venden arbolitos de navidad, porque se venía para la navidad, consiguió vender ficus en maceta.
¿Cómo sabés que estaban en macetas? Porque las macetas de terracota las conseguí yo. Andáaa ¿En serio? Que dije, dijo Roberto. Que conseguiste las macetas de terracota. Me las habían dado como parte de pago de los arbolitos. ¿Ficus? No, pinos artificiales de uso estricto en la Navidad.
Se podrá hacer algo con la pepeeeerina, cuñao, dijo el cordobés. No se olvide, Don colo, que los dulces que hace mi máma, ah, lossstrae de mi pago, atamiskilandia.
La mesa de los sábados estaba en terapia intensiva. La adrenalina de las fiestas descomponía a todos. Los últimos negocios, previos a la navidad, aceleraban el pulso. Despacio, como quien se sabe jugador estrella, entró danielito. Ni saludó. Lalo, me vas a tener que ayudar con estos herejes. Si dotttore, de qué se trata. Es la pelea del Niñito Dios y el gordo Nicolás.
El asunto cambió. Hasta el tucumano, que parecía un santiagueño por sus eses arrastradas, dejó la bandeja. Danielito tenía el discurso preparado. No tenemos reno, ni sulkys sin ruedas. No hay animal con esos cuernos ni persona que se aguante un vestido rojo, un gorro rojo y la bolsa con los regalos. Nosotros venimos del pesebre, del niñito Dios, de los animales alrededor del pesebre y el burrito de Belén. Muchachos, ni los tangos ni el folklore mencionan al gordo ese. Ni a los pinos, los gorros, los suvenirs. Nosotros venimos de otro lado. Son ventas ficticias, calorías vacías. Se embaló. Aceleró. Mordió el freno. Esto es la ciudad de las ventas, de los trueques, del self made man. Danielito no tenía retroceso.
El Lalo lo miró y respiró pesado. El Lalo cuando respira es como una señal, como cuando los trenes, la máquina a vapor de los trenes, resuella. Se oye. Es un anuncio. Algo va a pasar.
Roberto sacó una libretita negra y miró una dirección, dijo ya vuelvo
El colo abrió su tableta y se puso a escribir con el dedo en la pantalla. A un dedo, pero lo movía como si fuera lujuria. El mozo se fue cantando " para las otras noooo, pa las del norte siiiiiiiiiii"
Il dottttore Danielito lo miró a Tony, que volvía de la última pitada del quinto cigarrillo mañanero. Eh, tony, vos sabés que soy cirujano. Me pagaron con una partida de lucecitas de colores. Cuantas, dijo el tony, para seguir la conversación. Todas, dijo Danielito. Eran para una fiesta en un pueblo cercano. Cambiaron el presidente comunal. Eran para iluminar todo el pueblo. El tony no quería seguir la conversación, pero se estaba quedando solo, había pedido un fernet. Contestó, como para seguir el juego ¿eran muchas, de qué cantidad estamos hablando? Antes del 10 de enero me las traen, están en un conteiner. Las contamos, hacemos inventario, las vendemos. Podemos hacer negocio, eh, tony, yo de esas cosas no entiendo mucho.
El tony necesitaba otro cigarrillo y el fernet todo rápido, rápido, después precisaba la soledad para decir una sola frase. Una sola.