Cuatro de cada diez santafesinos financian sus gastos con préstamos o tarjetas de crédito

Las familias apelan cada vez más al financiamiento para sostener el consumo corriente. Mientras los salarios pierden poder de compra, crecen el uso de tarjetas, los préstamos personales y las señales de deterioro crediticio para sostener el gasto en los hogares

18:05 hs - Martes 21 de Julio de 2026

Mientras el consumo masivo permanece estancado y el poder adquisitivo continúa deteriorándose, en Santa Fe cada vez más hogares recurren al endeudamiento para afrontar sus gastos cotidianos. Cuatro de cada diez adultos santafesinos tienen préstamos personales o mantienen saldos financiados en sus tarjetas de crédito, reveló el último Monitor de Consumo del Centro de Estudios Demos, titulado "Entre el ajuste de las familias y el crédito, el consumo masivo se ubica en su piso".

En un contexto donde el consumo dejó de caer, pero no reacciona, los préstamos se volvieron cada vez más importantes. “El crédito se consolida como sostén del consumo corriente, con fuerte uso de tarjetas y préstamos personales, pero se observan señales de deterioro en la calidad crediticia”, advierte la economista de Demos Florencia Camusso, que elaboró el informe.

La relación entre las ventas reales y el salario real permite dimensionar esta situación. En abril de 2026, el indicador se ubicó en 72,3%, un nivel inferior a los máximos observados durante 2024, pero todavía elevado en términos históricos. Los ingresos reales cayeron un 3,5% en el sector privado y un 18,3% en el sector público, mientras aumentaban tarifas, alquileres, combustibles y otros gastos esenciales. Esto indica que una parte importante del ingreso formal se continúa destinando a la adquisición de alimentos, bebidas y productos básicos, limitando la capacidad de ampliar otros consumos.

“En este marco, el consumo masivo probablemente continúe operando en niveles bajos, con un elevado peso de los gastos esenciales —alimentos, tarifas y transporte— que siguen absorbiendo una porción significativa del ingreso de los hogares. Esto limita la capacidad de expansión del consumo discrecional y refuerza la estabilidad sin crecimiento observada en los últimos meses”, indica el informe de Demos.

Cómo se financia el consumo

El crédito para consumo se sigue expandiendo como un componente central en el sostenimiento de la demanda interna. En un contexto en el que los ingresos reales de los hogares no logran por sí solos impulsar una recuperación significativa del consumo, el financiamiento permite anticipar decisiones de gasto y sostener niveles de consumo corriente. No obstante, los datos recientes del Banco Central muestran que este proceso se desarrolla en un marco de mayor dependencia del endeudamiento.

La estructura del financiamiento en la provincia de Santa Fe refleja un patrón claramente orientado al consumo de corto plazo, más que a la inversión o a la acumulación de activos de largo plazo. En este sentido, las tarjetas de crédito continúan siendo el principal instrumento de financiamiento, con el 42,9% de la población adulta manteniendo saldos financiados activos. Este valor se ubica por encima del promedio histórico provincial (39,7%), lo que evidencia una mayor utilización del crédito como mecanismo de cobertura de gastos corrientes.

Por su parte, los préstamos personales alcanzan una cobertura del 38,2% de los adultos, lo que implica un incremento significativo respecto del promedio histórico (26,1%). Este comportamiento refuerza la idea de que los hogares recurren a instrumentos de rápida disponibilidad para financiar sus consumos cotidianos, señalan desde Demos.

En contraste, los instrumentos vinculados a la inversión de largo plazo continúan teniendo una participación marginal. Los créditos hipotecarios representan apenas el 0,4% del total de deudores, mientras que los préstamos prendarios alcanzan el 1,3%. En conjunto, estos instrumentos explican menos del 2% del total, frente a la elevada participación de tarjetas y préstamos personales, lo que refuerza el sesgo del sistema hacia el financiamiento del consumo corriente.

En términos de calidad crediticia, los últimos datos del Banco Central (marzo de 2026) muestran un aumento en los niveles de riesgo dentro del segmento de consumo: la proporción de deudores en situación de riesgo se ubicó en 16,4%.

Deterioro del poder adquisitivo de los hogares

El diagnóstico del Centro de Estudios Demos encuentra puntos de coincidencia con un reciente informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), que advierte que el creciente recurso al crédito no responde a una mejora en las expectativas de consumo, sino al deterioro del poder adquisitivo de los hogares.

Según el Ceso, el fuerte ajuste fiscal, la recesión económica y la caída sostenida de los ingresos reales obligan a los sectores medios y bajos a financiar cada vez más gastos vinculados a la canasta básica y a los servicios esenciales. En ese contexto, el endeudamiento dejó de ser una herramienta para adelantar consumos y pasó a convertirse en una estrategia de supervivencia.

Para el Ceso, esta dinámica también limita las posibilidades de recuperación de la actividad económica durante el segundo semestre de 2026. La combinación de salarios deprimidos, dificultades para acceder al crédito y un costo financiero cada vez más elevado impide que el financiamiento al consumo pueda funcionar como motor de la demanda interna.

El informe también alerta sobre un fuerte deterioro de la calidad crediticia. La tasa de morosidad de los préstamos destinados a las familias superó el 12% en mayo de 2026, un nivel que casi quintuplica el 2,5% registrado en octubre de 2024 y que constituye el mayor registro desde la salida de la Convertibilidad.

El fenómeno también impacta sobre las billeteras virtuales y las empresas de finanzas digitales. En ese segmento, los créditos catalogados como irrecuperables alcanzaron el 10,8% del total prestado en marzo de este año, frente al 2,6% observado a comienzos de 2025, lo que evidencia un acelerado deterioro de la capacidad de pago de los usuarios.

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Como consecuencia, alrededor de siete millones de personas quedaron excluidas del circuito formal de crédito al no cumplir con los requisitos de calificación financiera, lo que reduce las posibilidades de refinanciar deudas y aumenta el riesgo de recurrir a mecanismos de financiamiento más costosos.

A este escenario se suma el elevado costo del dinero. El Ceso advierte que una tasa nominal mensual del 5,67% equivale a una tasa real positiva del 3,57% mensual, lo que implica que los intereses representan cerca del 50% del valor de la deuda en un año. En el caso de los proveedores no financieros de crédito, el costo real puede alcanzar el 180% del capital adeudado, profundizando el riesgo de sobreendeudamiento de las familias.