Vilma Palma, Punto G y Matilda: "Hay que disfrutar el momento porque todo es muy efímero"
Antes de tocar el 21 de noviembre en el Anfiteatro, el Pájaro Gómez, Coki Debernardi y Checho Godoy hablaron de los vínculos en la escena rosarina a través del tiempo más allá de los géneros musicales

Sábado 13 de Noviembre de 2021

La excusa para encontrarse es perfecta: Vilma Palma, Punto G y Matilda van a tocar el próximo 21 de noviembre en el Anfiteatro, y la idea es charlar sobre este show que en principio parece bastante atípico. ¿Qué conexión hay entre estas bandas además de ser locales? Vilma es el grupo rosarino popular por excelencia, el único que tuvo éxito en toda Latinoamérica. Sus hits pueden ser cantados por dos generaciones y todavía son sinónimo de fiesta. Punto G, por otro lado, siempre ha tenido el perfil de banda de culto. Sus canciones oscuras y sus intensos shows en vivo quedaron grabados en los que vivieron en el filo de los últimos años 80 y los primeros 90. Y Matilda es el grupo electropop de este siglo, que logró destacarse en la escena siempre desde el trabajo autogestivo. Sin embargo, aún con perfiles distintos, hay un lazo en el tiempo que une a estos músicos y que va desde los lejanos años 80, cuando Mario “El Pájaro” Gómez era baterista de Identi-Kit, hasta 1994, cuando Juan Manuel “Checho” Godoy, el cantante de Matilda, vio por primera vez en vivo a los Vilma en Punta Brown junto a los Cadillacs.

Los primeros en llegar a la charla convocada por La Capital en un bar del centro son Checho y Coki Debernardi, que en 2017 decidió regresar en vivo con Punto G, mientras sigue a full con los Killer Burritos. Un rato después aparece el Pájaro y saluda a todos con el puño. “¿Y este pibe quién es?”, preguntan en la mesa. El Pájaro tiene 60 años pero parece de 40. No se sabe si es pacto con el diablo o mucha inversión en estética, pero el cantante de Vilma pide un tecito mientras el resto está tomando cerveza. Los intentos por ordenar la conversación son en vano: las preguntas previstas se pierden entre anécdotas, risas y sorpresas.  

—Empecemos por el pasado remoto. ¿Ustedes (a Coki y el Pájaro) se conocen desde los años 80?

Coki: Sí. Yo los conocí a ellos (por Identi-Kit) en un bar que estaba al lado de LT2, cuando la radio estaba por calle Dorrego. En ese bar había una mesa donde siempre se sentaban los Identi-Kit y los Graffiti. Todas las tardes se reunían ahí a hablar al pedo. Yo era más chico y los veía a ellos como que tenían un grupazo, quería ver sus proyectos, cómo hacían para ensayar. Yo era un croto, no tenía nada. Lo de Punto G ya había empezado pero era muy precario. Entonces empecé a trabajar de asistente de Identi-Kit porque me quería meter dentro de ese mundo. De hecho yo lo peinaba al Pájaro.

Pájaro: Es cierto. Yo tenía los pelos parados, parecía una cacatúa. El me maquillaba y me delineaba.

—Esto es una primicia (risas).

Coki: Lo peinaba a lo Duran Duran, a lo Soda. Y sabía hacer muy bien el peinado de Robert Smith, el batido (risas). Lo había aprendido de chico en Cañada. Nos habían pasado el dato de que la grasa de abajo de los autos, del guardabarro, era lo mejor para que el pelo te quedara así. En Cañada no había spray para peinar. Cuando nosotros éramos pendejos, antes de tener la banda, nos sacábamos fotos como si fuéramos músicos profesionales, con todo el look. Eso era muy de los ochentas. Si tenías una identidad ya te sentías parte de un movimiento.

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—Punto G tenía un estilo diferente al del pop rosarino de mediados de los 80. Era más dark, más crudo.

Coki: Cuando ellos se separan dejan un hueco y justo se hace el Pre Chateaux Rock (principios de 1989). Con Punto G ganamos ese concurso, pero nosotros éramos gente que tocaba en cueros, más salvaje. Era algo entre The Clash y el primer U2, y teníamos esos saxos tipo Sumo. Igual nuestro primer disco (“Todo lo que acaba se vuelve insoportable”) también tenía cosas pop, pop en el sentido de popular.

Checho: “Cae lenta” es una canción pop.

Pájaro: ¿Perdón? ¿Me dejan hablar? Porque yo tengo mucha data. Igual voy a mezclar todo, te anticipo.

—Sí, claro...

Pájaro: A Coki lo quiero porque es un flor de pibe, pero además me une con él aquella época que fue maravillosa. No es que yo sea retro, pero el movimiento que había en esa época era increíble. Y cuando yo escuché por primera vez a Punto G me partió la cabeza, era un sonido muy crudo. La bata cruda, el bajo, la voz de él. Todo sonaba de puta madre, muy power. Pero aparte de eso el señor tocó con Vilma Palma. Cuando Jorge (Risso) y Nati (Moscariello) tuvieron a Sofía, que ahora tiene como 24 años, pensamos en Coki para que lo reemplace. Y el señor vino con nosotros de gira... Un tipo un poco complicado pero divino. Recuerdo que se quebró una gamba en Colombia jugando al fútbol, en el primer show de esa gira, y estuvo todo el recital con la bota puesta. Y después una vez se apareció con una túnica (risas y más risas). No, no puedo seguir...

—¿En qué año pasó eso?

Coki: En el 94. Yo ahí conocí un hotel cinco estrellas por primera vez en mi vida y me subí a un avión por primera vez. Fueron tres meses de gira. Tocábamos en estadios de fútbol. Había mil personas en los aeropuertos esperando. Ibas al show escoltado por la policía. Demencial. Recuerdo que en esa época yo cobré una plata de Sadaic por el show de Punto G como teloneros de Sting (en el estadio de Central). Eran dos mil dólares y lo tenía que repartir con el productor de acá, pero no...

Pájaro: Lo cagaste al productor...

Coki: Sí.

Checho: Y no trabajaste más con ese productor (risas).

Coki: No. Pero era mi plata, era “mi puto dinero”, como decía (Jorge) Galfione. Yo vivía en Buenos Aires. Agarré los dos mil dólares, me tomé un taxi a la mañana y le dije al taxista: “Vos te quedás conmigo hasta la tarde”. Me fui a Kenzo y me compré cuatro pantalones de pana, me compré toda la ropa que había querido en mi vida. Me compré una Samsonite alucinante. Me fui a Tower, compré un discman y las mejores ediciones que había en CD. Fui a la Galería del Este y compré las mejores remeras de la Velvet y de Lou Reed. Después me fui al aeropuerto seco, sin un peso, pero con la valija a reventar de ropa nueva para la gira. Cuando volví a mi casa en Buenos Aires, después de la gira, tampoco tenía un peso. La plata que gané en la gira la gasté toda en el mismo tour. Y me separé, me dejaron, obviamente, porque volví sin un mango.

Checho se desarma de la risa. “Sos un hijo de puta”, le dice a Coki. El Pájaro agrega: “Los after después de los shows de Vilma eran cojudos. Yo me cuido mucho ahora, pero los after eran bravos al lado de estos”. Y el líder de Punto G sigue con el relato: “En Guatemala pasaron cosas raras. Yo bajaba en el ascensor del hotel vestido de mina, y justo en el hotel había gente de la ONU. Entonces vienen los guardias y dicen «no, este tipo acá no va», y nos hacen cambiar de hotel a todos. Para colmo, justo antes del show llaman de «Ritmo de la noche» y dicen «tienen que venir a tocar el domingo». Y yo les dije: «Ni en pedo me tomo un avión para hacer playback en Ritmo de la noche». Entonces me quedé en Guatemala, me compré un minigolf y jugué en la habitación toda una semana hasta que me echaron a la mierda”, cuenta entre risas.

“Fue una época hermosa”, acota el Pájaro. “A mí me dio mucha cosa eso de tocar en estadios grandes con mucho quilombo, como si fuese un recital punk”, dice Coki, y ejemplifica: “La primera vez que toqué con Vilma Palma fue en un lugar que era una plaza de Toros enorme, pero enorme en Medellín. Yo salí a tocar con una calza roja, el pelo rojo, todo vestidito, y apenas empezamos nos tiraron con tres tiros. ¡Con tres tiros al escenario! Un desmadre. Yo dije «esto es un delirio» y me pegué la vuelta y me fui. Pero estos se quedaron tocando y a Largo (Pugliani) le pegaron y le rompieron el ojo, una locura”. “Sí, son heavy los colombianos”, asegura el Pájaro. “Recuerdo que después estábamos todos de joda en Cartagena y el Largo a las puteadas, encerrado, con el ojo todo hinchado”.

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Coki giró con Vilma Palma y fue asistente de Identi-Kit. Checho escuchaba a Vilma en Punta Brown.

—A principios de los 90 el éxito de Vilma Palma fue muy resistido por el público rockero, que los miraba de reojo. Sin embargo eso fue cambiando con el paso del tiempo, los hits del grupo persistieron en la memoria y hoy los canta gente de todas las edades y de distintos gustos musicales. ¿Ustedes lo ven así?

Pájaro: Al principio fue bravo. Recuerdo que cuando fuimos a tocar a La Falda nos programaron después de Durazno de Gala. Y la gente nos escupía y nos abucheaba. Nos gritaban “putos”, “malcogidos”, de todo. Era el establishment de ese momento. El público argentino es rockero por excelencia, ya lo dijo el otro día el cantante de AC/DC. El porteño es rocker. Pero para mí eso ya prescribió. Ahora me cago de la risa. Y ahora suena todo junto. Un pibe desde su celular accede a escuchar a L-Gante, No Doubt, Vilma Palma, Punto G, los Redondos o Elton John. Ahora hay mucho acceso a todo, es una época muy distinta a los 90.

Checho: A mí me alegra el reconocimiento que están teniendo ahora los Vilma. Porque en Rosario siempre hubo como una cosa de no reconocer ese éxito que ellos han tenido en toda Latinoamérica. Yo decía: “Loco, acá hay una banda que viaja por toda Latinoamérica, que llena lugares y nadie lo ve”. Cuando yo era pibe iba a recitales que organizaba la Municipalidad y vi 80.000 veces a León Gieco, a Lito Vitale y a la Trova Rosarina. Y está todo bien con ellos. Pero nunca vi a Vilma Palma en un show gratis.

Pájaro: Mirá que tocamos, monstruo. Algunas veces tocamos (risas).

Checho: Sí, pero no era lo habitual. Recuerdo que cuando nosotros empezamos a tocar teníamos un formato medio atípico: dos flacos con una computadora sobre el escenario. Y en el ámbito rockero tampoco estaba bien visto. Nos llevó mucho tiempo, como 15 años, ocupar un lugar en la escena rosarina. Ahora se nos abren todas las puertas para ir a tocar, pero al principio fue padecerlo.

Coki: Me parece que en los últimos años hubo un crecimiento en todas las generaciones que ha permitido, por suerte, destrabar toda esa diferencia entre lo que es rock y lo que no. La música popular no tiene un género determinado. Y además la palabra rock está muy bastardeada como significado de algo que tiene que ver con la autenticidad. A mí me parece un millón de veces más auténtico Erasure que muchas bandas de rock. Erasure contribuyó a la liberación de gente que estaba oprimida, por ejemplo.

Auto Rojo - Vilma Palma e Vampiros (Video Oficial)

—Punto G volvió oficialmente en 2017, ¿tienen una dinámica de trabajo definida o tocan cuando tienen ganas?

Coki: Nosotros somos muy amigos, amigos de verdad. Como dicen en “Cuenta conmigo”: “Los amigos que tuviste cuando eras chico no los volvés a tener nunca más”. No tenemos un programa de hacer algo. Ayer fuimos a ensayar y dimos vuelta todos los temas de nuevo. Estamos felices con eso. A nosotros nos pasaron desgracias, cosas feas (en 2015 murió Tato Fernández, ex saxofonista de la banda a los 47 años), y ahora tenemos la cabeza en reírnos y pasarla bien. Creo que nos divertimos más ensayando que otra cosa, y eso está bueno, porque somos gente grande y ya no necesitamos darle explicaciones a nadie.

Checho: Yo creo que ese modo de trabajar es muy valioso porque la banda es un lugar de felicidad. Porque si no la banda de rock se transforma en algo con lo que tenés que ganar plata, con lo que te tiene que ir bien.

Coki: Exacto. Si encontraste un lugar de felicidad en tu vida, sea cual fuera, disfrutalo, porque no toda la gente tiene un momento de felicidad.

Pájaro: Eso de disfrutar y ser feliz qué difícil que es, pa...

Coki: Hace años que yo empecé a pensar que todo es tan efímero. Tan rápido. Hoy voy a la redacción (del diario La Capital) o a la disquería y ya no está (Mauricio) Maronna para charlar o para cagarnos a puteadas por alguna pelotudez. Voy a Music Shop todos los días y digo “aparecé gordo así te puteo por algo”. No podés creer que la gente desaparece de un día para el otro. Uno ha sufrido pérdidas de músicos muy entrañables... Yo trato de disfrutar esto, este momento, esta charla, y después se verá qué pasa.

Punto G | Baila (1993)

—El nuevo pop que ahora escuchan los adolescentes es el trap, cruzado también con el reggaeton. Es la música masiva y popular de este momento entre los más jóvenes. Y en Rosario tenemos a una exponente muy conocida: Nicki Nicole. ¿Les gustan estos géneros? ¿Les interesan?

Pájaro: Algunas cosas sí y otras no. A Nicki Nicole la vi en el programa de Jimmy Fallon y creo que la piba humilla. Es muy buena, la tiene muy clara. Pero musicalmente no es mi palo, no es lo que yo escucho en mi casa. Y el reggaeton es para cuando estoy con unas copas de champagne demás (risas).

Coki: Nosotros con los Killer Burritos hicimos “Wapo traketero” durante un tiempo. La teníamos en el repertorio. Es un temazo. Lo hacíamos medio orquestal. Igual el trap no es algo que me apasione. Prefiero el hip hop y la música negra. Eso sí me apasiona.

Checho: Lo que está sucediendo con Nicki Nicole está buenísimo. Yo no soy de su generación, entonces no puedo hablar objetivamente, pero hay un par de temas que me gustan mucho, como “Wapo traketero” y “Colocao”. Creo que es una gran cantante, le sale muy natural. Está genial que esas cosas sucedan en tu ciudad, que a alguien le pase eso, porque también genera expectativas en otros chicos. Obviamente que es una fantasía creer que todos lo pueden lograr, los que lo logran son poquísimos. De todas maneras me parece muy positivo que haya Nicki Nicole, que haya Vilma Palma, que haya Fito Páez... Lo que nos gusta de las grandes ciudades es la cultura: la música, el arte, los museos, los teatros, los recitales. Tenemos que entender que eso es lo que le da valor a la ciudad, que lo que le da un extra a Rosario es su cultura.

Matilda - "Musical liberación" (Video oficial)