Domingo 01 de Septiembre de 2019
Los argentinos viven fugando capitales. Ocurrió en los años 2008 y 2011. Desde que asumió Mauricio Macri que se fugan dólares del país. Houston estamos en problemas.
La fuga de capitales no es algo nuevo. En el gobierno kirchnerista entre 2003 y 2015 hubo dos años con fuerte fuga de capitales, el primero fue en el 2008 que es el mismo momento que el Estado estatiza las AFJP. La formación de activos externos sumó U$S 23.098 millones. El segundo momento de tensión se vive en el año 2011, cuando Cristina Fernández gana holgadamente la elección y el mercado descuenta que van a poner el cepo al dólar. En ese año, la formación de activos externos sumó u$s 21.504 millones.
Desde el año 2012 en adelante, el gobierno de Cristina Fernández impuso un duro cepo y alto control a la salida de capitales. Eso terminó con la llegada del gobierno de Mauricio Macri.
En el gobierno macrista, la formación de activos externos sumó en el año 2016 u$s 9.951 millones, en 2017 u$s 22.148 millones, en 2018 u$s 27.230 millones y en siete meses del año 2019 u$s 13.827 millones. En total la formación de activos externos sumo u$s 73.156 millones, de los cuales u$s 56.190 millones son compra de dólares billetes para atesoramiento.
Si observamos atentamente estas cifras podemos apreciar que la salida de capitales no comenzó hace dos semanas atrás. Ente los años 2017 y 2018 emigraron del país u$s 49.378 millones, que son el 88% del total de la formación de activos externos.
Si tomamos los ingresos y egresos de la inversión de cartera en Argentina, observaremos que desde abril de 2018 vemos una salida de capitales especulativos muy importantes. Casualmente el mes y el año coinciden con el inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que luego devino en un cierre al financiamiento a todo el mundo emergente. En 16 meses de crisis salieron u$s 10.786 millones, y en los últimos 12 meses se fueron u$s 7.269 millones.
Lo que pretendemos expresar es que el problema de fuga de capitales argentinos tuvo como antesala la puesta en escena del 28 de diciembre de 2017 cuando el gobierno se entromete en la política monetaria y cambiaria del Banco Central, escala este problema con el corte de financiamiento internacional, cuando Estados Unidos le pone aranceles a China, y se viene un corte de crédito para el mundo emergente. Este episodio sumado a una sequía que el gobierno nunca vio, y se anotició cuando la cosecha lo cacheteaba con menos cantidades, precipitó una falta de competencia para sobrellevar la crisis que nos colocó en la situación actual.
La salida de capitales del país dejó desfinanciado a todo el sistema productivo y generó una crisis de magnitudes impensadas. En el año 2016, el PBI cayó 1,8%, en el 2017 el PBI subió el 2,4% y en el año 2018 descendió el 2,5%. Para el año 2019 se espera una baja del PBI de aproximadamente el 2,5%.
Bajo el gobierno de Mauricio Macri la salida de capitales fue una constante. A pesar de ganar las elecciones de mitad de mandato, la formación de activos externos creció, ya sea girando dólares al exterior o acopiando billetes físicos.
Los argentinos no invirtieron en el país, producto de que las condiciones económicas no eran las adecuadas. No había posibilidades ciertas de que el consumo interno creciera en medio del proceso de ajuste de los servicios públicos, que quitaron poder adquisitivo a los asalariados.
Por el lado de la exportación, un mix de altos impuestos y un tipo de cambio bajo producto de una política monetaria errada, que no invitaba a invertir en proyectos ligados a al mercado externo.
Sin inversión a la vista, con un mercado laboral regulado, falta de infraestructura, tipo de cambio bajo, tasas de interés reales positivas y escaso financiamiento, Argentina no era atractiva para hacer negocios.
El gobierno llevó adelante un blanqueo impositivo con fines exclusivamente recaudatorios. No hubo ningún incentivo a invertir el dinero que se blanqueó, y mayoritariamente el dinero se quedó en el exterior.
La posición de inversión internacional que informa el Indec nos dice que los activos de los argentinos en el exterior suman u$s 379.246 millones al primer trimestre del año 2019, y nuestro PBI suma a dicha fecha U$S 404.928 millones. Esto implica que tenemos en el exterior un 94% del PBI. Es un claro problema de confianza, no económico.
Los problemas que vivimos en la actualidad no son el emergente de la elección Paso, son problemas que existen en este gobierno desde el día que asumió, dado que realizó un muy mal diagnóstico de los problemas de nuestra economía, relativizó los problemas heredados, creyó que con su sola presencia llegarían las inversiones, y no entendió la idiosincrasia del inversor argentino que, lejos de apoyar , prefirió replegarse.
Los que sacaron la mayoría de votos en las Paso son los que entre los años 2003 y 2015 dejaron al país con profundos problemas económicos estructurales, destrozaron los precios relativos productos de la descapitalización de las empresas energéticas con subsidios inauditos sobre energía, gas y combustible, estatizaron empresas, rifaron las reservas del Banco Central, gastaron por encima de sus posibilidades y realizaron un apagón estadístico en el Indec para que las cifras de su gestión quedaran a oscuras.
Lo curioso de esta coyuntura, es que ambas facciones políticas no quieren juntarse para solucionar el problema, pretenden acelerar contradicciones, potenciar conflictos y nos llevan invariablemente a un escenario de crisis.
Pronosticar la salida rápida de este proceso sería absurdo, creer que vamos a explotar sería poco serio, la economía argentina la hacemos todos, la estamos pasando mal, pero la clase política debería dar el ejemplo y unirse en busca de soluciones.
La deuda y su estallido
A fines de julio, la Fundación Pueblos del Sur, que dirigen los economistas rosarinos Daniel y Esteban Guida, publicó la actualización del informe sobre la deuda pública argentina, que elaboran anualmente en base a la información pública. Allí se expone la radiografía del endeudamiento:
• En tres años, los pasivos brutos emitidos por el Estado nacional crecieron un 40% y la deuda en manos de residentes extranjeros se expandió un 170%. Al 30 de junio de 2019, la deuda pública bruta era de 337.235 millones de dólares, un 98% del PIB. Por su parte, la deuda pública externa llegó a 171.865 millones de dólares, lo que representa aproximadamente un 50% del PIB.
• El proceso de endeudamiento se caracteriza por el deterioro en la solvencia de la economía, puesto que el peso de la deuda pública en moneda extranjera sobre las exportaciones pasó de 212,6% en 2015 a 420% en junio de 2019, mientras que la deuda en manos de residentes extranjeros como porcentaje de las ventas al exterior creció de 90,8% en 2015 al 279% en la actualidad.
• El endeudamiento público estuvo estrechamente vinculado a la fuga de capitales, que evidenció un notable crecimiento en los últimos años. Entre diciembre de 2015 y mayo de 2019, se “fugaron” divisas por un total de 107.994 millones de dólares en concepto de Formación de Activos Externos del sector privado no financiero, turismo y giro de utilidades.
• Mientras a diciembre de 2015 los vencimientos en el corto plazo estaban mayormente caracterizados por la deuda en pesos con organismos del Estado nacional; en la actualidad se trata de moneda extranjera en manos de no residentes. Para los próximos cuatro años, las obligaciones a pagar por capital e intereses suman u$s 190 mil millones por año).
• Al sumar las dos obligaciones de pago (capital más intereses) en cada año, la situación del país resulta realmente complicada. El total de los servicios de la deuda pública argentina contraída hasta junio de 2019, se apila en el siguiente cronograma: u$s 49.055 millones en 2020; u$s 46.769 millones en 2021, u$s 52.223 millones en 2022, y u$s 41.899 millones en 2023.
• Entre el 31 de diciembre de 2015 y el 30 de junio de 2019, las reservas se expandieron alrededor de 150%, mientras que el monto de deuda en manos de no residentes escaló 210 puntos.
Cuentas fiscales: versos y cambios estructurales
Algunos apuntes extraídos del último informe de coyuntura elaborado por los economistas del Mirador de Actualidad, el Trabajo y la Economía (Mate), permiten poner el foco en algunos aspectos claves de la política económica de la actual administración.
Un punto de interés es el que refiere al superávit fiscal primario, alcanzado en la primera mitad del año, de $ 30 mil millones (0,3% del PBI). Resultado que exhibió el ministro Lacunza como prenda de cumplimiento con el Fondo Monetario Internacional.
Los economistas de Mate recordaron que el superávit está basado en los ingresos extraordinarios de las privatizaciones y porque tomó plata desde el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Ansés.
Es interesante detenerse en este punto porque, por ejemplo, las rentas de la Ansés fueron cuestionadas por la actual administración a la hora de medir el resultado fiscal heredado. De hecho, integraron las restas que utilizó Prat Gay para “inflar” la cifra de déficit en 2015.
En el primer semestre de 2019, se computó la venta de centrales termoeléctricas por $ 40.000 millones de pesos. También $ 20.000 millones por transferencias del FGS al Tesoro nacional. Sin esos aportes, el déficit primario sería de $ 30 mil millones, señalaron desde Mate.
Por otro lado, los investigadores analizaron el cambio estructural del gasto público durante el gobierno de Macri. “El achicamiento de algunas áreas y las nuevas prioridades de gasto se reflejan, finalmente, en los números de la economía estatal”, señalaron. El pago de la deuda externa pasó a ser la prioridad número uno del gobierno de Mauricio Macri.