Desde la BCR advirtieron que se esperan lluvias superiores a las habituales, aunque menores a las proyectadas inicialmente
06:05 hs - Viernes 06 de Noviembre de 2026
La alerta por excesos hídricos se modera en la región pampeana. Aunque El Niño atraviesa su etapa de mayor intensidad, la interacción con otros factores climáticos reduce las expectativas de lluvias para noviembre y diciembre respecto de las proyecciones iniciales. El escenario todavía contempla precipitaciones superiores a las habituales, pero con una distribución que podría favorecer los momentos de mayor demanda de agua de los cultivos, advierte el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Las aguas frías del Atlántico, la persistencia de la circulación de aire polar y distintos sistemas de presión condicionan la influencia del fenómeno del Pacífico sobre el centro del país, resaltó Cristian Russo, Jefe de la Guía Estratégica para el Agro.
Hace dos meses, los escenarios para la región central anticipaban lluvias un 30% superiores a las medias en octubre, un 70% en noviembre y un 90% en diciembre. Sin embargo, esas estimaciones surgían de un algoritmo que contemplaba únicamente la influencia de un evento El Niño fuerte a muy fuerte, sin incorporar otros factores regionales y globales. Según explicó el consultor Alfredo Elorriaga, esos condicionantes fueron los que se impusieron durante septiembre y octubre y obligaron a revisar las expectativas.
El balance de octubre resultó, en términos generales, favorable para el agro. Las lluvias abundantes y las temperaturas superiores a las habituales que se esperaban no se concretaron en buena parte de la región central. Esto permitió iniciar la siembra de soja de primera sin los problemas generalizados de encostramiento superficial que pueden aparecer cuando se producen tormentas intensas después de la implantación. Ese fenómeno dificulta la emergencia de las plantas y puede obligar a resembrar.
El trigo también se benefició de las temperaturas bajas y de un ambiente menos húmedo que el previsto. Estas condiciones redujeron el riesgo de una expansión de enfermedades, entre ellas la fusariosis de la espiga, que generaba preocupación desde el inicio de la campaña. De todos modos, el frío también provocó heladas agronómicas cuyos daños todavía se evaluaban en la región central.
La distribución de las precipitaciones mostró diferencias importantes. Santa Fe y Córdoba terminaron octubre con registros inferiores a sus medias históricas, al igual que el norte bonaerense, Chaco y Santiago del Estero. En cambio, las lluvias fueron especialmente importantes en el norte de Corrientes y Misiones, donde la influencia de El Niño se manifestó con mayor claridad.
Elorriaga distinguió, además, entre el impacto meteorológico y el hidrológico del fenómeno. Mientras los acumulados de lluvia de octubre no mostraron un incremento generalizado en el país, el aporte de agua proveniente de Brasil a través de los ríos fue significativo.
Las perspectivas para noviembre
Noviembre comenzó con precipitaciones más extendidas, acumulados elevados en sectores puntuales y episodios de granizo en el oeste de la región central. Para el consultor, este inicio anticipa una mayor actividad de las lluvias, aunque todavía bajo la influencia de los factores que moderaron sus efectos durante los meses anteriores.
Entre esos condicionantes, destacó la persistencia de una circulación de aire frío de origen polar desde la Patagonia, que limitó el ingreso de humedad desde el norte hacia el centro del país. También señaló la anomalía fría del Atlántico, que, según las proyecciones citadas en el informe, se mantendría hasta fin de año.
A esos elementos se sumaron un centro de baja presión del lado chileno, asociado al ingreso de aire muy frío desde la cordillera y con efectos marcados en Neuquén y Mendoza, y un centro de alta presión sobre la Patagonia que, en las últimas semanas, modificó la circulación y favoreció las lluvias en el centro bonaerense.
El análisis remarca que el comportamiento del clima argentino depende de la interacción entre múltiples factores. Por eso, la magnitud del calentamiento del Pacífico, por sí sola, no alcanza para anticipar cuánto lloverá en cada región. Elorriaga explicó que El Niño tiene un componente oceánico y otro atmosférico, y que ambos deben considerarse para evaluar su intensidad y compararlo con episodios anteriores.
Las proyecciones también muestran cambios en la evolución del fenómeno. Según el consultor, la anomalía de temperatura oceánica comenzaría a disminuir en noviembre y se ubicaría alrededor de los 2 grados en diciembre. Aunque se trata de un evento al menos fuerte, los modelos relevados no anticipan, por el momento, una intensidad que se aleje de manera extraordinaria de los antecedentes históricos.
Clave para la producción
Con este panorama, Elorriaga consideró que resulta más adecuado hablar de tendencias que de porcentajes precisos de lluvia. Las precipitaciones estivales suelen ser las más importantes del año y, con un episodio fuerte de El Niño, aumenta la probabilidad de que superen los valores normales. La diferencia es que el debilitamiento previsto podría permitir que los mayores aportes de agua coincidan con etapas clave para la producción.
En particular, el escenario ofrece buenas perspectivas para el maíz temprano en diciembre y para la soja durante la definición de sus rendimientos en febrero. A su vez, si el fenómeno pierde intensidad al ritmo que indican los modelos, su influencia podría reducirse hacia marzo y abril, evitando un aporte adicional de humedad durante la cosecha, como ocurrió en 2016.
La moderación de la alerta, por lo tanto, no implica descartar lluvias abundantes ni problemas puntuales. El cambio central es que los modelos muestran un escenario menos exigente que el previsto inicialmente para la región pampeana, con posibilidades de que el agua llegue cuando los cultivos más la necesitan y una menor influencia de El Niño durante la recolección.
