Jueves 28 de Julio de 2011
Puede parecer acomodaticio o fácil opinar con los números puestos. Pero para ser honesto esta columna iba a ser publicada la semana pasada, antes de las elecciones a gobernador de Santa Fe. No pude ocultar entre mis amigos la vergüenza ajena que me dio la presencia del candidato Miguel en el debate organizado por La Capital, Canal 5 y La Ocho, así como la indignación que me provocó el cierre de su campaña en el programa de su antigua empleadora Susana. Para mi gusto, fue jugar sucio. Y ni hablar del susto que me invadió el domingo en pleno escrutinio (espero que Lilita también se ría de sus números el 23 de octubre) cuando pensé que las instituciones de la democracia, que todos hemos contribuido a consolidar, iban a quedar en manos de un payaso, no por tal, claro, sino por advenedizo. Y me fui a dormir un poco preocupado...