Domingo 06 de Noviembre de 2011
Estuve mirando en el diccionario, dijo Roberto. Todos sonrieron. En el sitio, la escuela, la academia donde Roberto intenta convertirse en un hombre digital, pese a su pasado analógico, deben trabajar psicólogos, porque no se inmutó. Estuve mirando en el diccionario, dijo Roberto, y aguas mayores, hacer aguas mayores, es ir de cuerpo.
Qué es "eso", preguntó el Lalo. Eso es ir de cuerpo. Ya lo dije. No es preciso aclarar demasiado porque oscurece. Aguas mayores es la mas grande de las necesidades, la otra es la menor de las necesidades. Que a nuestra edad es la más común, dijo Lalo, en una confesión de adultez que nadie esperaba.
Tony prendió un cigarrillo, irrespetuosamente, y se fue hacia la puerta. Miraba silenciosamente desde el dintel. Se puede saber la razón por la que se te ocurrió fijarte en "eso" en el diccionario, preguntó curiosa, repentina, sospechosamente interesado. Porque es fácil, contestó Roberto.
El Cordobés fue quien trajo otra confesión que no esperábamos. Yo me pelié con el guardia del banco, ese cuñao no me dejaba hacer eso en el banco. Qué es eso, insistió el Lalo, que -seguro- había tenido una mala noche. Suele suceder, de hecho sucede. Uno empieza a dar vueltas en la cama, no se duerme, piensa en las cuentas, el dólar que sube, el dólar que se baja, el dólar que se esconde. Eso es eso: es aguas mayores en el banco.
Qué banco, preguntó Tony. El humo, caprichos del viento, entraba hacia la mesa. Todos estábamos esperando al mozo, con la primera remesa de frutos del mar, pequeñas anchoas, las mojarritas, en fin, todo terminaría con gambas al ajillo, las porciones de calamaretes fritos y rabas recién fritadas. Cuando un hombre espera la comida tiene cierta parte del cerebro atrofiada, su pecho se empieza a llenar de olores, las glándulas salivales trabajan a destajo. Se atiende poco a las cosas externas, cuando un placer elemental ocupa su lugar. Si son otros los placeres el asunto es igual, las glándulas especiales hacen lo suyo y el cerebro se vuelve monocolor o mononeuronal. Imposible explicar estas cuestiones a los niños, los psicólogos o las mujeres. No entienden todavía, pretenden entender demasiado y no entenderán nunca, respectivamente.
En calle Santa Fe los bancos son todos iguales, no te dejan entrar al baño, afirmó el Cordobés, con cierto resentimiento, como guardando un rencor en la solapa. Los vuá a esperar. Ya van a venir con el caballo cansao, amenazó mientras se dedicaba a preparar su vaso para el ferné.
Estaba de turno el Tucumano, quien tiene el vicio de negar que oye. ¿Como dijo? Pide que le repitan los pedidos hasta tres veces. ¿Como dice que me dijo? Si advierte contradicciones insiste, saca un papel y anota todo. El Tucumano es lentísimo. Nada que una buena propina no arregle.
No tienen obligación de prestar el baño a cualquiera, dijo Roberto. Eso es cierto en los bares, aclaró Tony. Hay mucha gente que vaga por las calles y quiere hacer sus cosas en cualquier lado. Cualquier lado sería la calle. Justo. Eso hacen los "ómmeles". Perdón, dijo Tony. ¿Qué dijiste? Los que viven en la calle. Home less, se dice. Bueno, esos. Como la veterana en la plaza San Martín. Uy, si hacen la cochera subterránea tendrán que sacarla a la veterana. Y a los perros. Y las pilchas que acumula frente al banco. Como al que duerme en Sarmiento y Mendoza. Pero allí, en la escalinata de la Lavardén no proyectan cocheras subterráneas. Por ahora, apenas calculen que es buen negocio las propondrán. Eso es un lío, si es iniciativa privada el privado tiene derecho a proponer lo que sea bueno para su negocio. Cuando conversan todos juntos nadie entiende nada.
El Lalo es evidente que ha tenido un pasado de empleado público o inspector. De algunos temas sabe demasiado. Te explico, dijo. Cuando uno pide permiso para habilitar un salón al público debe dejar constancia que el baño es eso: público. Es una avivada de los dueños insistir con el cartelito: sólo lo usarán los clientes. No es así.
A veces los inspectores también van al baño, dijo el Cordobés, ya distraído. El segundo ferné, en los adultos mayores, provoca somnolencia. Con el tercero el Cordobés se ríe de cualquier cosa. Las ganas vienen en cualquier momento, acotó Roberto. Eso es cierto, dijo el Cordobés y empezó a reírse. Miré su copa, estaba llena nuevamente, por tanto el cuarto ferné estaba empezando su camino.
Lo que pasa, siguió Lalo, es que los bancos no han sido construidos como bancos. Eso no lo entiendo dijo el Colo, recién llegado, tostado, fresco, mas gordo. Feliz. Las ventas lo ponen feliz al Colo, de modo que, seguro, fue una buena semana. Vinchitas, trapitos. Tenía vendedores propios en la Feria de Colectividades. El Colo repitió: eso no lo entiendo, un banco es un banco. Cheques, depósito, cajero automático. Lalo estaba en maestro. Si, pero no. Habilitan sucursales en sitios donde el movimiento de clientes es importante y adaptan casas, casa de familia, viejos locales. Si dejan entrar al baño te dejan, prácticamente, entrar al tesoro. No pueden. Está mal, dijo el Cordobés, recuperado para la causa del pichí rum. Está muy mal. Banco Central, una división del Ministerio de Economía, el permiso viene de algún lado. O no viene y la apertura es precaria.
Tony estaba lúcido y lejano. Si atienden a personas mayores deben tener previsto una silla, una descompostura, un baño. Para personas mayores y aguas mayores, dijo el Cordobés, y empezó a reírse. Comprobado. El ferné es el mejor reconstituyente de la alegría por nada.
Esteeee, el Colo quería decir algo, no se animaba, pero debía decirlo. Yo el tema lo estudié, Lalo. Averigüé. Está todo resuelto. Baños químicos. ¿Dónde? En cualquier parte. Compré 25 carcazas o gabinetes, 50 tanques depósitos, para reponer los que se llenan, todos los productos de limpieza y dos Rastrojeros, dos monos pesados y una grúa gancho para cargarlos. Cargar qué, dijo Tony. Los baños químicos. En Vladimir, zona entrerriana, en Deja Vú, zona entrerriana, del lado de afuera de la Feria de las Colectividades. En avenida Pellegrini y parque de la Independencia para los corsos. ¿Qué corsos?, dijo el Lalo. ¿Cuánto cobrás por baño químico?, preguntó Roberto. Los legales cobran 400 el día, con una reposición de limpieza cada 24 horas. ¿Y vos? Doscientos con descarga legal, más allá de Ayolas. Dos pesos por metro cúbico que se descargue. Una pavada.
¿Vos estás seguro de lo que estás diciendo?, dijo Lalo. El Coloradito se asustó. Todavía no cerré el negocio. Es un descargadero oficial. M'hijo tiene casa en Fisherton y usa el camión atmosférico, dijo Roberto. Lo están estafando. ¿Las aguas servidas de Fisherton van hasta Ayolas?, dijo el Cordobés. El Coloradito vio la vía de escape. Peor sos vos, Cordobés, que participaste en la construcción de la autopista a Córdoba y no hay pichí rum en 400 kilómetros. Ni lugar para cargar nafta, dijo Tony. Una cosa trae la otra, dijo el Colo, aliviado. El tema se estaba dispersando. Entró el mozo y dijo: las tapas están para chuparse los dedos. No es el momento, varón, contestó el Cordobés, riéndose.