Domingo 05 de Abril de 2020
No hay trade-off más inoportuno e inválido que el de plantearse un esquema binario a la hora de elegir entre salud y economía, simplemente porque son vasos comunicantes, indivisibles y mutuamente dependientes.
No hay economía sin salud. Un individuo que carece de un estado sanitario adecuado tiene una limitación o un impedimento para producir, no puede así procurarse los recursos necesarios para su existencia. Lo mismo aplica para una empresa que sin ser saludable en su gestión, puede literalmente fenecer.
Tampoco salud sin economía. Está claro que la salud demanda recursos, inversiones, empresas que brinden servicios, capital humano útil y capacitado, pero por sobre todo capital como insumo critico sobre el que se construye la economía.
Este virus asestó un golpe del que para muchas unidades económicas será letal. Empresas quebrarán, asalariados perderán sus empleos y emprendedores cancelarán sus iniciativas. Otros, desarrollarán nuevas ideas de servicios, modificarán estrategias de negocios y hasta cambiarán de actividad. Oportunidades de la crisis.
Lo que no presenta dudas es que de esta situación saldremos empobrecidos en términos económicos y sanitarios. Quizás al llamado mundo de vanguardia desde la IIGM no se veían obligados a ensayar medidas en tiempos de crisis, en Argentina tenemos la ventaja de vivir en un hormiguero, un campo minado y hace décadas como una cáscara de nuez en medio del un océano, sin rumbo.
El lado B, positivo de esta pandemia se evidencia en la recuperación que la tierra oxigena este proceso de descanso obligado, un justo avance de la naturaleza a tanto daño que el hombre le asesta sin piedad. Este proceso de cuarentena seguramente servirá para el replanteo personal de cada cual, valores, familia, tiempos, prioridades, economía y salud.
¿Por qué y para qué?
Cuando algo nos sucede en la vida cotidiana rápidamente nos preguntamos: ¿Por qué? me sucedió esto. Los expertos, suelen señalar que la consigna correcta es ¿para qué?, es decir, preguntarnos para qué tal acontecimiento se presentó, qué debemos aprender de él, qué debemos capitalizar del suceso y cómo a partir de la respuesta nos vamos a replantear una nueva hoja de ruta.
Con el paso del tiempo, podremos evaluar si de esta situación supimos incorporar (o no) las enseñanzas implícitas que esto trae consigo. Esta etapa que se inaugura requiere de audacia, introspección, una nueva “zona a explorar” desconocida, una rediseño.
Las pestes y plagas acompañan a la humanidad desde que se tienen registros en el mundo griego de Atenas (428 a.c.) y así seguirá siendo parte de esta dinámica. Lo que diferenció a vencedores de vencidos, es la forma en que trabajaron para: evitarla (cuando se pudo), mitigarlas (en el mientras tanto) y en el re-planteo de las prioridades (post-proceso) para recuperar terreno perdido y renacer de las cenizas.
El orthocoronavirinae, el ahora famoso coronavirus mide entre 120 y 160 nm (manómetro) de diámetro. Esta medida NM, equivale a una millonésima parte de un milímetro. Lo imperceptible al ojo humano, nos pone de rodillas. Somos absolutamente vulnerables.
¿Cómo salimos de este encierro?
Pasará, seguramente como todo pasa esta nueva prueba. El punto es salir lo menos goleado posible, tener las energías y además las herramientas para re-surgir.
Los países a los que el virus golpeo primero quizás subestimaron su poder letal (2%), cuando gripes estacionales a lo largo del mundo y promedio anual alcanzan el 8%. De todas formas y en materia económica, sus fondos anti-cíclicos les permiten: asistencias sociales, créditos a empresas a tasa 0 y sin limites, suspensión cobro de impuestos, Estado costeando salarios por 60 días, aplazo de cargas fiscales. En tiempos de guerra, decisiones de fondo, como amerita para salvar a la economía.
Aquí tenemos un mix entre distancia con el foco de origen y medidas sanitarias que tomadas a tiempo nos dan cierto margen de reacción. Las medidas económicas son tan tibias y desenfocadas en proteger al empresario (héroe impositivo) y emprendedor (soñador), que estimo dada la dinámica de la crisis, pronto serán las adecuadas. No pierdo la esperanza. Miles de pymes podrían sentenciar su futuro.
Seamos positivos en este escenario. Tenemos una oportunidad, aunque parezca mentira que 80 años después y haciendo casi todo mal en materia económica, la taba nos de una nueva chance, una más. Hoy es tiempo de priorizar, de planificar y armarnos de herramientas. Parece mentira que nuestros pilotos no aprendan las lecciones básicas de economía.
Mirando hacia atrás y ver que no tenemos resto ni para los insumos, nos obliga a un ejercicio de prioridades urgente. La economía mal administrada margina y cuenta mas muertes que el Covid-19. Así como la cuarentena es burlada por los pícaros argentos, llegó la hora de las decisiones importantes y adecuadas. Es que, en el mismo momento del tiempo que argentina se empobreció dramáticamente, empresarios, sindicalistas y dirigentes fueron tremendamente exitosos en sus gestiones individuales, convirtiéndose en millonarios y los únicos ganadores del modelo a expensas de los que hoy dicen ayudar. Ya basta. ¿Será que vienen vientos de cambios en que la avaricia, el egoísmo y la corrupción, dan lugar al: crédito, ahorro, inversión y al re-armar un país como el soñado por J. B. Alberdi?
Siempre creímos a la Argentina como rica por su suelo, clima y recursos. La verdad es que somos pobres, porque la riqueza no depende del suelo sino del producto que el hombre transforma de ella. El trabajo es un proceso generador de riquezas y un ordenador social. Resultados: más pobres y marginados. Son datos. No somos ricos por disponer de todos los climas. Somos pobres porque destruimos la producción y el comercio con impuestos impagables, con regulaciones obsoletas y con un proteccionismo que nos devuelve la cara mas hostil. Necesitaremos para re-vivir, un Estado facilitador, que sea el oxígeno en estas circunstancias. No hay mas espacio a la presión fiscal y regulaciones inhibidoras. De no ser así, que Dios nos ayude.