Viernes 26 de Septiembre de 2008
Es una dramática carrera contrarreloj: Mientras demócratas y republicanos libran en Washington una batalla campal en torno al megapaquete de rescate para el sector financiero, la crisis crediticia estadounidense hace que caiga un banco tras otro. La última víctima con una dimensión histórica es la otrora líder en el sector de las cajas de ahorro estadounidenses Washington Mutual (WaMu) fue adquirida en el último momento por el grupo financiero J.P. Morgan Chase a un precio ganga.
La mayor quiebra de bancos en la historia de Estados Unidos pone amargamente de manifiesto que todavía queda mucho para divisar el final de la crisis. Y el sector se pregunta conmocionado: “¿Cuál será la siguiente en caer?” La espectacular bancarrota de WaMu sorprendió a los expertos por sus dimensiones y por la velocidad con que se produjo. Aunque todos conocían las millonarias pérdidas del banco, que se había centrado en el negocio de las hipotecas durante el boom inmobiliario, en la bolsa era tratada como candidata a realizar adquisiciones. Y, de pronto, quiebra.
La Oficina de Supervisión de las Instituciones de Ahorro (OTS) cortó por lo sano: asumió el control de WaMu, vendió las “partes buenas” y dejó caer el resto, en perjuicio de accionistas y acreedores. El único objetivo de las autoridades es evitar que cunda el pánico. Todos los depósitos están garantizados por el nuevo propietario J.P. Morgan Chase, asegura incansablmente la OTS. No fue necesario hacer uso del fondo estatal de seguridad como último recurso.
En los últimos días, el miedo de los clientes les hizo retirar en total casi 17.000 millones de dólares cuando vieron que la cotización de las acciones estaba tocando fondo. Y la sentencia de muerte la dictaron las agencias de tasación, que degradaron a WaMu a valor “chatarra”. Como fichas de dominó, en los últimos 14 días fueron cayendo una entidad financiera tras otra, desde el banco de inversión Lehman Brothers hasta la gigante aseguradora AIG. Sin embargo, tras el nuevo shock hoy llegó un poco de alivio: “Es bueno que con la adquisición de WaMu se haya evitado una crisis del sistema”, dijo el analista de Fráncfort Dirk Becker.
No obstante, el hecho de que acreedores y accionistas se vayan con las manos vacías no alienta precisamente la confianza. “Si no se aprueba el paquete de reformas del gobierno estadounidense podría desatarse una catástrofe”, opina el experto. “No es el momento de disputas electoralistas”, opina también Robert Halver, analista del banco alemán Baader Bank. “Si el debate se alarga demasiado, los pacientes alemanes podrían acabar clínicamente muertos”. Para WaMu, toda ayuda llega demasiado tarde.
Desde la mañana de hoy, el nombre de J.P. Morgan Chase luce en las primeras de las 2.200 filiales. Que J.P. Morgan Chase, uno de los principales bancos estadounidenses, es uno de los ganadores de la crisis se hace cada vez más patente: el presidente del grupo, Jamie Dimon, se ha convertido en un cazador de gangas entre los escombros, primero con la compra de Bear Stearns hace unos meses y ahora con WaMu. El empresario de 52 años hizo que el grupo rival Citigrup alcanzara su actual tamaño, pero se marchó en 1998 debido a una disputa. Desde 2006 repite la expansión, ahora desde la cúpula de J.P. Morgan, y hasta el momento se ha manejado mejor que la mayoría de sus rivales en la crisis financiera.
También el legendario inversor y multimillonario estadounidense Warren Buffet considera que las turbulencias ofrecen grandes posibilidades. Así, lanzó una poderosa señal de esperanza al sector e invirtió 5.000 millones de dólares en Goldman Sachs. “Dentro de cinco o diez años volveremos la vista atrás y nos diremos que se podrían haber hecho negocios extraordinarios”.