Domingo 30 de Agosto de 2009
Victoria.— Es el primer monasterio benedictino fundado en Hispanoamérica, un
emblema para Victoria y un objetivo para muchos habitantes de la región que buscan allí reposo
espiritual. Y tiene historia, mucha historia para contar. La Abadía del Niño Dios cumple 110 años,
y lo celebra con lo mejor que tiene para dar: una misa solemne con sus tradicionales cantos
gregorianos, a la que seguirá la actuación de la Banda Municipal de Música, aunque esto queda
sujeto a las medidas que puedan adoptar los municipales de Victoria.
“La efemérides es por demás propicia para recordar con gratitud el
pasado, vivir con pasión el presente y abrirse con confianza y esperanza al futuro”, expresó
el padre abad, Carlos Martín Oberti. Oberti, citando una frase de Juan Pablo II.
La Abadía fue fundada el 30 de agosto de 1899 por la Abadía de Belloc
(Francia), y es el primer monasterio benedictino de Hispanoamérica. Pertenece a la Orden de San
Benito de Nursia, quien vivió en Italia en el siglo VI y escribió una regla para monjes, con sabias
y equilibradas normas de vida espiritual y de organización.
A fines del siglo XIX el entonces obispo de Paraná, Monseñor Rosendo de
La Lastra y Gordillo —quien soñaba con una comunidad de religiosos para su vasta— se
dirigió a la Abadía de Belloc para concretar su anhelo.
En 1903 el monasterio fue elevado a Priorato Conventual, alcanzó así la
autonomía y en 1929 se erigió como Abadía. El 29 de agosto de 1998, un año antes de cumplir su
centenario, se consagró la nueva iglesia abacial, de estilo neorrománico.
Evangelizadores. Los monjes ejercieron la atención pastoral, y no sólo de Victoria y la
provincia: llevaron a cabo una gran tarea en lugares como Corrientes, donde atendieron el Santuario
de Nuestra Señora de Itatí por casi 20 años; en Azul (Buenos Aires) tuvieron a su cargo un asilo,
una capilla y un colegio, y en la localidad bonaerense de Larramendy se ocuparon de una escuela y
una capilla de campo entre 1917 y 1924.
Otras de las iniciativas que dejaron una profunda impronta cristiana y
benedictina fue la revista El Mensajero de las nimas, fundada y dirigida por los monjes por más de
sesenta años. Asimismo, fundó la de Cristo Rey en El Siambón, Tucumán, en 1956; el Monasterio de La
Pascua en Canelones (Uruguay), en 1976, y en 1982 asumió el Monasterio de San Benito de Llíu-Llíu,
de Limache (Chile).
Educación. “Las autoridades civiles de fines del siglo XIX difícilmente permitirían la
radicación de una orden o congregación religiosa que no se dedicara a actividades educativas o
sociales. Además, los victorienses deseaban desde hacía tiempo una institución que ofreciera
educación cristiana”, señaló Oberti.
Así, los monjes recién llegados erigieron rápidamente un colegio
agrícolo-industrial, que luego se transformó en comercial y funcionó durante la primera mitad del
siglo pasado. También desde 1909 funcionó el Oblatado, donde se formaban niños y jóvenes que luego
serían monjes.
En 1965 se creó el instituto o John F. Kennedy, que abarca los niveles
inicial, primario y secundario. Y en el sector externo del monasterio funciona desde 1983 el
Instituto del Profesorado San Benito, de nivel terciario.
Otras obras. Bajo su lema “ora et labora” (reza y trabaja), la comunidad de la
abadía realiza diversas obras y actividades espirituales, culturales y sociales, como la
construcción de un barrio de viviendas inaugurado en 1971, y atendido por las Hermanas Dominicas
Misioneras.
También nació por iniciativa de los monjes el club social y deportivo
San Benito (1959), y la propia abadía es una importante fuente de trabajo a partir de la
elaboración de los reconocidos productos Monacal, entre los que se destacan licores, miel, jalea
real y remedios fitoterapéuticos.
La Abadía cuenta además con su ya conocida hospedería para retiros
espirituales, donde llegan visitantes del país y hasta del exterior. l