Salarios en crisis: seis de cada diez trabajadores se saltean comidas en el trabajo

Un informe de la UCA revela que la mayoría de los asalariados reduce la cantidad o calidad de sus comidas durante la jornada laboral por motivos económicos

14:05 hs - Martes 10 de Marzo de 2026

La alimentación durante la jornada laboral se convirtió en un reflejo de las desigualdades económicas y del deterioro del poder adquisitivo en la Argentina. Así lo revela el informe “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, en colaboración con la empresa Edenred.

El estudio, basado en una encuesta nacional a 1.171 trabajadores asalariados formales, presenta un panorama crítico: solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de privaciones alimentarias. El 83,5% restante enfrenta algún tipo de vulnerabilidad, ya sea por reducir la cantidad de comida o por resignar calidad nutricional debido a limitaciones económicas.

Uno de los datos más preocupantes es que el 61,1% de los trabajadores admite haber tenido que saltearse alguna comida durante la jornada laboral por falta de recursos. En el detalle, el 46,7% lo hace de manera ocasional y el 14,4% de forma habitual.

La situación es aún más marcada entre los trabajadores jóvenes. El 70,7% de las personas de entre 18 y 29 años reconoce omitir comidas, un ajuste que, según el informe, está directamente vinculado con los salarios iniciales más bajos.

A su vez, el 78,5% de los asalariados asegura haber optado por alimentos más económicos y menos nutritivos para poder alimentarse. Dentro de ese grupo, casi uno de cada cuatro (24,6%) ya incorporó esa elección como una práctica habitual.

“La mayoría de la fuerza laboral no logra cubrir los costos de alimentación durante la jornada con sus ingresos, lo que obliga a sacrificar calidad nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida”, explicó Ianina Tuñón, responsable del informe.

Un gasto creciente

El estudio también dimensiona el impacto económico de la comida diaria. El 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.001 y $10.000 por día para almorzar durante la jornada laboral, mientras que el 20% supera los $10.000 diarios. En ese contexto, la alimentación pasa a funcionar como un “costo operativo” que presiona directamente sobre el salario real.

Frente a este escenario, la demanda de apoyo empresarial es contundente. El 80,4% de los trabajadores se manifiesta a favor de recibir un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad para elegir cómo utilizarlo. El respaldo es aún mayor entre algunos sectores. Entre los trabajadores de la construcción alcanza el 90,1%, mientras que entre los jóvenes llega al 84,9%. En el caso de quienes padecen simultáneamente privaciones en cantidad y calidad de alimentos, el apoyo al beneficio asciende al 91,5%.

Además, el 58,7% de los asalariados considera que recibir este tipo de aporte mejoraría significativamente su bienestar, una percepción que se intensifica entre mujeres, jóvenes y trabajadores del sector público.

Los resultados muestran que la alimentación durante la jornada laboral es una preocupación estructural para los trabajadores argentinos. Que ocho de cada diez asalariados pidan un aporte del empleador con libertad de elección evidencia una demanda concreta, transversal y urgente”, señaló Bárbara Granatelli para Europa, América Latina y Medio Oriente.

Desigualdad según región

El informe también revela fuertes disparidades en el acceso a la alimentación durante la jornada laboral. El 22,6% de los trabajadores directamente no come durante su jornada, una situación que se concentra principalmente en el sector público, en las pequeñas empresas y en determinadas regiones del país. La problemática es particularmente marcada en el Noreste Argentino, donde el 50,1% de los trabajadores declara no alimentarse durante la jornada laboral.

>> Leer más: La suba de la morosidad crediticia se refleja en los balances de los bancos

Las condiciones de infraestructura en el lugar de trabajo también inciden. Entre quienes no cuentan con heladera o microondas, el porcentaje de trabajadores que saltea comidas asciende al 72%.

En cambio, recibir algún aporte del empleador reduce esa incidencia al 43,9%, lo que muestra el impacto que este tipo de beneficios puede tener sobre el bienestar laboral.

Beneficios que no llegan a todos

Pese a esa evidencia, el acceso a este tipo de apoyo sigue siendo limitado. El 55,6% de los trabajadores formales no recibe ningún tipo de contribución de su empleador para alimentarse durante la jornada laboral.

Además, el acceso a estos beneficios presenta un sesgo regresivo: es más frecuente entre los trabajadores con salarios más altos y menos común entre los ingresos bajos. El informe muestra con claridad esa brecha. El 41,8% de quienes perciben ingresos de hasta $800.000 considera que su dieta es poco saludable, mientras que ese porcentaje se reduce al 23,8% entre quienes ganan más de $2.000.000.

El informe concluye que la alimentación durante la jornada laboral constituye un “nudo crítico” que conecta economía, salud y equidad social. Desde esa perspectiva, los investigadores sostienen que garantizar el acceso a una alimentación adecuada en el trabajo no debe interpretarse como un gasto, sino como una inversión estratégica en capital humano y salud pública.

“Mejorar la alimentación laboral implica mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva. Los datos muestran la necesidad de un cambio de paradigma: dejar de considerar la comida laboral como un beneficio discrecional y empezar a entenderla como un pilar del bienestar y la productividad”, resalta el estudio.

El informe se basa en la “Encuesta Alimentación de los Trabajadores Asalariados en Argentina 2025”, realizada por el Observatorio de la Deuda Social Argentina en el marco de un convenio con Edenred. La muestra es representativa a nivel nacional de trabajadores asalariados del sector formal.