Domingo 23 de Octubre de 2022
En su rostro habitaba el ángel que él negaba de su nombre. La barba delataba y mantenía su rebeldía siempre joven. Su pelo de caudal prolijo era un río sabio de luz. Y sus ojos crisoprasas detenidas en el tiempo, piedras preciosas que se posaban fijo en algún punto de la memoria y volvían al relato que yo escuchaba por quinta o sexta vez, lo cual no me importaba porque aparecían nuevos elementos que enriquecían la imagen que vivía ensimismada en su cadencia.
Así fue como, entre vinos y pastas caseras, yo me encontraba con este hombre que se reía de sí mismo en primer lugar y del mundo luego, sacándole todo tipo de solemnidad a la velada.
Así fue como fui comprendiendo a este niño que amaba el parque Independencia tanto como pintar caballos y palomas, para volver de alguna manera a jugar con ellos. A este poeta que parecía tener dentro suyo más que una vida, un alma llena de oficios que aprendía de manera autodidacta.
Así fue como, entre tantas historias de antologías, pude escuchar la de cuando fue camarógrafo en la película Taras Bulba dirigida por J. Lee Thompson, que se filmó en Salta, y reírme de los chismes que tenían como protagonista ni más ni menos que a Tony Curtis.
Así fue como me hice amiga de este pintor que tenía como diosas a las plantas, algo que traía de su madre y por eso las escribía, las pintaba, las cantaba, las cuidaba.
Todo en él se sentía como predestinado, se llamaba Hugo por el amigo de su padre, Hugo del Carril, y por eso el tango nunca lo abandonó.
En las noches de bohemia era un gato blanco con un garbo pisar, se acercaba impecable y silenciosamente. No necesitaba más que su presencia para brillar. Movía lento sus manos cuando hablaba, y cuando leía, una de ellas empezaba a danzar en el aire como una flor entregada al viento. Luego sin que nadie lo viera, desaparecía Diz(imulando) como solía decir haciendo un juego con su apellido.
No olvidaré que me dio lugar sin prejuicios ni sentencias generacionales, que confió en mí sin conocerme, que aportó a mi crecimiento en lo que fueron mis primeros pasos en la tarea de reunir y difundir a compañeros poetas.
Me lo imagino ahora allá, junto a sus padres, a sus amigos, a sus ídolos, recitando, cantando o narrando, haciendo de sus Historias veras historias con las Palabras a mano. Lo veo a este niño guiñándome un ojo mientras juega de nuevo con sus caballos y palomas.