Lunes 01 de Febrero de 2010
No es la primera vez que los accesos a la ciudad de Rosario se convierten en una trampa feroz para los conductores que los transitan, especialmente en horas de la madrugada. Las primeras víctimas de esos delincuentes escondidos en las penumbras fueron los camioneros. Numerosas crónicas se han publicado en este diario sobre los boquilleros que hacían detener el paso de los vehículos de carga para quedarse con parte del cereal que llevaban a puerto. Después, los especialistas en destrozar vidas pusieron su mirada en los autos y así se sucedieron varios hechos.
La reiteración de denuncias llevó a la Jefatura de la Unidad Regional II a disponer en más de una oportunidad la presencia de patrulleros en los sectores calientes de los accesos a la ciudad. Así, suelen verse móviles estacionados en el acceso Sur y Ayolas, en la avenida de Circunvalación y autopista a Buenos Aires, y en la Circunvalación y Uriburu. Sin embargo, esos controles no son permanentes y parecen no alcanzar para prevenir los certeros ataques a los conductores.
Aunque las denuncias sobre episodios de esa naturaleza se escuchan casi a diario, el último que trascendió públicamente fue bastante confuso y ocurrió a las 20 del 23 de octubre del año pasado cuando Roberto F., de 37 años, conducía un Ford Focus por el acceso Sur y al llegar a Güiraldes (unos 400 metros antes de Uriburu) no pudo esquivar las piedras que había sobre el pavimento. El auto sufrió el reventón de las dos cubiertas del lado izquierdo y el chofer tuvo que detener la marcha. En ese momento, un muchacho se acercó empuñando un revólver para asaltarlo, pero Roberto sacó una pistola que tenía en el interior del auto y efectuó un disparo que alcanzó al agresor.
Otro hecho de esta naturaleza ocurrió a las 10.30 del 2 de agosto de 2008 cuando Eduardo F., un supermercadista de Villa Gobernador Gálvez, conducía un Peugeot 505. El hombre pretendió ingresar al acceso Sur a la altura de la calle Nogués, en la vecina localidad, cuando desde lo alto de un puente le arrojaron piedras sobre el techo del vehículo. Al detener la marcha, Eduardo F. fue abordado por dos delincuentes armados que le robaron 25 mil pesos en efectivo y otros 16 mil en tickets que llevaba a un banco.