Entretelones de una negociación que expone que los caprichos no conducen a nada y que en política siempre hay que consensuar
17:45 hs - Viernes 30 de Octubre de 2026
La reciente legalización de las aplicaciones de viajes Uber y DiDi por parte del Concejo tuvo su trasfondo y expuso una interna. Juan Pedro Aleart, el hombre que hizo de la legalización de las apps una bandera, terminó en un juego de idas y vueltas más cercano a un capricho que a los consensos que deben primar en todo diálogo político que busca llegar a un acuerdo.
Lo más gráfico de esto es lo que sucedió en la reunión de la comisión de Gobierno, donde el tema venía discutiéndose desde hace meses. La iniciativa que impulsó el intendente Javkin planteaba a grandes rasgos que quien trabajara como Uber debía tener licencia profesional, fijar una tarifa mínima de referencia igual al precio del boleto de colectivos, no tener antecedentes penales y prohibía el Uber moto, ya que este tipo de rodados no tiene seguro para quien es transportado tras una contratación del viaje.
El bloque de LLA se negó a tratarlo sistemáticamente. La comisión se convirtió en un ámbito donde la legalización de Uber y DiDi se empantanó. Todo cambió el miércoles entrada la tarde, cuando la interna de los libertarios quedó más expuesta que nunca.
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Este bloque tiene cinco integrantes: Aleart, Franco Volpe, Lautaro Enriquez, Anabel Lencina y Samanta Arias. Volpe (preside el bloque), Enriquez y Lencina responden políticamente a Romina Diez, al tiempo que Arias se referencia en el secretario de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad de la provincia, Federico Angelini (hombre de estrecha relación con la senadora Patricia Bullrich).
El vínculo entre Diez y Aleart no parece ser un lecho de rosas desde que la diputada ordenó que el bloque lo conduzca Volpe. En rigor, los resquemores ya venían desde antes, cuando Diez ungió a Agustín Pellegrini como cabeza de lista a diputado nacional.
La dueña de la lapicera
Así las cosas y en el medio de estas internas, fue Diez quien le ordenó a sus concejales que aprobaran el despacho de comisión para que avanzara el proyecto de legalizar Uber que impulsaba Javkin. Eso destrabó la cuestión y se lograron consensos.
En los pasillos del Vasallo se rumorea que esa decisión enfureció a Aleart, quien habria salido del grupo de WhastApp libertario y no firmó el despacho de comisión. Un día después, tampoco habló en el recinto, a pesar de que sus compañeros de bloque lograron que el proyecto de Javkin finalmente se moldeara con exigencias libertarias: los choferes tendrán un año para sacar el carnet profesional y no hay tarifa mínima. Eso sí, Uber moto seguirá siendo ilegal.
Las idas y vueltas en la negociación dejan una enseñanza grabada a fuego: todo animal político debe saber que para lograr victorias son necesarios los consensos. De lo contrario, se cae en el capricho.
