Los estadísticos de Rosario: 75 años de historia
El 12 de marzo de 1948 se fundó la carrera de Estadístico Matemático en la ciudad. Argentina fue el primer país de habla española en tener esta formación universitaria. La labor del profesor Carlos Dieulefait y los cambios a través del tiempo

Martes 05 de Septiembre de 2023

El 12 de marzo del año 1948 se fundó la carrera de Estadístico Matemático en Rosario. Para entender la importancia de ese hecho es suficiente recordar que fue el primer país de habla española, en formar profesionales estadísticos a nivel universitario.

Han transcurrido 75 años desde aquel momento que, a la luz del impulso que animó a sus fundadores, resulta de plena justicia reconocerlo como histórico. No solamente en el predio particular de la estadística sino también como un logro valioso de la sociedad en busca de perfeccionarse y fortalecer el desarrollo humano de sus integrantes.

Creo que es conveniente destacar la claridad conceptual y el profundo entendimiento de cómo debía ser la formación de los estadísticos matemáticos, para que su desempeño en los diversos campos rindiera los frutos que el aporte de la estadística promete como rectora de la experiencia y prudente avizora del devenir en su desarrollo y perspectivas.

Una dinámica especial animó al grupo pionero, que con encomiable esfuerzo y dedicación condujeron una estricta y exigente formación teórica con un temprano y también intenso contacto con las cuestiones prácticas, que en torno de los datos convocan una trama de relaciones humanas, de urgencias y prioridades, de necesidades y recursos, que constituye el verdadero campo en el que la estadística debe dar su batalla. La estadística, avanzada audaz de. la razón humana, batiéndose en medio de la incertidumbre y el riesgo.

Así durante los dos primeros años (1948 y 1949) informa el Profesor Guido Liserre, ingresaron a la carrera 104 alumnos. Otro dato interesante, como antecedente, es el número de egresados a partir de 1951, teniendo en cuenta que la carrera duraba tres años. En la década 1951-1960 egresaron en promedio, 7,3 graduados por año. Es importante retener esa cifra de egresos por año, con un mínimo de 1 y un máximo de 13.

El destino de esos primeros estadísticos fue cubrir importantes puestos en organismos públicos y empresas, lo que visibilizó la carrera. Se comenzó a hablar de los “estadísticos de Rosario”.

El ascenso

Mientras los hechos sucedidos durante aquellos años iniciales se alejan en el tiempo, duele la ausencia de una memoria que haga justicia de aquella labor épica, rescatando las huellas de los pasos dados entonces.

La estadística era la buena nueva que, con celo apostólico, pregonaban incansablemente, de lunes a sábado, los fundadores de la carrera.

El mandato hacia los discípulos era “¡creced!” y, frente al mundo que observaba con curiosidad, proclamaban “¡multiplicaos!”. Expresaban un Génesis laico de un mundo que se estaba formando.

Hoy podemos reconocer la importancia de esos gestos, que destacan el servicio que los fundadores se propusieron prestar a la nación, al preparar rigurosamente a los profesionales que contribuirían a colocar a lo largo y a lo ancho del país, los cimientos de un servicio estadístico nacional, según los dictados de la ciencia estadística y de las buenas prácticas reconocidas.

La década del 70, vista en perspectiva, refleja un momento de especial importancia en el desarrollo de la profesión estadística y abre una etapa cargada de expectativas.

Las estadísticas públicas

En 1968 fue sancionada la ley 17622, en cuya redacción tuvieron directa participación el profesor Carlos E. Dieulefait y la doctora Clotilde Bula, de la Escuela de Estadística de Rosario, junto al profesor Fausto Toranzo de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Esa ley marcó un quiebre en la visión burocrática en que habían caído las estadísticas publicas argentinas y propuso altos estándares de organización y calidad.

Aunque hoy puede cuestionarse el tinte tecnocrático de su concepción, la nueva ley fue la “ley posible” en ese momento. Así lo entendió el profesor Dieulefait, que en charlas privadas se refería a las limitaciones de la ley, considerando que era un primer paso en un camino a recorrer.

El modelo que él prefería contemplaba la organización de un Consejo Nacional de Estadística, que recogiera las necesidades del país y contribuyera al diseño de una estrategia nacional de estadística.

El proceso de adhesión a la nueva ley, que tuvo lugar en las provincias, responsables de las estadísticas oficiales según la Constitución, produjo una saludable renovación en las oficinas provinciales,

En pocos años la muchas de ellas fueron dirigidas por estadísticos graduados en Rosario. Eso provocó naturalmente nuevas convocatorias, cuando esos responsables requirieron la presencia de otros colegas, para fortalecer técnicamente a las direcciones provinciales.

Se produjo así una demanda de profesionales en dependencias del Sistema Estadístico Nacional, que alimento la esperanza de que la profesión se consolidara y desempeñara el papel que los fundadores de la carrera imaginaron para ella.

Es interesante considerar la influencia que ejerció esa mayoría de directores provinciales con formación Estadística, ya fueran egresados de Rosario o funcionarios con idoneidad, interés y compromiso como efectivos “estadísticos administrativos”.

Por ejemplo, las reuniones de directores provinciales convocada por el Indec alcanzaron una dinámica e intensidad muy elogiable, influenciadas por la cultura común que compartían todos los participantes. Vale decir todos, porque esa mayoría, técnicamente sólida, lograba ganar la simpatía y la adhesión de los colegas menos especializados, pero igualmente comprometidos. Y eso fue altamente positivo y beneficioso para todo el sistema.

Logros

Es oportuno señalar que ese proceso y las condiciones imperantes en las provincias fueron un factor determinante del éxito del Censo de 1980, que fue dirigido por un equipo de claro perfil estadístico.

Parecía que el sistema propuesto en la ley 17622, de centralización normativa y descentralización ejecutiva, finalmente se plasmaría en la realidad, en un equilibrado balance entre los intereses nacionales y la rica diversidad del mosaico provincial.

Las reuniones regionales favorecieron que se pusiera el foco en las necesidades locales, que al nivel de pequeños grupos de provincias vecinas permitieron compartir experiencias y facilitaron la cooperación horizontal.

En paralelo, la cantidad de Estadísticos trabajando mancomunados, llevo al despertar de la conciencia colectiva en la profesión. Como consecuencia. Surgieron la Asociación de Graduados en Estadística de Rosario y el Colegio de Graduados en Estadística de Buenos Aires.

La Asociación logró avanzar hasta lograr la inclusión de los Estadísticos en el CPCE de Santa Fe, que hasta el presente es el único lugar del país donde ha sido regulado el ejercicio profesional.

El alma de la estadística

La situación existente nos lleva a preguntarnos qué se ha perdido o ganado por el largo camino recorrido desde aquellos lejanos días de 1948. Enormes cambios han tenido lugar en el mundo y muchos impactan directamente sobre nuestra disciplina. Por citar, las tecnologías de informática y comunicaciones han cambiado radicalmente el escenario de la estadística. De un mundo de escasez y privaciones, hemos ingresado en uno de abundancia creciente y correlativo poder.

Sin embargo, hay una constante, en medio de las turbulencias y multiplicidades técnicas. Aquello que Liserre invoco en su resumen y que llamó “espíritu estadístico”.

¿A qué se refería?

Ese espíritu estadístico se ha ido revelando a lo largo de décadas. Y aparece como el soplo vital que anima la frondosidad de las técnicas, como la llave que hace de la Estadística un eje cultural que no es ajeno a nadie, ¿Qué late bajo la frondosa diversidad de las técnicas? Dudas e inseguridades, que provienen del hecho incontrastable que la verdad, en toda su compleja realidad, no puede encontrarse despejando una incógnita, bajo un entramado de supuestos, de dudosa verificación y cumplimiento.

Solamente arribamos a grados de verosimilitud, precarios y condicionales. Suscribimos convenios, conjeturales y transitorios, en los cuales basamos nuestras decisiones.

Frente a la explosión de datos que caracteriza nuestra época, cabe preguntarse: ¿Qué queda de la estadística si se le quitan todos los datos? Queda la curiosidad, la sed de aprender, ese proceso en el que la razón metaboliza los nutrientes que la observación registra y la memoria almacena. Sin el aprendizaje no existe humanidad en nosotros.

Creo que no traiciono las palabras de Liserre, cuando se refería hace más de 70 años, a la formación del “espíritu estadístico”. Porque es en el espíritu donde se da la batalla del conocimiento. Donde arraiga la búsqueda de la verdad como propósito y voluntad.

Estadística es más que una deslumbrante colección de técnicas, que nos van proporcionando herramientas cada vez más poderosas, para que la búsqueda sea más rigurosa y precisa, y los resultados más relevantes, oportunos, confiables y accesibles.

Estadísticos de Rosario

Practicando la estadística en las últimas décadas, hemos entendido que hay de pasajero o novedoso en la disciplina y que hay de invariable, de propio y esencial. Esas calidades que la convierten en una valiosa condición humana hacen posible que la estadística tenga una vida social, que pueda circular y compartirse, que constituya un medio para que funcionen mejor las organizaciones humanas: el gobierno, las empresas, el tercer sector, así como que los individuos puedan tomar mejores decisiones en sus vidas personales.

Hablar de educación estadística, es reconocer que una sociedad moderna y abierta, requiere de ciudadanos alfabetizados estadísticamente, en primer lugar, capaces de aprender con los datos, de manera que ese “espíritu estadístico” module la conversación, privada o pública.

Una vez que el alma es tocada por el misterioso azar, y se reconoce la necesidad de los datos para encontrar el rumbo en medio de una realidad donde impera la incertidumbre, será posible darle sentido a la información disponible. Sentido en términos de relevancia, oportunidad, confiabilidad y accesibilidad, que son la roca sobre la cual se construye una sociedad moderna.

Hago votos para que esa estadística cívica, enerve todo el cuerpo de la república y consolide finalmente un profundo compromiso entre democracia y estadística, como clave de una convivencia racional y solidaria.