Jueves 31 de Diciembre de 2020
Hablar para sentenciar públicamente utilizando reiteradamente la palabra “muerte” es una retribución psicológica oculta de querer cometer un homicidio. Quien apela a su reiteración como ayuda discursiva, incluyendo demencialmente en su discursos la palabra “Dios”, no depende de una simple muletilla dialéctica sino de una acción totalmente voluntaria, poseyendo dicho sentimiento de aniquilación.
Supone una evidente amenaza social el lamentable caso de la señora Elisa Carrió, quien intenta intimidar, creyéndose distinta, utilizando la palabra “muerte” de forma reiterada. Personaje que, evidenciando sus claras frustraciones vividas, se ha alienado, convirtiéndose en una extraña consigo mismo, demostrando que el mundo se le ha tornado también extraño y hostil, consiguiendo como inevitable consecuencia la angustia o temor al mundo que de ello deviene.
Dice ser religiosa, aunque ignora que la actitud cristiana ante la muerte no es una simple resignación, suponiendo sea esa su oculta intención proselitista, sino un combate interior.
Sería justicia que algún fiscal aplicara aquí un evidente delito tipificado en el código penal como “Delito de odio”. Grave crimen dialéctico que no requiere un dolo específico, siendo suficiente la concurrencia de un dolo básico constatado a partir del contenido de las expresiones vertidas.
Aquí, el dolo punible consiste en la constatación reiterada y voluntaria del acto, revelando no ser una situación incontrolada o una reacción momentánea, incluso emocional, bajo circunstancias que el sujeto no controla, sino un acto consciente de criticable premeditación y peligrosa reacción social digno de ser castigado.
Norberto Ivaldi
DNI 6.077.533