Martes 30 de Agosto de 2022
A Ernesto Fidel R. lo encontraron gravemente herido con un disparo en la cabeza en la casa un amigo en barrio Belgrano. El relato del dueño de casa era algo confuso: primero habló de un robo, luego de un intento de suicidio. Finalmente quedó demorado hasta que se aclararan esas inconsistencias y ayer, poco más de dos años después, Oscar David D’Ambrosio comenzó a ser juzgado con un pedido de 15 años de prisión por el intento de homicidio de su amigo.
Según la acusación formulada por la fiscal de Homicidios Georgina Pairola, ambos discutieron por una cuestión de dinero que el acusado intentó saldar disparándole a la cabeza a Ernesto. Luego enterró el arma en el patio y les dijo a sus vecinos que llamaran al 911.
El herido logró sobrevivir pero la vida no volvió a ser la misma para este hombre que entonces tenía 53 años. El disparo le causó serias lesiones neurológicas por las que quedó incapacitado y necesita la ayuda permanente de terceros para resolver cuestiones de la vida cotidiana. La fiscal planteó en sus alegatos de apertura del juicio que, producto de las secuelas incapacitantes, la víctima vive en un geriátrico. No puede caminar ni comer solo, tampoco ir al baño sin asistencia. “No puede trabajar ni llevar a su hijo a la cancha a ver a Central, el equipo de su pasión”, graficó Pairola.
A la cabeza
El juicio oral y público por el caso comenzó ayer en la sala 8 del Centro de Justicia Penal (CJP) de Sarmiento y Virasoro. Ante el tribunal integrado por los jueces Ismael Manfrín, Nicolás Vico Gimena y Román Lanzón, la fiscal Pairola solicitó que D’Ambrosio sea condenado a 15 años de prisión como autor de los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y portación ilegal de arma de guerra.
El ataque ocurrió el 1º de julio de 2020 en la casa del imputado, en la calle Pampa al 6100, casi esquina Barra. Ese miércoles a las 2.50 de la madrugada los vecinos de barrio Belgrano llamaron a la policía para avisar que había una persona herida de un balazo en esa casa.
Los médicos del Sies que llegaron al lugar encontraron a R. tendido en el suelo y gravemente herido por un disparo en la región parietal derecha del cráneo y lo trasladaron de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca).
Los policías, en tanto, se dedicaron a entrevistar al amigo de la víctima. Oscar brindó un relato confuso de la situación. Primero dijo que había ido al baño y escuchó el tiro. Luego dio la versión de un intento de suicidio.
A partir de las contradicciones en su relato quedó demorado y luego del acopio de evidencias —entre ellas el hallazgo de un revólver calibre 38 que contenía en su interior cinco proyectiles intactos y no estaba registrado— terminó imputado por el intento de homicidio de su amigo. Desde aquel momento D’Ambrosio está preso.
Por la espalda
Según expuso ante los jueces la fiscal en su alegato de apertura, por entonces Ernesto estaba viviendo circunstancialmente en la casa del acusado dado que poco antes se había separado de su esposa: “Ese día, en el marco de una nimia discusión por dinero, D’Ambrosio intentó acabar con la vida de R. Estaban juntos en el comedor de la vivienda cuando, de un momento a otro, se dirigió a su habitación, tomó su revólver, se acercó por detrás y disparó directamente contra la cabeza de la víctima”.
Pairola indicó que, luego del disparo, “y a fin de enmascarar su conducta”, el acusado “fue a buscar a su vecino para que llame al 911, pero no sin antes enterrar el arma homicida entre escombros y tierra del patio trasero”.
Según la fiscal, D’Ambrosio cambió su versión de los hechos al enterarse de que su amigo aún tenía esperanzas de vida: “Al arribar la policía al lugar dijo que alguien había ingresado a su domicilio y le había disparado a su amigo con intención de robarle”, pero al enterarse de que R. tenía chances de sobrevivir “se escudó en decir que había sido un intento fracasado de suicidio”.
R. estuvo internado en grave estado en el Heca y luego fue derivado al Instituto de Lucha Antipoliomielítica y Rehabilitación del Lisiado (Ilar) para el tratamiento de las secuelas. En la actualidad vive en un geriátrico debido que sufrió lesiones incapacitantes y “no puede caminar, no puede ir al baño sin asistencia, no se puede bañar, no puede vivir sin la ayuda permanente y constante de otra persona”. Para respaldar su planteo, el juicio contará con el testimonio de la propia víctima, de sus familiares, un amigo y los vecinos que llamaron al 911.
Años de amistad
Por su parte el defensor público Darío Pangrazi planteó que no existen pruebas suficientes para una condena porque se trata de un caso de testigo único en el cual sólo la palabra del damnificado puede dar cuenta de lo que ocurrió dentro de la vivienda. En ese sentido el abogado solicitó al tribunal que tenga en cuenta esa cuestión al momento de valorar el caso para emitir su sentencia.
El defensor también planteó dudas respecto al supuesto móvil del ataque, teniendo en cuenta que a la víctima y al imputado —que lleva más de dos años en prisión preventiva— los unía una amistad de muchos años.
En ese orden, la fiscal anunció para probar la mecánica del hecho brindará su testimonio el personal de Criminalística que acudió al lugar del hecho y del laboratorio biológico, el área que analizó los residuos de disparo del arma y la presencia de sangre en los elementos secuestrados, además de los peritos que realizaron el examen balístico del arma secuestrada. Asimismo, también expondrán en el debate los profesionales de la salud que trataron a R. para dar cuenta de las secuelas y gravedad del disparo.