Esperando el mágico plan
El mix de altos vencimientos de deuda en pesos, los ruidos acerca de una poco amigable reestructuración de la deuda en dólares, y una falta de incentivos a la inversión impulsan la suba del dólar en el mercado doméstico.

Domingo 02 de Febrero de 2020

El mix de altos vencimientos de deuda en pesos, los ruidos acerca de una poco amigable reestructuración de la deuda en dólares, y una falta de incentivos a la inversión impulsan la suba del dólar en el mercado doméstico.

El gobierno ha tomado la decisión de honrar los bonos en pesos, bajar la tasa a niveles negativos contra la inflación y usar al Banco Central como financiador del Tesoro nacional. Las 3 medidas al mismo tiempo no harán más que incrementar la cantidad de dinero en el mercado, y generar un escenario propicio para la suba de precios y consecuentemente un mayor valor para el tipo de cambio.

El gobierno está llevando adelante un exitoso programa de colocación de pesos, con tasas que se ubican por debajo del 40% anual, lo que implicaría que son tasas negativas contra la inflación. Esta absorción de pesos termina siendo neutra, porque se realiza para pagar deuda que está venciendo. Sin embargo, cuando el Banco Central financia al Tesoro nadie retira dichos pesos del mercado.

En octubre del año pasado la base monetaria se ubicaba en torno de $ 1.400.000 millones, y al día 22 de enero subía a $ 1.700.000 millones. Esto implica que en la última parte del gobierno de Mauricio Macri y en el inició de Alberto Fernández la emisión monetaria cumplió un rol central para financiar gastos del Estado.

Esta mayor cantidad de dinero en el mercado, sin la atracción de una tasa positiva contra la inflación, invita a los inversores a comprar dólares ya sea en el mercado formal o informal.

La tasa Badlar para plazo fijo por más de $ 1 millón se ubica en el 33% anual. Esta tasa es despreciada por los inversores, porque no alcanza a la inflación del 40% al 45% esperada por la media de los analistas de mercado para 2020.

El precio de los bonos en pesos se ha visto favorecido por la voluntad del Estado Nacional y el Banco Central de honrar los mismos en la medida que operen los vencimientos.

El precio de los bonos en dólares está afectado por una reestructuración de deuda que podría ser poco amigable.

Las acciones no repuntan en este escenario, el índice Merval está muy influenciado por acciones bancarias y petroleras. Los bancos no van a lograr grandes utilidades con la cantidad de previsiones que tendrán que realizar por créditos otorgados en el pasado próspero, y con un presente adverso.

En el caso de las petroleras, Vaca Muerta sigue de velorio. La mágica ley que atraería inversiones no aparece, y las empresas han dejado de invertir en el sector al ritmo de años atrás.

Habrá una migración de plazos fijos a tasas nominales hacia plazos fijos ajustados por UVA a 90 días con posibilidad de precancelar a los 30, esto podría cambiar la dinámica de todo el mercado financiero: una economía que busca desindexarse, con un sistema financiero que va a la indexación no habilita a corto plazo una inyección de dinero que posibilite una pronta recuperación económica.

Un tema fundamental que pasa por los bancos es la morosidad y los casos emblemáticos de empresas con montaña de deuda impagas crecen a pasos agigantados, lo que terminara impactando sobre la capacidad prestable de las entidades financieras. Esto afectaría notablemente la capacidad crediticia del mercado, demoraría la llegada del crédito a tasas más bajas y consecuentemente alargaría la caída de actividad económica.

En febrero lejos de sacarse dinero del mercado, el Banco Central podría estar inyectando más pesos. El mercado hace sonar la alarma y el dólar bolsa cerró en $ 82,71 con una diferencia del 38% versus el dólar mayorista. A este ritmo una brecha del 50% para fines de febrero no sería insólita.

A mediano plazo, la soja a un precio de u$s 233 a cosecha mayo de 2019 no luce atractivo. Si a esto le sumamos el efecto pobreza que han generado los últimos eventos de impago a productores, la suba de retenciones y la falta de financiamiento, el humor del campo tampoco suma para una reactivación futura.

Para culminar, el mundo no te ayuda con nada, las perspectivas de crecimiento mundial son pobres, Brasil en el mejor escenario crecería el 2% en el año 2020, y el coronavirus es el infaltable cisne negro que todos los años aparece para aguarte las expectativas futuras.

En resumen, la recomendación es: a vivir con lo nuestro, hay poco margen para endeudarse con las tasas actuales, el escenario de estancamiento con inflación sigue vigente, el resguardo de valor pasa por el dólar o por las propiedades, y la esperanza es que aparezca el plan económico mágico que pueda atraer inversiones. Espero que la galera de Martin Guzmán traiga alguna sorpresa.